Entrevistas y presentaciones

Federico Jeanmaire: Los Caminos del Quijote

LOS CAMINOS DEL QUIJOTE

Estamos en un año marcado por la influencia del volcán Cervantes.  Se 
están sucediendo homenajes de todo tipo, y han surgido infinidad de
revisiones críticas con eje en los 400 años del Quijote. También ocurre algo que nos involucra, un sostenido interés mediático por conocer o indagar sobre los más diversos aspectos y personajes su obra, que ahora nos condujo a buscar esta charla con Federico Jeanmaire. Vamos a hablar, entonces, dentro del clima de circunstancias externas. Nos parece, de todos modos, que eso no es malo. Primero porque el tema tiene validez propia, pero además porque ello se liga con una orientación estética que ya estaba en nosotros desde hace mucho tiempo, y que por eso nos permite hablar de esta suerte de moda o de renacimiento, desde un lugar legítimo. La perspectiva, si se quiere, de los viejos amores. Vamos a dejar, pues, para otra charla, al Jeanmaire novelista, al notable inventor de ficciones (o de aquellas que no lo son tanto, como sería el caso de su "Montevideo") y en cambio trataremos de que se sitúe en un ámbito absolutamente real y cercano, es decir, en tierras de Castilla a comienzos del siglo XVII...


-¿Cómo fue que llegaste hasta allí, partiendo de una realidad
absolutamente distinta? ¿Cuáles fueron los hallazgos más valiosos de los estudios que hiciste en Madrid? 

 

-Lo primero es lo primero y, en este caso, primero llegué al Quijote y
un poco después a Cervantes y a la Castilla de comienzos del siglo XVII.
Pude leer el Quijote, completo, por primera vez después de varios intentos frustrados a los 22 o 23 años, en Madrid. Eran los años de la dictadura. El libro cambió para siempre mi forma de leer -y creo que también de escribir-, era aquella extraordinaria edición argentina de Cortázar y Lerner que había publicado Eudeba en el 69. Más tarde empecé a leer biografías de Cervantes. Y casi de inmediato me di cuenta de que esa vida era una novela; de que Cervantes había sido un antihéroe, un típico protagonista de las novelas del siglo XX. Y entonces decidí meterme en su vida. Pero no a través de lo que habían escrito de él, sino a partir de conocer, desde las fuentes, lo que había sido su mundo. Así me adentré en la estética del Siglo de Oro, pero también en su ciencia, sus costumbres, sus censos, sus epidemias, y todo lo que encontraba de primera mano, sin la mediación de ningún erudito. Mi intento fue un intento de entender el espíritu de la época. Estuve casi cinco años en esa tarea, acá en la Argentina, y cuando volví a Madrid, a fines de la década del 80, lo más maravilloso que encontré fueron los manuscritos de aquellos enormes escritores, su esfuerzo, la belleza de la producción de aquellos textos.

-Tu novela "Miguel", es un trabajo erudito, brillante, que nos pinta un Cervantes íntimo, mundano, perseguido por los infortunios, distante por completo de cualquier horizonte feliz. ¿Le caben agregados a ese relato, tan minucioso, tan conmovedor sobre su vida? ¿Crees por ejemplo que él al menos llegó a tener conciencia de lo que estaba haciendo, de que estaba creando, en realidad, la novela moderna?

 

-Sí, seguramente caben agregados a ese relato como a cualquier otro
relato. Aunque, con respecto a la conciencia de lo que tenía entre manos, creo que hay matices. A mí me da la impresión, como lo digo en "Una lectura del Quijote", que Cervantes trabajaba más a partir de sus disgustos estéticos que de sus gustos. En ese sentido, y a pesar de ser un escritor de segundo orden al momento de publicar el Quijote, me parece que era absolutamente consciente de que el libro estaba ampliando, estéticamente, el horizonte de todo lo conocido hasta ese momento, pero, al mismo tiempo, no creo que haya tenido nunca en claro la exacta magnitud de lo que estaba llevando a cabo.

-Te oímos decir y se entiende que no hay una primera y una segunda
parte de "El Quijote" sino que se trata realmente de dos libros, separados por más de diez años. Ambos, también has dicho,  son novelas "de lecturas". ¿Qué has querido decir, exactamente, con esto?

 

-Tanto el primero como el segundo Quijote son libros escritos a partir
de la lectura y que se la pasan escribiendo lecturas. El primero se
escribe en contra de la lectura de libros de caballería y colecciona, a través de la voz de sus personajes, la infinidad de matices que existían en esas lecturas. El segundo es todavía más osado: los personajes son, incluso, lectores del primer Quijote. Y este hecho, el hecho de ser libros que hablen de otros libros o del mismo libro que se está  más necesitar casi tres siglos para que los escritores se vuelvan a animar a hacer lo que hizo Cervantes a principios del siglo XVII.

- ¿Quijote es un héroe o un loco?
 

- El Quijote es un loco. Un personaje de novela que enloquece al dar vuelta la primer página del libro y vuelve a la cordura unos renglones antes del final.

-Pero en todo caso, su locura es solamente literaria. El hombre que queda luego de que cerramos el libro es cuerdo y es leal. Tiene un derrotero claro, una conducta noble, se sustenta en valores de ecuanimidad, de heroicidad. Es alguien que en todo momento actúa por sí mismo, confiado en sus propias fuerzas y no en la ayuda de divinidades o de los engaños o del azar...
 

- Por donde lo mires el Quijote es una obra colosal. Y lo es no sólo porque inaugura la escritura moderna, en donde los personajes comen, duermen, hacen sus necesidades, sino porque, además, exige un lector moderno. Un lector activo, que aporte significación al texto. El Quijote es un libro que recién termina en la lectura de cada uno de nosotros, que no está terminado desde su propia escritura. Y entonces es lícito que cada uno de nosotros le encuentre el sentido que le quiera encontrar. Lo que se me ocurre que no es tan lícito es tratar de otorgarle un sentido unívoco. Me parece que la literatura, y las sociedades que la generan, vienen de demasiados años de "hipersignificar" el arte y que, quizás, ya va siendo hora de volver al placer de leer y al trabajo íntimo con el sentido de las cosas que rodean el mundo de la lectura. Volver a un lector más esforzado, más completo, más libre, aunque los grandes significadores del pasado hayan pensado que el camino era exactamente el inverso.

- Un lector simplemente receptivo, a quien se le diera un producto cerrado, inmutable.. Pero aún así se han dado infinidad de lecturas... El romanticismo introdujo una libertad muy grande para interpretar a Cervantes...
 

- Sí, pero también vinieron los excesos. Para Vargas Llosa el liberalismo de Adam Smith tiene antecedentes en el Quijote. Y para Saramago el Quijote es otro, es casi el Che Guevara..

- Todo se resolvería dejando que el lector leyese. Es muy difícil, por
otra parte, que con esta obra haya lectores pasivos. A mí  se me ocurre por ejemplo que existen por lo menos dos Quijotes. Uno el idealista, que se imagina cubierto de gloria pero no por la gloria "en sí", sino por haberla ganado impartiendo justicia, liberando presos, protegiendo indefensos o guardando la honra de doncellas virtuosas, siempre con los argumentos de la honra, del valor. El Quijote alienado si se quiere, pero vivo, audaz, batallador... Y hay otro hidalgo, un hidalgo encogido, que ha "entrado en razón" y en ella muere, es decir muere en la estrechez de la cordura y la lógica.

 

- El único que pervive es el Quijote, el loco. El otro es un tal Alonso Quijano, alguien incapaz de merecer la escritura de una novela. Y me Quedo más, todavía, con la escritura de Cervantes y con su libertad infinita a la hora de sentarse a escribir.

- Sin pensar en un hombre o en un lugar, sino en el hecho artístico, o si prefieres, pensando en "las lecturas" sobre el siglo XXI, con sus búsquedas y sus obsesiones. ¿Por dónde pasa en nuestros días el espíritu de la novela de Cervantes?

- El Quijote es un juego, un enorme juego literario. Y no me parece
nada mal jugar. La literatura es, quizá, el único lenguaje esforzado que le queda al hombre del siglo XXI. No sólo por la complejidad de su significación, sino,
incluso, por la labor que supone abrir un libro, apartarse de la
facilidad de las pantallas, encerrarse en uno mismo y adentrarse en un mundo que está construido solamente de palabras, sin imágenes simpáticas. En ese sentido, estoy convencido de que el hombre del siglo XXI, ese hombre atravesado por la información, que conoce de lo que lo rodea mucho más que cualquiera de sus antepasados, va a necesitar, más tarde o más temprano, volver hacia sí mismo, volver a jugar esforzadamente para completarse. Y ahí estará el Quijote y, espero, también buena parte de la literatura que podamos escribir mientras tanto.

 

Copyright  Power by PageCreative