Reunión con Poe

Contratapa

        Durante varias y siempre imprevisibles noches, dos sencillos vecinos -de aficiones simples y vena sedentaria- solían fugarse, sin embargo, hacia honduras de tierra navegable, perdidas en los planos encantados del mundo, donde el conjuro de ritos e invocaciones fantásticas jugaban a cambiar el orden habitual de las cosas. Escondían caballos en pajares de tinta, que después ellos mismos incendiaban. Descubrían efigies de amor en la soledad de los pantanos. Atizaban estrellas con mapas de ceniza. Molían la piedra de los campanarios anidados para que la memoria se abriese como un polvo de pájaros. Y hasta hablaban ´-es lo que decían- con un viejo famoso, libre ya de máscara y tormento.
   
        En cada amanecer, por supuesto, todos los delirios se apagaban. Apenas si quedó, como recuerdo prescindible, este gris espejismo de papel.
 

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