Entre Copas II

Jorge Ricardo Ponte (Arquitecto, investigador, escritor)


“La ciudad es un texto que puede ser leído”
 

Tengo 56 años, divorciado, dos hijos que amo profundamente, un sobrino que por su edad y la mía funciona como el nieto que todavía no tengo y a quien adoro. Amigos y amigas entrañables…Un emotivo, enmascarado de racional y científico, para que no se le note. Intento dejar las cosas que uso, los temas que pude investigar y el mundo en que me ha tocado vivir, un poco mejor de cómo los recibí. Me gustaría que mi epitafio dijera: Fue un buen constructor…de afectos, de relaciones, de libros, de obras.

- ¿Se puede leer una ciudad?

 

- Naturalmente, es posible ver a una ciudad como un texto que puede ser leído.
 

- ¿Y qué lees en Mendoza?
 

- Su historia, cómo y por qué se formó de la manera que es. Sólo comprendiendo el pasado podemos modificar el presente, entre ellas el desafío de darle la belleza que aún le falta.
 

- ¿No es linda Mendoza?

- Tiene cosas bellas, pero si la observas con algún rigor, si la comparas con otras ciudades del mundo, allí aparecen los espacios críticos. La belleza debe ser trabajada, lo mismo que hacen las mujeres bellas, quienes aunque digan a sus amigas que no se cuidan…nada! Hacen exactamente lo contrario, se cuidan y producen constantemente.
 

- ¿O sea..?
 

- ¿Te acuerdas cuando la Municipalidad  tenía el “slogan” de que Mendoza era “la ciudad más linda del país”? Se decía ciudad “linda” y no ciudad “hermosa”. Este último calificativo tiende a expresar una perfección o calidad, por ejemplo, de la arquitectura urbana o monumental, de la que Mendoza no tiene muchos  ejemplos.
 

- ¿Es importante que una ciudad sea bella?
 

- Depende cual sea nuestro objetivo estratégico como ciudad. Hay ciudades que son inquietantes, fascinantes, misteriosas, etc. Cada una procura trabajar un perfil para atraer al visitante. Por otro lado, la belleza es algo efímero que si no se preserva. Hay que cuidarla, renovarla. En el caso de las ciudades existen patrones estéticos. De nada sirve que nos enojemos con el mensajero (en este caso los turistas o visitantes) Nosotros podremos no saberlo, pero en el mundo ya se sabe cómo deben ser las ciudades para considerarse hermosas. Está todo muy pautado aunque nadie lo confiese. Es ese: “no sé…como de todo…¡y no engordo!” ¡Andá a preguntarle a las modelos que viven con una manzanita si tanta despreocupación es cierta!
 

- ¿Mendoza fue, en algún momento, una ciudad más linda que ahora?
 

- ¡Por supuesto! En la vida de la ciudad hubo momentos luminosos.1860 fue uno de esos momentos. Fue el apogeo de la ciudad colonial antes del terremoto. Otro creo que ha sido hacia fines de 1940, otro momento espléndido… En los últimos tiempos  la gestión de Fayad y su secuela inmediata, no las últimas, obviamente…
 

- ¿Cómo es eso?
 

- Acá tuvimos normas de edificación muy sabias, en especial las de 1888, 1902 y 1927. Entre otras cosas fijaba hasta las formas de pintar los edificios públicos y particulares. Se usaba el concepto de “fondo y figura”. El mismo que siguen utilizando las ciudades hermosas del mundo, desde San Petersburgo, Viena, Salzburgo, o como Praga, que es considerada una de las ciudades más bellas del mundo. O el que usa decenas de ciudades americanas desde Bahía a Cartagena de Indias, la Antigua Guatemala, por no sólo citar ejemplos europeos. Esta disposición decía que las cornisas, las molduras, todo lo que sobresaliera de la fachada, debía pintarse de blanco. Y el fondo debía ser siempre de color y nunca igual que las molduras. Pero un día dejó de cumplirse y nadie lo advirtió. Los arquitectos la ignoran y aunque tengan que pintar un edificio histórico, ideal para ese tipo de pintura, buscan combinar de manera “fina” o “chic” los colores “fregándose” en las tradiciones de color de la ciudad.

- ¿Por qué?
 

- Mientras un estilo no se hace carne en la gente, debe haber cierta imposición por parte de las autoridades municipales, mucho interés y mucha fuerza en los gobiernos para una norma pueda prevalecer sobre la anarquía del gusto…
 

-Y acá cada propietario ha prevalecido sobre los otros…
 

- Acá prevaleció el individualismo. Eso es algo que se puede leer perfectamente. Y también un falso concepto de la libertad. Algo muy curioso. Entre nosotros se han producido infinidad de cambios de gobierno por medio de la fuerza. Muchas veces amanecimos viendo que un presidente electo por el pueblo había sido sustituido por algún general. Y no pasaba nada. Cada uno seguía su vida normal. ¡Pero no sea que alguien nos diga de qué color tenemos que pintar la casa! ¡Eso es intolerable!
 

- No se ve la ciudad como la gran casa de todos. Se la puede dañar, ensuciar, contaminar…
 

- Lamentablemente eso cuesta mucho aprenderlo, y se olvida con facilidad. Un día, entrando en Atenas, me dije, que bello, voy a nutrirme del espíritu clásico. ¿Pero que vi? Un caos edilicio absoluto. Parecía el partido de La Matanza, en Buenos Aires. ¡Lo único “clásico” que quedaba era el Partenón! Y al contrario, hace poco, estando en San Sebastián, en el país vasco, al lado del puerto no podía creer la limpieza que había, no solo en la calle sino en el agua, entre los botes se veían los cardúmenes de peces. Le pregunté a una señora mayor ¿cómo podían tener una ciudad tan limpia? Dos cosas unidas, me dijo: -un Ayuntamiento que limpia y ciudadanos que no ensucian…
 

- ¿Qué se debe buscar en una ciudad, cómo se trabaja su belleza?
 

- Lo primero que se debe buscar es armonía, es la homogeneidad, que no significa que todo sea igual sino que todo se haga con el mismo código. En una manzana de casas bajas no se puede construir una torre de veinte pisos...y al revés, sería absurdo que en una manzana llena de torres se quisiera hacer un chalecito…
 

- Pero se hace…
 

- Se hace porque la norma ha sido reemplazada por la discrecionalidad. Se crea la industria de la excepción, y al final cada uno hace lo que quiere. Si a alguien se le ocurriera construir un iglú en la calle Espejo, y sabe en que puerta golpear para conseguir la excepción, lo construiría.
 

- De todos modos la impresión es que los viajeros se van conformes con Mendoza, en general les gusta…
 

- Es que a pesar de lo mucho que hacen los constructores para “afear” la ciudad, por los edificios que nos ofrecen, hay por ahí grandes aciertos. La ciudad tiene muchos conceptos bien logrados. Pero eso no ha sido la consecuencia de un trabajo constante, paciente, y en función de un conceptualismo urbano definido. Ha sido el fruto feliz de algunos buenas “duplas”, en los que el poder político respaldó la visión de grandes creadores: como pasó con Emilio Civit que sostuvo políticamente a Thays e hicieron el Parque San Martín. O con Corominas Segura que lo respaldó a Ramos Correa, y así trazaron la Plaza Independencia y remodelaron el espacio del Cerro de la Gloria, incluyendo el Jardín Zoológico. O más recientemente con Faustino Picallo y Alberto Belgrano Blanco, que construyeron el Centro Cívico.
 

- A propósito de “leer una ciudad”, recuerdo un a frase de Sarmiento; él decía que la pampa era un inmenso libro en blanco, que debía llenarse con árboles. En Mendoza se puede leer algo de aquella “locura”.
 

- Mendoza es una ciudad muy “sarmientina”, lo sepan o no los mendocinos. Esto no se lo digamos a los sanjuaninos…pero yo creo que Sarmiento vio en Mendoza la posibilidad cierta de ver concretadas muchas de sus “locuras”. Por ejemplo, cuando era embajador en los EEUU, les escribía a sus amigos mendocinos y les aconsejaba “que plantaran árboles en las calles” como él había visto en Nueva Inglaterra: “¡Vayan plantando los árboles! Después los edificios vendrán solos”. Los árboles le han dado a Mendoza lo que no le dio su arquitectura. Le dio un estilo que de lo contrario no tendría. Uno camina en calles donde los árboles de cada vereda parecen abrazarse. Y eso no sólo es muy lindo, sino que además tapa imperfecciones. En la misma cuadra hay diez frentes que no tienen nada que ver uno con el otro. Pero el follaje, al unirnos, los hace homogéneos. 

- Además tenemos las acequias…
 

- Las acequias tienen una fuerza expresiva tremenda. Y constituyen obras muy originales. Nadie se olvida de las acequias de Mendoza. Pero se las debe cuidar de otra manera. Cuando lees una acequia, debiera responderte con su canto limpio. Son las cosas que se deben cuidar diariamente, si no se pierden.
 

- Te imaginas todas las acequias limpias, abiertas, revestidas de piedra?
 

- Si hubiera una buena gestión urbana sería posible. Gestión y conciencia pública de continuidad. La conservación del patrimonio tendría que ser mucho más fácil que haberlo construido…
 

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