Calle Angosta II

Roberto Follari (epistemólogo, profesor universitario, escritor)

  

“La ideología y el poder están en todos los

 

espacios”

 

 Nací en Rivadavia, Mendoza. Soy Doctor en Psicología y profesor de posgrado en universidades de diversos países (Argentina, Venezuela, México, Uruguay, Ecuador). Viví exiliado en México. Dirijo la Maestría de Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la U. N. de Cuyo. Escribí varios libros sobre temas de mi especialidad y participo del debate público, en la esperanza de colaborar a un mundo menos injusto. 

 

- Me inhibe hablar con un epistemólogo...

-Quizá tenemos demasiado prejuicio a nuestro favor: se supone que descubrimos incoherencias o falacias. Puede ser que en algunos casos sea así, pero eso no nos inmuniza de nuestras propias limitaciones. 

-Es que te veo cubierto con un arma asesina, cada iniciativa, cada pregunta habrá de caer bajo la prueba de verdad, será despedazada...

-No, de ninguna manera. En todo caso, un epistemólogo pone a prueba discursos muy sistemáticos, teorías armadas, pero no juicios aislados o dispersos. Podés estar tranquilo...

-La gente común no sabe la incidencia real que tiene en su vida  el uranio enriquecido ni los logaritmos. ¡Qué se podría decir sobre la incidencia de la filosofía!

-Por cierto que no se sabe al respecto, pero sin dudas que temas como el de los valores resultan universales, y todo el mundo se refiere tangencialmente o implícitamente a ellos todos los días. La filosofía ayuda a definir cómo plantarse frente a la vida, y ello siempre ha sido necesario, y lo es más aún en una época de déficit de sentido como  la actual. 

 

-De algún modo somos conscientes, sin embargo, de la necesidad de aprender a pensar...

-Por supuesto, todos sabemos que puede haber formas de pensamiento más precisas y rigurosas que otras; y que pensar sirve para vivir. La idea de que el pensamiento es lo contrario de la práctica es sumamente precaria; el pensamiento es interno a la vida práctica de los sujetos, pensamos en la vida cotidiana, en los usos y relaciones en que estamos enredados cada día. Y ello ayuda a dar alguna coherencia a los actos, y a ordenarlos en torno a fines de mediano y largo plazo, además de aquellos que fueran de propósito inmediato.

 

-Un alumno se puede sacar un diez en matemática o un cinco en geografía. Eso se comprende. ¿Pero cómo se mide o como se califica la calidad de lo pensado?

-Se puede evaluar el contenido del pensamiento, o su orden lógico-formal. En este segundo caso, no se no opina sobre lo que el otro piensa, sino sólo se observa si hay coherencia entre las premisas y las conclusiones de su pensamiento, y si tales premisas son plausibles. Ese es un procedimiento casi técnico. Sobre los contenidos, puede uno advertir si son actualizados, informados, si implican conocer posiciones diferentes...todo ello sin que importe si uno coincide o no con lo que piensa la persona evaluada. 

-De todos modos uno se puede imaginar el aprendizaje de pensar para sí, para el propio provecho personal. ¿Pero se manejan formas que lleven a pensar en

términos sociales o en términos de país?

 

-Pensar es advertir que hay una realidad en que me realizo, y está más allá de mí mismo. Implica advertir cuánto de ilusorio hay en sentirse -cada uno- centro de la experiencia...y a esa toma de conciencia ayudan mucho las condiciones que existan de movilización y de experiencias de iniciativa social de autoorganización. Tenemos el ejemplo de las fábricas recuperadas... 

-Un salto gigantesco.  De pronto alguien que apenas lee, descubre significados complejos, y algo todavía más difícil, lo que se oculta detrás de lo que se dice..

-Cómo no. Las posibilidades del concepto son socialmente construidas; se puede pensar aquello que se construye como “socialmente pensable”. Por otro lado, las fábricas recuperadas (un modo más de la gran creatividad reivindicativa argentina: Madres y Abuelas, piqueteros, universidad trashumante) le abren la cabeza a los intelectuales sobre posibilidades políticas que estos no podían barruntar desde la teoría; pero a la vez esa experiencia se nutre de los intelectuales: Zanón ha realizado muchos programas con la Universidad del Comahue, y desde el actual gobierno nacional diversos proyectos sociales con sectores populares han sido otorgados a universitarios.

 

-Existe cierta claridad en cuanto a la perduración de mitos y falacias en una ciencia con tanta incidencia en la realidad como la ciencia económica. En ella la presión y el bloqueo ejercido desde los grandes grupos de poder son terribles. Ocurre lo

mismo en campos del saber supuestamente más “neutrales”?


-Sí, la ideología y el poder están en todos los espacios. Vemos hoy en Biología, con temas álgidos como la reproducción; en Física, con las energías alternativas al petróleo...en la existencia social no existe lo neutral, ese es un mito platónico que hay que abandonar.

 
- …Como la acción de los individuos aislados…

 - Sí, hoy más que nunca es decisivo el aprendizaje de la acción colectiva; en ella se aprende de manera práctica que el destino personal puede fundirse en lo genérico, y que en ese sentido se realiza la “muerte del sujeto” de la que tanto se hablara. También es imprescindible des-aprender la moral convencional; siempre es útil Nietzsche como sospecha de los intereses y mezquindades que se juegan detrás de valores que aparecen como los más nobles.

 - El imperialismo ocupa el mundo bajo el discurso de los nobles valores.. A veces militarmente, a veces de una manera más sutil, pero siempre imponiendo la superioridad tecnológica, la privatización de la ciencia…  

-Hay una tendencia mundial a poner la ciencia al servicio de la empresa, dentro de la mal llamada “sociedad del conocimiento”, que es sólo “sociedad -capitalista- del conocimiento tecnológicamente aplicable”. Sin embargo sería posible aprender en nuestro país a producir tecnologías propias, de lo cual los chinos han sido ejemplo mundial. Pero sobre todo, debemos diferenciarnos de esa tendencia pragmática hegemónica: insistir con el conocimiento de lo que supuestamente “no tiene aplicación”, como el Arte y las Humanidades. Se pretende reducir la explicación a la aplicación, con lo cual se tendería a hacer cosas sin saber qué es lo que se hace. Un suicidio para el pensamiento científico, y para el pensamiento a secas.

 

-¿Cómo funcionarían dentro de ese cuadro la “filosofía política de los años ’90?

-Eso fue un síntoma del escapismo a la política práctica y al análisis científico de una realidad que aparecía sin salidas ni alternativas…

-¿Y los “estudios culturales”?

-Los llamados estudios culturales son ejemplo de teoría “light” trabajada en clave posmoderna: espejo del narcisismo consumista de la época, un funesto “fast thinking” carente de exigencia y criterios epistemológicos por una parte, y de ejercicio metodológico e investigativo por la otra. A pesar de ello (¿o gracias a ello?) han colonizado campos disciplinares casi completos, como sucede con Comunicación o Estudios literarios. Esperemos sacudirnos esa modorra intelectual, aunque para ello hay que ir contra el ethos epocal anti-teórico, el cual es renuente a la exigencia de rigor, tanto como a la remisión a criterios especificados.

 

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