Juego sin Límites

Poemas de Juego sin Límites

 

LA CREACION

Todas las culturas hicieron su creación.
De tortugas, de sol, de genitales,
en el simple acto de perder la pereza.
Despintaron todo lo pintado,
deshicieron todas las estrellas,
taparon de polvo los abismos,
para decir,
con una sola voz maravillada,
todos los nombres necesarios.
El Agua para espejar
la floración cambiante de las madres.
El Fuego para bruñir
la paternidad de los milagros.
Los Truenos para medir
la intensidad de las furias.
Los Arboles y el Viento para trazar
los pasos de la danza.
Y los hombres con cuerpo de caballo
y las mujeres con cola de pez
y los vendavales de plumas
y los monumentos de granito
y las apariciones fantásticas
para poblar
de un solo soplo
la vaciedad de la tierra.

De esa fiesta venimos.
Se nos ven dos uvas
colgando en las orejas
y en el medio las ganas de quedarnos.

Ayer es una flauta
un juego de timbales
una línea de cuerdas transparentes.
Hoy la fiesta bendice nuestro coro
y su marcha
 como siempre
sigue.

 

 

COPLAS DEL FUEGO

I

Desde la chispa salvaje
pura maraña de pelos
el fuego pintó en su lengua
la vaga luz de los miedos.

Cada puñal desde entonces
cada estocada del fuego
sacude bajo su vaina
dos filas de dientes negros.

Y a contracara del agua
sobre follajes labriegos
anda corriendo la noche
con su tropel de luceros.

II

Al irse lejos del cuento
los ojos que más contaban
el fuego se hizo camino
para quemar las distancias.

Tibio sopor ceniciento
paseó por cada montaña
la recta boca prendida
de los volcanes del alma.

¡ Ah, que dolor de ceniza
tuvo la flor de la llama,
al irse lejos del cuento
los ojos que más contaban ¡

III

De pedernales heridos
cayeron chispas ligeras.
Le hicieron ronda las manos
para que no se perdieran.

Contra las pampas azules
crecen llameantes banderas.
¡ Ya nadie se queda quieto
cuando florece la hoguera ¡

Entre rescoldos de sangre
y anillos de enredadera
un verde tumulto moja
su corazón de madera…


LA MANZANA DE ADAN

Menos mal que el viejo de hartó de los ayunos
    de copiar a los monos
    de holgar entumecido
    debajo de los sueños
porque sino quien sabe
andaríamos de sobra por el mundo
con las manos palmípedas
    las risas inaudibles
    los pasos enjaulados
y nos veríamos de gris todos iguales
caminando lo gris como sonámbulos
sin conocer el brillo la ceguera
los ojos de la flor
los buitres las tormentas
y los ojos que no entienden la luz
los que nunca se abrieron debajo de la niebla.

Por eso fue una suerte adán que te mordisco
desoyera la ley de la obediencia
y se fuera probando los amores.
Que probase con eva si la vida
no era más que los ángeles mancebos.

Y fue una suerte adán que tu mordisco
se durmiera de noche celebrando
la derruida obsecuencia la poesía
y fue una suerte adán tanto preludio
la voluntad por algo
lo que vino
el hombre de cereal
la chispa verde
el efluvio carnal
la tierra púber
y en la cima de todos los hallazgos
el fuego volvedor dando las hurras
su látigo de abejas
coloreando manzanas…


DULCES MORADAS

Buscaron sobre la tierra plana
sus elevaciones y sus profundidades
sus grandes surcos
su perfil asolado
la respiración de todo
lo que creyeron impenetrable.
Buscaron un punto
donde marcar el centro de las cosas
una visión de limpios alfalfares
un arroyo de pétalos
una gota donde poder morirse.
Y pisaron astralmente el barro
las uvas
los mugidos
    y un estupor azul
        de luna en luna.
Endurecieron por fin como la piedra.
Y se horadaron para conocerse.
Se tallaron las manos
    con sus propias manos.
Se vistieron con troncos de madera
con bóvedas de caña
con murales de cuero
con escudos de mimbres
con sombras de totora.
Y mientras nadie se adueñó
de lo bueno y lo fértil,
mientras nadie se guardó los granos
en un solo bolsillo,
las moradas del hombre fueron dulces
    fueron dulces moradas.


PARAÍSO

Aquí está el Paraíso.
En las ecuaciones del pan.
En la trama paciente
del amor y del odio.
En la sabiduría de los pescadores
que intuyen
( lo mismo que Heine )
de que altura nos llama
el más lívido y viejo
    ritual de servidumbre.

Sí costilla de mujer.
Sí pezones erectos.
Sí falsa eternidad.
Sí rebelde paciencia.
Aquí está el Paraíso.
En el jardín
de las coronas grises.
En la flor que espera
todavía escarcha
relámpago
tiniebla
su tiempo de nacer…


PADRE DE LA FERTILIDAD


    No me seducen las ofrendas interesadas, ni ese cariz ornamental que degenera  las sustancias. Por eso no te llamaré para que me distingas, ni te ofrendaré para que me devuelvas, ni haré mis oraciones para ganar un premio después de hora. Yo te cantaré con la voz de mis ángeles, que es la voz de todos mis sentidos. Te cantaré por lo que veo, por lo que escucho, por lo que palpo, por lo que gozo, por lo que sufro, sin olvidar que los cristales vienen de la arena, y que el diamante fue primero carbón y que el vino fue primero lágrimas. Y cuando eso ya no sea posible, cuando me doble, por fin, hacia la tierra, mi última palabra será tuya, Padre de la Fertilidad.

    Habré cumplido, entonces, el insondable viaje de los ríos, que fluyen sin ninguna pausa, eludiendo las piedras, jugando con el barro, ganando las orillas, bebiendo con los pescadores que se llevan los peces necesarios, enamorándome de quienes se enamoran, procurando el riego y la preñez del riego, y aceptando lo que tu dispongas, Padre de la Fertilidad. Aceptando, en el último abrazo, la salobridad del mar.


FUNERAL DE LOS CAZADORES


Aquellos salvajes
que cazaban hígados para comer
o cuernos amarillos para vestirse,
aquellos indios pintarrajeados
que no abandonaban ni una sola pieza,
que decían PERDON por sus abusos
al Abuelo de los Grandes Simios,
a la Reina de los Puma Sagrados,
al Guardián Perpetuo de los Bosques,
aquellos salvajes infantiles
han sido cazados.

Ellos
que inventaron el arpón y la flecha
los nudos de las trampas
los ritos infalibles
ellos
que descubrieron todos los atajos
    y llegaron al solo por el más corto
ahora fuman el vaho
de los nimbos cercados
y sepultan sus huesos milenarios
- sus huesos como lava sonámbula –
en la quietud de las reservaciones.

Ahora que los cazadores
han sido cazados,
ya no hay más cacerías
    ni ceremonias lúdicas
    ni ruegos naturales
    ni misas ecológicas.
Ya no hay más cacerías,
    sólo hay humo.
Sólo hay humo en el humo.


TOTEM DE VERDES MASCARAS

A medianoche,
cuando la brisa desaroma tu copa
y algún astro difuso
la llena de reflejos,
emerges como un tótem,
como un solemne tótem cavernario
- de esos que le quitaban a las tribus
la picazón de los fantasmas.

Más tarde,
cuando los días cambian su plumaje
vuelves a ser la savia conocida,
la yema incandescente,
el saludo de las verdes máscaras
el vigía de rondas estelares
que vuelve hacia el futuro
sus huesos carpinteros.

Acaso hayas nacido de pájaros lejanos
para llenar de nidos los cráteres del alba.
Acaso tu semilla sea la misma semilla
    que anunció dulcemente
    su aletazo de flores
    su vertical de espera
    su perfume de siglos
    su lujuria de vientos
    su promesa de otoños
    su regocijo inmóvil.

Tótem de verdes máscaras:
tal vez hayas bajado de lunas laboriosas
para esconder
    - lozanamente -
en lo más húmedo de la noche
la humanidad de las raíces.
O quizá para vernos
    - en una tarde cigarras –
    bendiciendo la sombra.


LA HUELLA DE LOS LOBOS


La magia cayó sobre la tierra
con los hombres que bajaban del árbol.
Bajó para entender la nueva geometría
    que sembraba manos en el cielo
la nueva textura de la hierba
    que ahora se movía bajo las patas
la nueva sonoridad de los trinos
    que ahora sonaban a lo lejos
    simplemente como un eco del alba.

Y nacieron los viejos con oficio de viejos
nacieron para narrarlo todo
para hacer los conjuros
    que ahuyentasen las plagas
para decir los gritos más rápidos que el viento
para poner mejillas como escudos
    en el paso violento de los monstruos
para cegar el ojo de los rayos
    con el duelo de las flechas perdidas
para ver en la luna la huella de los lobos.

Aquellos brujos emplumados
que inventaron la forma de los dioses
y supieron la historia desde el cero,
la historia sin historia,
la historia más allá de la muerte,
aquellos actores de la sobrevivencia
que oficiaron los ritos esenciales
    y pintaron la caza
    y bailaron la pesca
    y llenaron de canto los fangales
aún llevan en sus plumas
- minúsculas banderas
de una tropa de siglos -
la llama que no cesa
    los hechizos del arte.


OTRAS MUSAS


La memoria de la especie germina
como un ombligo milenario
sobre el rumbo de las estaciones
y sobrevive a todos los naufragios.

Lo demás vive y muere
con la estatura de las conductas
y el tono grave de los alumbramientos.
Ante tanta grandeza
los verbos ya no abrevan
las penas solitarias
ni ofician la liturgia
de las musas pintadas.

La razón de la lengua
son las voces exactas.
Las que susurran
    en medio de los páramos
las que se abisman
    cuando ya no pueden
    expresar la belleza
las que se agolpan
    cuando el honor rechaza
    la doblez de los cómplices.

Todo bulle en la faz de la memoria.
Todo puede buscarse.
Con la firmeza de los luchadores
( y una voz midiendo su distancia)
o el rigor exacto de la ciencia
(y otra voz soltando sus orgullos)
pero siempre después de quienes saben
que la mayor hazaña es la que asoma
    y quizá
    la victoria más grande
la que falta.


HIJO DE BACO   

        "Levanto el vaso e invito a la luna"
                                                 (LI PO)

He llegado al umbral de los milagros
y he seguido naciendo.
Me aguardaba la noche milenaria
con su vino sediento.

Me vistieron sus tibias nervaduras
su beso inagotable.
Y en la cuerda de amores y agonías
siempre supe cantarle.

De todo he sido en sus huellas.
De todo piel y testigo.
Quienes sirven la luz de las promesas
se beben los olvidos.

Puedo decir que vuelo entre las llamas
puedo decir que sigo.
Viendo la sombra de la gente buena
goteando en el camino.

Me duele a veces la fuga de las copas
me duele la ironía.
Cuando la voz de los encantamientos
se apaga con el día.

Jornaleros del cielo y de la tierra
jornaleros amigos.
­ No perdamos el jugo de los sueños !
­ Custodiemos el vino !


CANTO DE SIRENAS

Como Circe, te aviso, viajero
inacabado, que hay costas turbulentas,
vendavales de piedra, atajos engañosos
al doblar las esquinas. Y hay islas
insondables, efímeras,
rocosas, en la línea de fuego
que recorren los ojos. Son islas
habitadas por sirenas insomnes.
Son cantos poderosos
que te halagan cuando no lo mereces
que te acusan cuando no eres culpable
que te absuelven cuando ya te has muerto
de tanto ver la sed
de tanto mar helado.

Es la misma odisea.
Hoy sumergen tus alas puro polvo
pura niebla de huesos escondidos
hoy te pasan la lengua, la noticia de nada,
los ejemplos heroicos que no duran un día,
hoy te cierran el mundo, te prestan los minutos,
te regalan el cielo, te bendicen con faros desteñidos,
te bendicen desde la cola de la eternidad,
pero les duele cuando te ven partir,
se quedan asombrados cuando te ven partir,
cuando llenas de cera tus oídos,
cuando pasas ardiendo con tu voz de espuma
cuando te atas, invicto y desmañado,
al mástil de tu canto.

Tal vez una sirena se vuelva arrepentida,
tal vez alguna guarde los ecos del pasado
y repita despacio, después de tanto frío,
no tardes, viejo Ulises,
tu nave ha florecido.


MOLINOS DE VIENTO

Lo llamaron de mozo los caminos
a librarse de diablos y cerrojos
y así anduvo quijote sin enojos
con su lanza debajo de los trinos.

También puso sus aires peregrinos
en el guante que alzabas sus arrojos
separando la ley de los antojos
y del cuero la borra de los vinos.

De tanto batallar los imposibles
se le fueron metiendo por los ojos:
Ahora corre distancias invisibles
se remonta fugaz sobre los pinos
y nos dice ( parando sus despojos )
cuánta gloria le dieron los molinos.


CAFÉ CON BAUDELAIRE


Tan claro que lo viste por tu espejo
de mares oh albatros de París dandy perdido:
Las maravillas bailan con nosotros
y nos lavan la caras nos despeinan
con su viento de manos desatadas.
Y de a poco lo simple nos hechiza la vida
el arco de los sueños
la espera tumultuosa
el cordaje tensado del amor y del odio.
Todo aquello que vieron tus ojos doloridos:
La simpleza del que no dice nada
del que mueve como vos el mundo
del que prueba los fragores del hierro
    por un hijo de estambres sublevados
del que deja todos los poderes
    y todas las riquezas
por un capricho de su corazón.
Lo que hollaron tus pasos hemipléjicos
bajo el cieno y la doblez del opio.
¿Sería lo mismo si anduvieras conmigo
si vistieras tus poemas bajo el rayo
su mirases la luna pisoteada
si tanto ruido te moliera los huesos?
¿Qué verías ahora con tus ojos de loco?
¿Qué tiramos al barro los amores?
¿Qué los hombres ya no sueñan la vida?
¿Qué la imaginación es apenas
    un hábito musgoso
    que vaga sin concierto
como una blanda tira de papel
    sobre un naufragio
    sobre un mar de satélites dormidos?
Sin embargo no sería distinto
que en los cafetines de París,
sólo tendrías que avivar los ojos…
Ahora que cada mito somos nosotros mismos.
Ahora que todos andamos como aquiles
con una flecha en los talones
y que los truenos de júpiter
no intimidan a nadie
y que a edipo lo puso el viejo freud
en cada plato aguado de lentejas
que los ladrones de todo lo que hacemos
no necesitan esconderse
y que cada mujer es un poco diana cazadora
y reina madre de los niños
    y de los parrales
ahora que todo eso
y que los olimpos y los cielos
    y la bucolia antigua
son las calles de la gran ciudad
donde todo sucede como si no hubiese nadie
donde sólo miramos a quienes se tiran
    desde las ventanas
y la magia y el fuego se han guardado
    en un freezer
todavía sucede viejo dandy
que las crónicas de policía
y los trenes que pasan cargados de bostezos
y esa buena vecina que alborota la feria
son la clave del juego
el corazón de todos los secretos.


CEPAS DE ORFEO

Los poemas no tienen propietarios.
Igual que la vida o los relámpagos
o el agua desnuda de las lluvias
que elige
graciosa
su momento
y se presenta y huye cuando quiere.

Nadie los hace.
Se encuentran en la historia:
Hay que barrer el polvo cuando pasan
descubrir su origen de lunas
    y de injertos
y jugar a la suerte su destino.

En todo lo que late se refugian
en todo lo que vuela se alucinan…
Así van trasegando
los espermas tenaces
los bramidos en celo
la manera zumbante
de libar los misterios.

Hay que mecer tan sólo las palabras
hay que dejar que lluevan los orujos
y perseguir después algún contagio
alguna seña humana que desate
el camino raudal de los toneles
y otras veces
la liturgia –penosa- del derrame.

Hay que buscar nomás entre los niños
que les toman el pulso a sus muñecos
en la comunión del hombre con las bestias
en el último viaje de los condenados
en el candor nocturno de las madres
o en la voz ilustre de quien dijo
“no soy un hombre soy una batalla”
y cambió por hojas traslúcidas de hierba
los amplios matorrales de su barba.


ENGAÑOSAS PARCAS

Sería verdad la muerte
si las horas
que se van de la tarde no colgasen
como una hilacha virgen bajo el cielo.

Sería verdad la muerte
si los hombres
sobre la tierra seca no mirasen
una danza de flores escondidas
si el sudor no fuese incorruptible
si las uñas no hiriesen las espaldas
si el saludo voraz de los galopes
    no quebrara los altos pastizales.

Sería verdad la muerte
si las manos
no agitaran millones de falanges
si no hubiesen quemado tantos pelos
    en la playa boreal de las vaginas
si no ardieran sus naves memoriosas
    en la cita costera de los partos.

Sería verdad la muerte
si los poemas
no guardasen las blancas heredades
si no fueran alondras esos ojos
    que derraman su luz bajo las faldas
si las furias del mar no se durmieran
    entre redes esdrújulas y mansas.

Sería verdad la muerte
si los niños
no anduviesen de cola por el barro
si no hubiesen bajado los corderos
    su berrear de los turbios sacrificios
si la sangre de todos los ausentes
    no trazara sus vueltas como el agua.

Sería verdad acaso
si mañana
no brotase la hierba de los huesos
si debajo de tantos horizontes
    no siguieran corriendo las palabras.


EL LOBIZON

Un viernes macilento
va gestando de nuevo
su opaca luna llena.
Lo salvaje del monte
se da cita en mi sangre.
Hoy seré siete veces
el varón condenado.
Con el credo un hocico
me saldrá de los labios
y una dura pezuña
vagará con mi sombra.
Será pues el apuro
de herir los pastizales
de hurgar entre basuras
de comer algún hombre
que no esté bautizado…

Pero esta vez la luna
será de llamaradas
- o la vez que se caiga
o la vez que me anime -.
Entonces una trenza
me andará por la frente
y una mano donosa
me dará su latido.

Mi voz a medianoche
tendrá los dulces tonos
que le dejen la aire
sus arrullos de mimbre
y mis ojos despiertos
serán un haz de nubes
para cegar las horas
que del amor no viven.

De cedros y laureles
será el fuego del monte.
De ley la cacería.
Yo iré buscando el alba
mi niña irá conmigo.
La noche será eterna
yo seguiré lo mismo.
Hasta que al fin me libren
sus labios encendidos.


LAS PUERTAS DEL INFIERNO


He visto piedras vivas
sobre piedras muertas
sobre piedras grises, marrones, amarillas…
y al revés y de nuevo
sin mirar las he visto:
Avalanchas larvadas
dispuestas a caer
como un crespón de sombras
sobre los pastos adormecidos
mientras los hombres vamos
    -libres de todo estrépito –
pegados a la tierra
gimiendo de costado
medio té con limón medio lagartos.

Sólo vemos la luz cuando se corta.
Y cada tanto un grito
dos alas
un susurro
y ese polvo que gasta los caminos
ese viaje de absurdos y silencios.

Lo mismo se anda.
Hay cierta candidez que prevalece
sobre las furias y cierta brisa
que nos abre el cielo
y cierta ley de amar que sobrevive.
Y el pobre más pobre más callado
que espera su derrumbe
    como una piedra quieta
y la mujer estéril
    que espera su milagro
y el brazo recogido
    que mide las distancias
y el mendigo sediento
    en horas tormentosas
y la noche robada sus tinieblas
    su trago de basura
    sus perros incansables.
Lo demás se nos pierde.
Ese triste suicida
    que ha rendido sus naves
ese viejo tan lejos
    de sus últimos sueños
ese lecho cegado de agonías
son el tiempo que bate
- minúsculo y cumplido –
las puertas avernales
el tiempo que no guarda
si una sola esperanza.


SUPERMAN

   Hay hombres para temer: Son los que se paran encima de los versos y se limpian la mugre de sus botas y después se comen las mayúsculas y las minúsculas y atesoran los verbos bajo llave de modo que uno se queda sin escribir y otros se quedan sin leer y otros sin abrir la puerta y todos mirando por el ojo de la cerradura mirando desde lejos:
desde esa distancia que no deja ver ni un punto ni una coma de todas las luces escondidas.

   Hay hombres para admirar: Son los que hacen lo que nosotros no podemos: los que gastan por nuestra cuenta los que detienen a los aviones y saludan vestidos desvestidos de mujer linda con los pechos volando por las tapas de las revistas diciendo sin pudores de que modo nos quieren.

   Hay hombres para conquistar: Son los que tienen el poder de conocernos como nuestros padres de sentarse donde se deshuesan nuestros pensamientos los que tienen noticias de primera mano sobre el ojo de las cerraduras los que pueden mirar hacia el costado cuando amamos a la mujer del prójimo cada noche que sudamos el hábito.

   Hay hombres que miran como Superman detrás de las paredes que han dejado la cola en las estrellas que incendian palomitas que funden los micrófonos que orinan en público que se tumban o vuelan o se hacen invisibles cuando llegan las moscas cuando una sola mosca les arruga la cara.

   Y estamos los otros que al andar caminamos que al comer mordemos que al beber tragamos que nos vemos cuando no hay nadie que nos sumamos de dos en dos de tres en tres que hacemos sombra y coro y llenamos los micros y los campos y las plazas cuando todos los super-hombres duermen y aunque estemos no sé como de paso aunque estemos como no estando.


LOS DIENTES DEL PERRO


Aquellos dientes.
Los que huyeron del cieno
para decir no miren,   
arcángeles curiosos,
el azote de moscas que deja la agonía
ni los mudos crespones
de carne tumefacta,
sin ver al mismo tiempo
su espuma resinosa
su progenie de cálices bermejos.

Aquellos dientes,
puras gotas de lumbre.

Seguro que brillaban
como nervios capaces
de engrillar las estepas.

Lo mismo que una pluma
sobre los hacedores de tinieblas
que un rostro de niño
sobre una procesión de máscaras
que una campanilla de liquen
sobre vendavales de pólvora
que un pañuelo blanco
sobre los estertores del olvido
que una pobre verdad
sobre la carga de los noticieros.

Igual que un palabra
una sola palabra que salvase el amor
de las búsquedas muertas
de la destrucción de todos los poemas.


ALFILES Y CABALLOS


He visto sitios desolados
reverdecer bajo la lluvia.
Y he visto casas chatas
casas de barro chatas y silenciosas
redimidas por un pared de madreselvas
o a veces por un simple
camino de malvones.
He visto caras sucias
ajadas
perdularias
embellecidas por una sonrisa.

He visto salir de los muebles vacíos
las últimas astillas
los últimos pesos escondidos
para el fuego pobre de los carnavales.

He visto las hembras que le ganan al tiempo
su pedazo de luna
las que se pierden en la farsa
de los grandes salones
las que dejan caer
como una soga de horca
sus nalgas aburridas.

Y he mirado las niñas musculosas
los hombres con aritos
la soledad de los sabios
el miedo de los opulentos
la fragilidad de los dictadores
la caricia melosa de los mates amargos.

He visto muchas veces más de lo que puede decirse.
Envejecí dos veces de tanto ver
las cosas que ya estaban tan vistas.
Y siempre igual: pirámides aludes escarmientos
alfiles y caballos y por debajo nada
de todo lo que sobra
en los ojos traslúcidos de una rata entrampada
de un ladrón de gallinas que sacude sus pulgas.

Y vi que los hallazgos
son apenas la punta
de las cosas buscadas,
la eternidad posible
de un dios perecedero,
la sangre que gotea
cada mano
en los días.


CALIBAN


Adentro de las casas está el vino servido.
Y allí podemos esconder la mugre
apagar los televisores
leer a Cortázar
subir por las orejas
y escuchar a Piazzolla con brillo estereofónico.
Pero no podemos quedarnos a morir.
Afuera está el mundo
con su forma de sur y meridiano
con su mar espumoso
su tropa de sonidos
su diluvio genético.
Están los campos bondadosos
los abismos vacíos
los yelmos relucientes
los aprestos de pólvora salada.

Así que abriendo se ven las otras casas
los ojos marrones que le faltan al verde
las horas que bendicen el pan
y nuestros propios ojos
y nuestras propias manos
construyendo sin pausas
    los haces de la vida.

Así que lejos de cada soledad
están haciendo sapos
las sendas pantanosas
y donde paran de correr las calles
donde las luces son apenas
    las que bajan del cielo
se ven como al descuido
    las víctimas trenzadas
los hijos de Calibán
la llaga de todas las acusaciones
los que en un tiempo fueron
    los dueños de sí mismos
los que nunca probaron carne humana
    hasta las horas de comer la suya
los que no saben que Juan Ruíz
    es el Arcipreste de Hita ni tampoco saben ni les importa
    donde rezan las las almas
pero que como Julio
no le dicen ánfora etrusca
a quien luzca nomás como culona.
Los que fueron parte de la naturaleza
hasta que la misma naturaleza resultó la barbarie.

Las calles mientras tanto
    siguen llenas de símbolos


TANTALO EN CASA

Para saber lo que es el agua
hay que soltar el ancla en los desiertos
y barrenar la voz
y hundir el cuerpo
- túrgido y dolido -
en un lecho de napas extenuadas.

Para saber lo que es el agua
hay que sentir los pasos amarillos
de tanto pisar la hierba seca.
Hay que ser un manto de patas fugitivas
un belfo de caballo
un sobresalto oscuro
una paciencia
y amanecer de pie
entre relámpagos oblícuos
entre generaciones de cántaros sin boca
como si nunca se hubiera conocido el dolor
como si todas las fatalidades
fuesen dulce caricia de los dioses.

Para saber que no es insípida
hay que ahogarse en mares de silencio
hay que dormirse sucio
hay que dejar la piel en las prisiones
sobre un tajo de sangre coagulada
hay que llevar los barrios sumergidos
como un beso de polvo en la garganta
hay que beber de un trago solitario
la desolada lengua de la siesta.

Sólo entonces fecundará  destinos.
Y vendrán, de nuevo, las mujeres,
a pisar descalzas cada surco mojado.
 

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