Uno más Uno / Tierra Firme

Barbas de Hierba

 

BARBAS DE HIERBA

Yo te veo Walt Whitman rezumando
los puños de madera de tu casa cantora
los misales herejes
la encina que robaba los pájaros isleños.
Y otras veces te miro silencioso
¡pulsador eterno de las olas!
Sacudiendo la red con Isaías
cosechando los peces con Homero...

Y te cuento los años escamados
me abro paso dorsal subo del agua
soy como ayer labriego
    vagabundo
    diplomado cerril
    lengua boscosa
    marinero sin mar:
sólo las ondas de tu mirada azul
    tu remo alado.

Walt Whitman voz de proas
timonel de los búfalos
horizonte guardado entre las rocas:
Por tí supe que lo bueno y lo bello
    se cantan a sí mismo
que si uno se absuelve
    vale tanto como la absolución
    de los dioses
que los odios no llegan con los partos
que las almas no doblan las rodillas
que lo cierto no es cierto para siempre.

Por eso es que barba crece lejos
de los puertos cerrados
de las caras vacías
de los vanos burgueses semovientes
que consumen por ley
    sólo consumen
mientras tus hijos cantan
    todas las horas cantan
    todos los gallos cantan
a los poemas que nacen con la hierba.
 


ABANCAY
 

Todos anduvieron de paso
aguantando las penas de la piedra
-por las plantaciones de caña
o por el eco de los bosques derruidos
o por la ruta de los grandes loros-
muchos años antes de quedarse.

Cada uno sufría
con su manera propia de sufrir:
los oficiales por su tropa
los sacerdotes por las haciendas
los kilinchos por los gavilanes
y los hacendados por sus indios
que al fin eran los únicos
que sufrían por ellos mismos
arrastrando su tifus y sus lenguas
en la tierra que deshacía los miedos
    a la voz del yayaiku
y que apagaba los sonidos del zambayllu
-ese trompo con el alma de pájaro-
oyendo a los cantores “no horades
ya la flor, alitas de esmeralda”.

Y las penas se expandían
    como un manto de moscas
    como el traje de los Padrecitos
    como las vendas de cal y canto
que cruzaban el río Pachachaca
¡el gran puente del mundo!
Y todas las voces resonaban
    al cabo de los siglos
como una sola voz apacentada
-desde el morro de las viejas basuras
a la cruz con dientes de los campanarios.

Sólo en el barrio de Huanapata
desfilaban los cantos ahuaynados
y los amos alegres
y los guardias borrachos
mientras las mestizas apurimeñas
-ataviadas al modo de Castilla-
repartían la luz en los tugurios
    agobiados de chicha y de guarapo.

Más de aquella terrosa chicería
una voz creció para quedarse
para ser otra cara con la peste
para ser con su mula otro fantasma.
Y esa voz de Felipa con cien manos
repartiendo la sal entre los indios

ese nombre Felipa con diez tetas

devolviendo su alarde a los fusiles

ese nombre Felipa simplemente

se distancia y regresa tantas veces

que se vuelve un latido de la tierra.

Una canción erguida y necesaria.



AMERICA


A mí no me sirve la espesura de América
cerrada en el dibujo de colores dispersos
para que le cuenten y le pesen
el vuelo pausado de sus montañas
el impulso terrenal de útero
la última gota de sus lluvias
el ocaso de todo lo que guarda
    para verlo morir
-como un triste guanaco
    poblado de cuchillos
o una vasija de alas abiertas al silencio.

No me sirve esa América
de los nombres impuestos
por la ley de la espada
iluminada por la razón del número
indefensa en todas sus fronteras
adormecida en todo su coraje.

Yo tampoco le sirvo.
Para eso están
los depositarios de sus próceres
los titiriteros cibernéticos
los que le tapan el rabo a su pasado
y la sueñan cubierta para siempre.

Yo en cambio prefiero descubrirla
como rosada madre cada día
    -cada rosado día-
y bruñir la leyenda de los Cinco Soles*
y la cara hechizada de su luna sin tiempos.
De pie sobre las piedras
    (los ojos adelante
    la memoria en el viento)
iré descubriendo
por qué razón los sapos son fiesta de culebras
y cuáles son los caminos que llevan a Xibalbá **
al bajo mundo de los que beben en penumbras
la sangre licorosa del degüello.

Y en la cabeza de Hun Huanahpú ***
veré nacer la flor de los granados
la baba vengadora
la flor eterna de la fecundación
    que borra los olvidos.


*Eras en que se divide la vida en la tierra, de acuerdo con algunas memorias aztecas.
**Reino mitológico de antiguos opresores del pueblo quilché (Popul Vuh).
***Mártir que renace en árbol, cuyo descendientes derrotan a los señores de Xibalbá.


EL BURRO DE CESAR

Fue domingo seguro que nublado
en las claras orejas de tu burro
cuatro patas en buscas de un susurro
bajo el sol de París un viernes santo.

Desde el día en que Dios estuvo enfermo
-y tu madre de Chuco no era vieja-
fue llevando de guampa entre las cejas
como añejo dolor su heraldo negro.

Hijo manso del Ande, sin embargo,
supo ver tu figura en el camino:
buscadores de soles clandestinos,
con el pelo de luto y siempre largo.

Llevó sobre sus años para el frío
una alforja de luz y dos de arena,
y otra más alhajada por las penas
que le dabas de noche como abrigo.

El no halló los bozales avenados
ni la curva madera de los besos
pero supo jugarse por tus huesos...
¡Lacia tos de las húmeros peinados!


SAETAS EN EL ZONDA

Al nacer mide callado
el espesor de su cuerda,
mientras amasa con soles
ardientes flechas de arena.

Después desata su carga
-ciego galope de nieblas-
batiendo negros metales
contra la luz de las puertas.

Y aunque se baje del  grito
y  al fin, pausado, se pierda,
ninguno sabe decirnos
lo que ha cifrado su lengua.

Acaso nos de señales
de vinos y enredaderas:
Que nazcan dos llamaradas
por cada flor que se muera.

Igual, parece,  los hombres
corremos sobre las piedras.
Y en la maraña del viento
vamos fijando banderas.


CELEBRACION DE LA GOTA DE AGUA

Esta pequeña gota menor que un pestañeo
que se disipa
- mejor dicho se cae
con un silencio de siglos –
sobre nuestras manos distraídas
esta mínima gota que sostiene las lluvias
y el recuerdo de la inocencia perdida
y los golpes del mar
sobre la llaga muda de las rocas
acaba de fugarse.

Esta gota de agua
como todas las palabras dichas
y aquel hombre lejano
y esta mosca que se pasea
incansable y zumbona
sobre nuestras cabezas
es otra y es la misma
que anduvo sobre las primeras huellas
el primer guijarro florecido
los primeros insectos apareados

pero es tan fugaz
y tan imperturbable
que no aguanta demasiado tiempo
la mirada del sabio
ni el golpe de una brisa
ni otro labio que muerda en agonía
su diamante secreto.

No alcanza a calmar la sed
de una pequeña golondrina
pero es madre de todos los diluvios.

Igual siempre igual
tan querida como desestimable
tan eterna como perecedera
instala entre lo creado su feroz mansedumbre.

Vive y muere a la vez
- sin que decaiga su carrera –
mientas se obstina con su dibujo crónico:
el punto exacto donde nace
cada vida futura
la horadación de todo lo que existe
el ojo aún ciego
de la verdad y de la piedra.


C A N T O R

Habitante de todos los caminos,
memorioso terrón que se levanta:
Cada noche renacen tus heridas,
pero lo mismo cada noche cantas.

En tus manos se tensan los acordes
que preludian las altas madrugadas
y en tu voz de metal se pega el viento
cuando un trago dulzón moja sus alas.

Te persiguen los pájaros del pueblo
bajo el aire de todas tus mudanzas.
Quieren verte de bronce cuando luchas
y de seda y panal cuando te callas.

Guitarreando te meces como un sueño
en la vela mayor de las distancias,
hasta ver en el agua los dolores
y en la tierra de nuevo las hazañas.

Y si juntas tu copla con aquellas
que sostienen las mismas esperanzas,
se deshacen tus dudas esenciales
y te duermes hablando con el alba.

Oh, centauro coplero que atraviesas
lo que vive detrás de tu garganta,
una cuerda melódica dispara
el galope feroz de tu guitarra.

Habitante de todos los caminos
memorioso terrón que se levanta:
Cada noche renacen tus heridas,
pero lo mismo cada noche cantas.


EL BUENO

            “Parece humorismo pero es más amargo,
            es ridículo humano”
                       MACEDONIO FERNANDEZ

Mi amigo era verdaderamente bueno.
Nunca dejó de rendirse
a la fuerza de las circunstancias
ni vendió nada
que no hubiese comprado
ni se quedó con el vuelto
de las cobranzas
ni dispuso castigos sin razones
ni jugó a los dados
ni conservó nada que le sobrase
ni dejó un solo saludo
sin respuesta.

Mi amigo era verdaderamente bueno.
Nunca fue beligerante ni desobediente
ni vociferante ni dependiente
ni puso en duda
la legitimidad de los poderes
ni caminó a la inversa de los desfiles.

No descuidó mi amigo
los edictos ni los impuestos
ni los semáforos ni los decretos.
Por eso al morirse voló al cielo.
Rectamente, mansamente.
Con tanta desaforada alegría
con tanta presteza
con tanta certidumbre
que pasó de largo.


QUIZA NO SEPAS

Quizá no sepas
que los hombres demasiado buenos
al morirse, dejan mucho dolor.

Quizá no sepas
que si hay hombres en círculo
ya no pueden fugarse las palabras.

Quizá no sepas
que si hay plumas en círculo
los pájaros dilatan
el grito de los muertos.

Quizá no sepas
que lo original
-lo absolutamente original-
no existe
pero que el futuro nace
-sin embargo-
de lo que hagamos.

Quizá no sepas
de qué forma preguntan los gendarmes.

Quizá no sepas
que no andamos y andamos los caminos
pero cuesta llegar hacia nosotros.

Quizá no sepas
que la libertad no existe
si no se gana
y que nunca se gana
si se ignoran las cosas necesarias.

Quizá no sepas
que cuando los niños dejan de jugar
por los parques y las veredas
y se esconden en sus casas
    los árboles
    (disimuladamente)
    lloran.

Pero seguro sabes
que lo peor de todo
son aquellas cosas
que no tienen respuestas,
lo que nadie puede conocer:
los modos por ejemplo
de poder mentirse
de hallar
-como al descuido-
corriendo por las calles

la voz de los ausentes...


CRECE UN RAYO DE CIELO SOBRE EL MURO

Crece un rayo de cielo sobre el muro
que circunda mi verbo prisionero.
Crece y tiende su manto justiciero
sobre el pulso de mi amor maduro.

Pero luego se marcha y queda oscuro
ese patio cuadrado donde espero
sus besos abismales y el esmero
con que aleja sus pasos de mi apuro.

Sólo deja en mi piel su pecho duro
y una rosa que juega su cadencia
sobre las culpas de mi tallo impuro.

Lo demás son cenizas y desiertos.
Quemadura del ave de tu ausencia
con los fuego de mis ojos abiertos.


SENOS DE MAZAPAN

Mi mujer también tiene
“cabellera de llamaradas de leño”    (*)
y además tiene manos que besan
     mi acechanza de tigre
tiene dientes de alumbramientos en la noche
tienen ojos que miran
lo que yo tengo capacidad de mirar
    y lo suman al cielo de su propio brillo
tiene cuello de lazo
cintura de música
música de tan-tan
temperatura de almácigo
movimiento de arena
dulzura de buñuelo recién horneado
una tarde fría
(cuando afuera de las casas llueve
y la vejez del mundo se llena de lunares)
tiene senos de mazapán
labios de rocio sedimentado
regocijo de follaje tierno
apetencia de nido
pasos de alicia en el país de las maravillas
y en sus alas y en sus jardines
tiene palpitaciones infinitas
que dilatan sus ganas de seguir teniendo
cada pausa un árbol
cada luna un hijo
cada muerte todo
lo que que puede salvarse
la corola de sus hondas mieles
el enjambre de su amor callado.

(*) verso tomado de “L’Union Livre”, de A. Breton


DIFICULTADES DE VIVIR

Es difícil vivir entre los muertos
aunque sean cadáveres hermosos
saludos apurados
maxilares que abajo de la tierra
sigan dando sus finos movimientos
sus lecciones calladas
sus acordes de fines de batalla.
Siempre queda la flor
- ese tenue destello irreductible -
como un consuelo efímero.

Es más difícil vivir con los ausentes.
Sus voces tienen un sonido extraño
el mismo tono quebradizo
que murmulla la sombra
sobre las formaciones de escarcha.
Pero lo mismo llegan a nosotros
- aunque sea desde tiempos atroces -
con sus dibujos claros
sus para qué‚ de estrellas
la tibia configuración de un sentido.

Es mucho más difícil
vivir con los que hicieron
-  en tanto día sin ángel -
el aciago exterminio.
Pero aún es posible forzar las cerraduras
correr sobre la sangre de las mutilaciones
mirar un dedo gordo
una picana rota
algún pobre verdugo que muera arrepentido.

En cambio lo difícil
que pierde que se abisma
lo difícil eterno
aquello que no pueden los falsos redentores
la maquillada cuerva la baba farisea

es que nazca una patria de soles encallados
que vientres y palabras se rindan al olvido.

Algo bulle sin pausas bajo la cruz del grito.
Y la historia enciende su mirada de piedra.


NATURALEZA VIVA

        (Leyendo cuadros de Francis Bacon)

Desde cierta figura recostada
    (con jeringa
    hipodérmica
    vacía)
me sacuden perfiles azarosos
teoremas en cuclillas
dentaduras de sal
    crucifixiones
espaldas entre-humanas de soledad y espanto.
Y siento la golpiza como una sola y mía

Y de pronto la sangre
deambula tajo a tajo
y aroma los adioses:
le da sus claridades.

Entonces me parece
que riega un grito dulce
    un ambular añejo
    una tierra de cauces derrumbados
y su boca que duele a borbotones
y su brillo que mece las mareas
no se van de los cuadros sin mirarme.


BENDITOS

Bendito aquel hombre
que llevan en cortejo
a dormir con los pinos.
Y benditos
los muertos más antiguos
acunados
por un par de caballos.

Benditos lo que beben
donde no se puede beber
los humillados
los olvidados
los prohibidos
los que hacen el amor
adonde no se puede pisar el césped.


A LA MEMORIA DE GALINA TOLMACHEVA


Yo no pienso que un gatillo negro
    que un disparo seco
    que una bala triste
    ni que el ancho pasado
    con sus nuevas historias
    o el futuro piadoso
    liberando las culpas
desencanten los ejes
    del amor y la gloria.
Pero en cambio no hay dudas
    que Galina hechizada
nos demuestra sonriendo
    que no duerme de espaldas
    y que aplauden los meses
    y que brillan las alas
cuando apura febrero
    y eterniza la danza.

Por eso
    cuando duerman las luces
y se afinen los pianos
y en las plazas los novios
    se regalen sus almas
dos ancianas amantes
se verán enlazando
su aventura de abismos
y pensando ya saben
y diciendo no olviden
    que la muerte madura
puede ser como el arte
    del acero bruñido
que azotando la sangre
    con-un-beso-en-la-mira
al soltar los adioses
haga centro en la vida.


ESOS SERES OSCUROS

    “En verdad, estáis muertos.
    Qué extraña manera de estarse muertos”
                    CESAR VALLEJO

Nunca oyeron el sonido
de sus palabras.
Por eso despedazan
los ecos del silencio.
Nunca tuvieron hambre de saber nada.
Nunca se saciaron con ninguna respuesta.
Nunca fueron la chispa
ni la palpitación
ni la medida de ningún amor
ni el centro de un crepúsculo
ni el paso de un proyecto.

Por eso viven al costado
de todo lo que se compra
de todo lo que reluce
de todo lo que no necesita probarse
y se juntan
se mezclan
se confunden
con los que nunca tuvieron
necesidad de perdonarse nada.


DEPORTISTA DEL ALBA

        “Con su camisa ardiente
        y su mirada de árbol fatigado”
            VICENTE HUIBODRO

Enfrentaba cada año nuevo
con la misma gallarda fortaleza
que cada año pasado.

Su cuerpo en movimiento
era como una cadencia del alma,
curtida de secretos.
Había pulsaciones
en sus muslos de piedra
y sereno equilibrio
en sus furias de toro.

Su pañuelo agitaba
siempre otra esperanza
desde el mástil gris
de las derrotas.

Cada vez que sus manos
comandaban la lucha
ninguno pensaba en los engaños
ni amasaba protestas
como residuo torpe
de un fracaso.

Un día lo hallaron dormido
entre fotos antiguas
y medallas cansadas.

Los propios y rivales
usaron esa vez  el mismo luto
y siguieron jugando
    por su ejemplo.


LAVA INFINITA


¡Qué larga reverencia
las huellas ancestrales!
Con ellas va una chispa
de piedras corroídas
una estela caliente
un soplo en las cenizas que perfuman los años.

Y tanto los que besan la tierra
como quienes se adueñan de sus frutos:
los que tuercen el cuello de todo lo que juzgan
los que dejan sus caricias
    en el ojo de las tempestades
los hijos angulosos de abuelos rectilíneos
la soldadesca armada
los caídos
van trazando la paz entre dos guerras
y una lava infinita dibuja los caminos
se viste como un rayo
    se desviste
se quita se prolonga se roba se castiga
se culpa se perdona
y al fin de parturientos siglos y de asombros
se llena de paños malolientes
se cubre de voces y desmayos
y alumbra una delgada flor
    una semilla
-una verdad efímera
    y pequeña-
con la suma de todos los errores.


AUSENCIAS

             “Atraviesan calles
             que nadie ve sino ellos”
             FERNANDEZ RETAMAR


Alguna vez jugando nos quitamos el miedo
y caminamos juntos sobre los mismos sueños.
Alguna vez de noche nos quedamos sin habla
y descendimos solo sobre un largo silencio.

    (Hoy palpo como enfermo
    las borrajas del vino
    y encuentro solamente
    dos alas y un olvido)

Y así mientras fatigo la luz de las auroras
soltando las amarras de una búsqueda simple
llego al ojo cortante de los pasos perdidos
y me quema la sombra de un hallazgo imposible.

    (El canto y las banderas
    como viento de barro
    sacuden los andares
    de un destino que callo)

En cambio quienes fueron cultivo del delirio
dejando sobre el fango jirones de inocencia
hoy regresan vestidos con su cara de niños
y le miden de un salto la edad a las conciencias.

Y aquellos soñadores, inmensos, que soñaron
un enjambre de abejas repartiendo el rocío,
tiran guiños azules al mirar la esperanza
y después adormecen su calor en el río.

 

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