Entrevistas y presentaciones

Alberto Musso: la poesía de Pushkin en español


LA POESIA DE PUSHKIN EN ESPAÑOL

 

(Con el pintor Alberto Musso, un "lujo" mendocino)

 

 

-Viendo todos estos cuadros bellísimos, que nos cierran el paso como si fueran personas, y además personas que pueden conmovernos, casi olvidamos el motivo de la visita, y lo primero que sentimos es una lamentación. ¿Cómo es posible que todo esto se encuentre aquí, y la gente no lo pueda ver, que no tengamos un contacto más asiduo y más profundo con su obra?

 

-Dicen que eso pasa después de que uno ha muerto. Yo he pintado mucho (¿o muy poco?) y casi ni he expuesto. Quizá me faltó la convicción y las estrategias que hacen una “carrera”. Mis cuadros, cuando recién pintados, tal vez pudieron merecer otro destino. Eran la vanguardia, y se vieron con veinte años de postergación. La generación anterior a la mía tuvo otra suerte: la de la inercia, de la que aún vive. Pero la década del setenta, la más rica en germinaciones vitales, se negó a escribir nuestros nombres, no hubo una crítica a la par, porque era imposible, (quizá Marta Traba, pero desde afuera). Caímos en  un agujero negro cultural, aunque fue enriquecedor vivir ese tiempo, conflictivo, cruel…

 

¿Ese “agujero negro” lo llevó a Pushkin?

No, de ninguna manera. Yo he sido lector de poesía desde siempre, y también versificador nato: tengo “oído absoluto” para la métrica. A las obras de Pushkin ya las leí, por primera vez, en mi adolescencia. En prosa los tomos de la colección Austral que me compró mi padre en 1956, y que aun releo: “La hija del capitán”, “Duvrovskiy”, “El ataudero”… Luego encontré el tomo de teatro de Pushkin de Tomalcheva- Lorenzo en Sudamericana. A su manera escribí algunas obritas teatrales en verso (1959-60) que actualmente estoy preparando para una eventual edición.

 

¿Y la poesía..?

En verdad no conocía su poesía, que ella no se conoce  ni aún en nuestros círculos literarios y universitarios, rodeados por prejuicios oscurantistas increíbles, y más que nada por la ausencia de traducciones. Cuando me puse a estudiar sistemáticamente idioma ruso con el profesor Miguel Borisov, con Nelly Kevadze, y tras obtener dificultosamente los textos de clásicos rusos (en la “Casa Rusa” de New York, y en Canadá) que en la Argentina, no sólo en Mendoza, no se consiguen, y en otros casos bajándolos de bibliotecas virtuales, me animé a encarar la poseía de Pushkin. Fue muy importante haberme creado un entorno de obras de literatura, de poesía rusa y recorrerlas aun antes de leerlas con fluidez. Además ya lo conocía en su prosa y también a través de sus críticos como Blagoy, Lotman  o Nabokov, de poetas como Tsvetáieva o Mandelshtam, de Dostoievkiy, de las publicaciones en los homenajes por el bicentenario de su nacimiento (1999) que leía diariamente en el “Izvestia”,  en Internet.

 

Así llegó al “Eugenio Oneguin”..

Sí, pude por fin acceder a su obra fundamental, el “Eugenio Oneguin”, que conocía fragmentaria y ocasionalmente por la ópera de Tchaikovsky. Adquirí sus traducciones al español (Saderman y otros, en prosa), al inglés, (Nabokov, Johnston y otros), la mayoría increíblemente infieles al purísimo y económico Pushkin. Pero entre todo eso lo único que mantenía mi interés apasionado era el trabajo directo con el texto original ruso de la “novela en verso”: iba acumulando apuntes de acepciones de términos, de modismos, iba componiendo en castellano esbozos de versos sueltos, de estrofas, largos fragmentos salteados de cien o doscientos versos medidos, rimados…y llegó un momento, ante una cuesta empinada de cuatro mil quinientos versos por delante de mí, teniendo recorridos mil (la novela tiene 5.541 versos), en que advertí que no podía retroceder, que tenía que acabar esa empresa. Cuando alcancé la cumbre,  el 23 de noviembre de 2003, emprendí un tal vez inacabado trabajo de lima, siempre tendiente a una mayor fidelidad al original y a una mayor fluidez de mi versión, hasta que casi imprimiéndose el libro, en mayo del 2005, todavía estaba rescribiendo la puntuación total de la obra. Ahora, hasta los puntos y comas, los períodos y las exclamaciones están en el mismo lugar que en la obra base.

 

¿Cómo fue su metodología de construcción?

Yo entiendo la translación idiomática antes que nada como una verdadera lectura, de la que voy tomando notas o apuntes, observaciones; luego voy limpiando el texto hasta dejar un escueto armazón, definiendo los versos (aunque no siempre el proceso es en este orden). Además la traducción, ante el hecho de partir de una obra en estado definitivo, permite empezar arbitrariamente desde cualquier punto del texto, y así la estrofa puede ser construida (exageremos) desde el último hacia el primer verso. Pero en algunos tramos la redacción ha ido progresando en orden creciente, como en la lectura, línea tras línea desde el primer verso, como ocurrió con el capítulo octavo entero.

Puedo estar componiendo dos o tres fragmentos de capítulos diversos al mismo tiempo. Consulto el diccionario permanentemente y no ataco la redacción hasta no haber resuelto todas las dudas que me presenta. Al escribir pienso únicamente “en verso”, silabeando y remarcando los acentos, frecuentemente en voz alta; la poesía métrica debe hacerse para el aliento y la respiración del recitado.

 

 

¿Hasta dónde una traducción puede ser fiel?

Creo que la traducción es un arte de reflexión sobre el arte. Como pintor yo lo percibía en la copia de los originales pictóricos, al dibujar ante Gros en la Louvre o ante Caravaggio en los Uffizzi o en el Antropología de México ante la escultura maya, en los 70, o como yo niño antes, en los 40-50, cuando aprendía a dibujar con Aída Ranieri en Justo Daract, al copiar reproducciones de cuadros famosos, o a mujeres de Manteola, de láminas de “Para Ti”..¡Irrepetible pop del primer peronismo que embelleció todo mi concepto de arte!, ¿cómo no iba a odiar después el pop de sopa fría en latas de Warhol? Por eso mi intención no ha sido solamente  transferir el texto, sino instalar al lector de mi poema en la sensación de hallarse ante una obra actualísima y a un tiempo referencial en forma sensible, por la atmósfera poética contextual, a 1837. Y también expresarlo en un castellano ágil, moderno y estricto con la recurrencia a giros, a construcciones propias del ruso. Por ejemplo la sustantivación sin artículos, el uso frecuente de  participios, la inestabilidad de diminutivos y nombres propios… Es un desafío estilístico. Creo que no es fácil, o al menos no es inmediato, captar esta intencionalidad para mí obvia.

 

Sospechamos que ese trabajo le produjo un gran placer. ¿Es el mismo que produce pintar o en este caso el placer se manifiesta de un modo diferente?

Por supuesto que me ha producido un gran placer. Pero nunca hice comparaciones. Pude no pintar “Los trofeos”, pude no traducir (re-escribir en mi idioma) el “Eugenio Oneguin”. Pude no pintar, pude no versificar, o no rimar. Pero lo hice, yo lo hice. El arte tiene que ser hecho, sino no es arte, es nada. Ese hacer el arte, la voluntad de realizarlo, es su única libertad; el resto es sometimiento voluntario, disciplina en alegría. Nadie advierte la ausencia de lo no hecho. Nadie advertiría la ausencia del Quijote si no hubiera sido escrito. Seré advertido. Me expongo. Lo hago con “Los trofeos” desde hace treinta años. Me expongo ahora en el “Eugenio Oneguin”. Y además expongo - arriesgo, qué osadía - a Pushkin, en cada ejemplar del libro.

 

¿Qué sintió cuando la obra estuvo concluida?

Tuve un gran disfrute, un gran agrado de hacer esta traducción. Fue un diálogo de verdadera amistad, por encima de la muerte, con un gran poeta, siempre dispuesto a brindarse y entero: él me ha dicho más que muchos seres vivos, al ritmo ávido o lento de mi mente y con bellas palabras, y me enseñó algo de su eufónico y difícil idioma. El autor de “Eugenio Oneguin” es Pushkin, el autor de esta traducción soy yo. La traducción procura en todo su desarrollo adherir al texto madre ruso, pero expresado en otro idioma, en este caso el español: este aspecto es factible de ser considerado como autónomo en cuanto a construcción lingüística, nueva como forma. Yo en todo momento he procurado que el lector tenga la certeza de estar ante un verdadero poema original.

 

¿Ha podido palpar ya algunos efectos por su trabajo?

La obra recién ha cumplido su parte silenciosa, de trabajo puro. Pero la visita a mi taller del entonces embajador de Rusia en Argentina, el Dr. Eugenio Astakhov y su esposa, distinguida pintora -que se produjo en marzo de 2001 por iniciativa de un amigo común, el pintor Busse-, fue un gran estímulo para mí.  Ambos valoraron - quizá excesivamente - mi trabajo, que todavía estaba en proceso. A través de ellos conocí a la Vice-ministra de Cultura de Rusia, al insigne cellista Rostropovich. Ese año hice una excursión por Rusia donde visité entre tantos museos, los de Pushkin en calle Arbat de Moscú y la casa donde murió el poeta, con su gabinete y manuscritos en exhibición, en la “Moika” (nombre de un canal) en San Petersburgo, y también la Universidad Lomonósova de Moscú, instituciones en algunas de las cuales dejé copias de mi trabajo entonces aún incipiente .

No vamos a decir nada sobre una literatura que tiene nombres como Chejov o Tolstoi, como Turgueniev y Dostoievsky, y naturalmente, el mismo Pushkin. Pero el Eugenio Oneguin no es una obra más..

Exacto.. Históricamente, la crítica rusa y el consenso popular consideran a esta obra la más importante de la lengua rusa, la que consolida el idioma literario y es piedra basal de su incomparable literatura del siglo XIX; se equipara su papel al de la Divina Commedia de Dante para Italia. Es la obra más comentada y objeto de más estudios especializados de esa literatura. Y los cosmonautas, los campesinos, los científicos, los funcionarios soviéticos y las amas de casa se aúnan en tenerla en la memoria y a flor de labio desde la infancia. Basta recordar que Yuri Lotman realiza sus estudios semióticos fundamentales del formalismo ruso  (y así filólogos como Tomachevskiy), dando preferente atención al “Eugenio Oneguin”.

 

¿Siempre fue así? ¿O como irónicamente decía usted al principio, tuvo que morirse Pushkin?

No, en este caso siempre fue así. El “Eugenio Oneguin”, a medida que iba apareciendo por Capítulos (de 1825 a 1831) se agotaba en Rusia como un “best-seller”. La aparición del capítulo tres fue tan esperada en San Petersburgo como lo sería después en New York el último Capítulo de “Almacén de Antigüedades” de Dickens, con la muerte de Helen, que sumió a la ciudad en un silencio mortal a la llegada del barco que lo trajo desde Londres, como una noticia infausta. La aparición de la tercera edición completa del “Eugenio Oneguin”, el 19 de enero de l837, diez días antes de la muerte en duelo de Pushkin, agotó sus 2.500 ejemplares en un día. Pero en el Occidente culto del naturalismo positivista, mientras hicieron furor Dostoievskiy, Turgueniev  o Tolstoi, se iba postergando el conocimiento y la difusión del gran poeta, traducido sólo en su prosa o nombrado por sus poemas llevados a la música por los grandes compositores rusos (Mussorskiy, Glinka, Rimskiy Korsakov, Chaikovskiy…). Pero hay que reconocer que el género de la poesía épica o narrativa siempre ha tenido ese lento aflorar en los idiomas extraños.

 

A propósito: ¿cómo “se llevan” el español y el ruso?

Contra la opinión generalizada yo considero y uso al español como un idioma más “corto” o sintético que el ruso y evito las perífrasis con que la mayoría de los traductores procuran “explicar” los matices de un término, estoy convencido de que siempre hay una palabra, un adjetivo en castellano perfectamente adecuado a su correspondiente ruso. Sin embargo, en el ámbito de nuestro idioma el “Oneguin” de Pushkin es prácticamente desconocido, no sólo para el público medio sino hasta por literatos de formación universitaria. Aunque hay traducciones en prosa, y ahora alguna en verso (las que conocemos, sin rima, o mal medidas, o en estrofas de arbitrario número de líneas, o con lamentables “podas” textuales); podemos afirmar que la nuestra es la primera en castellano que reúne los requisitos de fidelidad textual y perfecto ajuste en la versificación, por hablar de datos objetivos (otro aspecto, el de su calidad poética o artística, no me corresponde a mí juzgarlo).

 

¿Y el antecedente mendocino de Tolmacheva con Fernando Lorenzo?

Ese fue un trabajo de los años cincuenta.  Galina Tomalcheva tradujo con versificación de Fernando Lorenzo (en verso libre, distinto del original ruso), el “Teatro Completo” de Pushkin (Sudamericana, 1958) Ese año cursé en la Facultad de Filosofía y Letras UNC, pero abandoné para dedicarme a la pintura. Pero sí, de hecho se han realizado en Mendoza dos versiones de obras principales de Pushkin, de las pocas que hay en castellano. Agreguemos que no quiere decir que se lean. Tampoco se estudia como se debiera al gran poeta ruso, ni a la literatura rusa, en nuestras facultades.

 

¿Cómo se ve hoy al “Oneguin”?

Actualmente hay un vastísimo y creciente interés por el “Eugenio Oneguin” fuera de Rusia, en especial en ámbitos académicos de Norteamérica, donde ha adquirido el prestigio de ser “obra de culto” por excelencia. Este interés se vio allí intensificado puntualmente a partir del estudio crítico y traducción “El Eugenio Oneguin de Pushkin” de Vladimir Nabokov en 1964; hay en inglés numerosas versiones en verso, no todas buenas ni muy fieles, es frecuentes en los versificadores al inglés agregados o “adornos” subjetivos. Proliferan los sitios de la obra en Internet. Hay muchos sitios que ofrecen comparación de determinadas estrofas traducidas por diversos autores, método que es corriente en los cursos de traducción y que yo por cierto no pondero. Pero basta con ingresar el nombre “Eugenio Oneguin” para encontrar en Internet miles de sitios sobre el tema (aunque muchos se refieren a la ópera de Chaikovskiy), y más si se trata de buscadores en ruso o en inglés. El sitio de la Universidad de Berkeley ofrece un diccionario ruso-inglés de la novela en verso palabra a palabra (se puede seguir clikando). Se la puede obtener completa en ruso en muchas bibliotecas virtuales, como así versiones en verso al inglés. Es la obra de la literatura universal que más sitios virtuales cuenta.

 

Hace pocos años se conoció en Argentina un trabajo de Tomás Abraham..

Sí, fue una edición de Alfaguara del 2002. Se llama “Situaciones postales”. Un ejemplo de mala documentación, al  punto de ofrecer un argumento que nada tiene que ver con el “Eugenio Oneguin”, además de errores de información biográficos, de nombres y de lugares.  Caso opuesto, el Capítulo dedicado al estudio comparativo de traducciones del “Eugenio Oneguin” en el “Tratado de la Mediación Interlingüe” de Sergio Viaggio (argentino, jefe de traductores de la ONU, Universidad de Viena), con interesantes críticas y observaciones.

 

Ahora tenemos el suyo..

Si mi trabajo halla un camino hacia un público, contribuirá a la difusión de esta obra maestra. Estoy comprometido con la formación de ese entorno lector receptor (y más en este medio y desde este medio), cuando no existe el hábito de la lectura en verso; por de pronto lo he dado a leer a algunos amigos y escucho sus pareceres, cada uno con su punto de vista; ya vendrán presentación, charlas de café o mesas redondas que nos enriquezcan (o no), y la ampliación del círculo de lectores interesados. Quitaré además el saludo a mis colegas artistas plásticos que no lo lean.

 

¿A qué lector va dirigida su obra?

El nivel de lector para esta versión que preveo es: formación de escuela media, 16 años en adelante. Tiempo de lectura: un mes. Interés en literatura general y en especial en literatura rusa (llena un importante vacío bibliográfico). Entretenimiento en general, lectores de ficción y de poesía. Es una obra de fácil lectura, sus dificultades son las mismas que presenta el original para el lector ruso. Pero no es fácil en el sentido en que lo es una obra corriente de ficción en prosa, hay que seguir el verso y el discurso atentamente y consultar cada duda de referencias (hay en el libro un glosario a ese fin y un prólogo orientador). Por otra parte con la relectura (como con toda poesía o con la música), se van enriqueciendo los significados y la fruición estética.  

 

No es compatible con los métodos de lectura veloz…

En absoluto, como tampoco con la lectura en diagonal ni los programas de preguntas y respuestas de la televisión.

 

¿Cree que puede vincularse con el mundo actual?

No sabemos tan claramente cómo es el mundo de hoy, que es el único que conocemos, ni cómo será visto desde un futuro. Todos los seres vivos estamos condenados a vivir cada instante como el último del tiempo. El pasado tiene la misma dimensión sea hace un segundo o hace milenios: pasó. Toda opinión sobre lo que es actualidad o vanguardia, especialmente en arte, es infinitamente cuestionable. Es torpe definirlo desde la moda. Ahora estoy vivo, cuando Locche, Pushkin y Belgrano ya están muertos. Lo que haga hoy es más actual y no podría ser de otra manera. Mi modernidad (y no mi semejanza con artistas del pasado) consiste en que siendo pintor emprenda la poesía, mi poesía. Con eso amplío los límites de mi territorio, explorando esa energía espiritual amorfa que voy convirtiendo en forma. “Mi” Oneguin es, y no es, como  un cuadro más, que yo he decidido pintar, escribir, y ahora es parte de mi semblanza de  artista. Es absurdo decir cómo debe ser un árbol, según Nietszche. El artista no se preconfigura, se impone al hacer, buscándose en lo inexplorado. Que corra mientras sienta tierra firme o que vuele en el vacío.

 

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ALGUNAS OPINIONES

 

“No esperábamos encontrar en un  lugar tan lejano un verdadero sitio pushkiniano, ni que aquí (en Mendoza) se hiciera tan importante traducción.”

(Eugenio Astakhov, Embajador de Rusia en Argentina, 2000-2004)

 

El genuino traductor literario como el genuino poeta, escribe por amor, o necesidad o lo que sea salvo dinero. (..) Es la primera vez que dialogo con un traductor literario en serio.”

(Sergio Viaggio, Jefe de traductores de la ONU en Viena. Profesor de la Universidad de Viena)

 

“Un trabajo avanzado (que constituye) un indudable aporte al diálogo entre la cultura rusa y las de otros pueblos, diálogo que hoy resuena en varios idiomas.”

(Natalia Mijailova, Doctora en Filología. Vicedirectora del Museo Casa de Pushkin)

 

“Musso.. como un titán vernáculo que ha tomado a Pushkin por asalto. (..) La poesía es un país extraño y su traducción, la de Musso, un refugio que construye lo lejano.”

(Rosi Roco, Licenciada en Artes Plásticas UNC)

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