Entre Copas II

Osvaldo Roby (Ingeniero agrónomo, empresario)


“No puede haber empresas exitosas en  comunidades 

 

deterioradas…”


- ¡Cuánto cuesta cambiar!

- Pero cambiamos. Tal vez de un año a otro no nos damos cuenta, pero si tomamos mayor distancia podemos apreciarlo. Un empresario  moderno ya no piensa, por no decir mucho, como veinte o treinta años atrás…

- No piensa en lograr la mayor ganancia posible…

- Siempre una empresa procura beneficios que le permitan crecer. Pero los ejes en que se apoya la competencia ahora consideran nuevos aspectos. Antes lo único que importaba eran los precios, cuánto me cuesta y a cuánto vendo. Pero actualmente las exigencias sociales son distintas. Una empresa que apueste al futuro debe invertir en una relación mucho más amplia, con sus clientes, sus proveedores, su personal, y por supuesto con la comunidad en su conjunto.

- También sucede que la gente tiene otro tipo de información..

- Sí, y eso aumenta las exigencias. Hay un  reconocimiento de la calidad, de lo que se hace bien y lo que se hace mal, de lo que daña la salud, de lo que degrada el medio ambiente. Y de las obligaciones que van envolviendo a todas los sujetos que son parte de la producción. Eso implica otra percepción de la imagen de una empresa, por eso ahora sus responsabilidades son distintas.

- Por sobre lo puramente económico…


- Ya no se pude hablar de un valor económico que no contenga un valor social. No puede haber empresas exitosas en medio de comunidades deterioradas.

- Igual hay cosas que no cierran. Hoy en día, una empresa que pague sus impuestos, que tenga todos sus trabajadores en situación legal, etc., debe enfrentar una fuerte competencia sucia. Hasta oficialmente está reconocido lo cuantioso que es el mercado informal, en sus transacciones, en la gente ocupada…

- Es cierto, hay dificultades, pero se avanza. De todos modos el hecho nuevo es, principalmente, conceptual. Una forma de gestión que incluye fundamentos éticos, y en la que las metas empresariales sean compatibles con un desarrollo sustentable dentro de una sociedad que crezca. Lo contrario, es decir, una empresa que gane plata pero que ignore leyes, que degrade valores, que destruya bienes comunes, es una empresa en riesgo.

- ¿Cuál es tu inserción en estas políticas?


- Hace cinco años, cuando la gran crisis del “corralito”, nos vinculamos, con Frigorífico Aconcagua, al Banco de Alimentos. ¿Cuál era la  propuesta? Distribuir entre la gente de recursos escasos, alimentos que por distintas razones no podían dirigirse al mercado normal. Por supuesto, ningún problema de calidad, sino productos con fallas de etiquetado, o en el aspecto visual de los envases, o rezagos fuera de escala comercial, cosas así, que numerosas empresas alimenticias podían ofrecer.

- ¿Lo iniciaron ustedes?

- No, ya existía una organización mínima, con varias empresas adheridas. Pero la crisis disparó la idea. Así es que toma cuerpo y se desarrolla muy bien. Incluso nos vinculamos con una red nacional de Bancos de Alimentos, y así, se tuvo acceso a distintas experiencias, y también a intercambios concretos. En ocasiones se mandó a otras provincias, desde Mendoza, productos regionales, como tomates o duraznos en latas. Y se recibió del Litoral arroz o yerba mate.  Actualmente hay quince provincias que tienen estos bancos. Y en Mendoza existen varios. En San Rafael, en el Valle de Uco…
 

- ¿Además deben existir referentes mundiales, verdad?

- Claro, son prácticas que se integran en el nuevo concepto de valor social.  Entre nosotros, el referente más poderoso tal vez haya sido Ethos, una organización de Brasil, líder en las prácticas de responsabilidad social empresaria. Ellos han alertado de un modo dramático sobre las situaciones de trabajo infantil, el hambre, o el hecho de que dentro de treinta años la mitad de la población mundial no tendrá acceso al agua potable.

- VALOS, en Mendoza, ¿estaría dentro de esa línea?


- Sí, con las obvias diferencias de antigüedad y escala. Nosotros recién empezamos. Pero los conceptos son afines. Acabamos de realizar un Foro, con asistencia de cuatrocientas empresas, donde el tema central fue el desafío de crecer con valores. En Mendoza estamos viendo que junto con la expansión de muchos sectores, hay componentes de atraso, que plantean dudas con respecto a la sustentabilidad del desarrollo. Degradación ambiental, desigualdad social, inequidad…¡Cuando tenemos los recursos, la tecnología y el conocimientos para proponer otras maneras de crecer!

- ¿Cuál es la relación que tienen con los gobiernos?

- Más nos interesa la relación con la comunidad. Quienes tienen el mayor poder son los demandantes de los bienes y los servicios. En realidad, todos somos consumidores, y podemos hacer valer nuestra fuerza prefiriendo los productos que vengan de las empresas que trabajan con responsabilidad social. Hay empresas que, cuando se supo que producían explotando mano de obra infantil, se quedaron sin mercado.

- ¿La adhesión a VALOS es libre, cualquier empresa puede hacerlo?

- En principio sí, pero se hace un estudio de sus antecedentes. No somos un club de ángeles. Pero hay comportamientos que no son compatibles con el tipo de compromiso que buscamos.

- Te lo preguntaba por la ligereza o el oportunismo con que a veces se confunden las cosas. Lo que es un concepto muy progresista, muy serio, en la medida que acuerda cierta imagen,  se lo puede tomar como una moda..

-  Esa clase de riesgos son inevitables. Pero creo que quienes se sumaran sin verdadera convicción, no aguantarían mucho. También podría contestarte como hizo Oded Grajew…¿Sabés quien es Grajew?

-….

- Es el presidente de ETHOS, el gran referente brasileño. El dijo que si la responsabilidad social fuera solamente una moda empresaria, “a la humanidad le aguardan muchísimos  problemas”.

-Te ves muy convencido, muy optimista…

- Seguro, pero no es por simple ilusionismo. Es que veo los cambios se han producido en muy poco tiempo. Esta misma nota es un dato valioso.

-…

- Sí, hasta ahora esta temática había saltado del silencio a las notas de suplementos económicos. Pero en este momento estamos en un espacio cultural. Esto es muy bueno, porque marca una pauta.  La responsabilidad de las empresas no se debe entender como un hecho económico sino cultural y social. No es un cambio en el concepto cuantitativo de renta, sino en su calidad. Un nuevo modo de entender la empresa y los negocios. Una transformación en la conciencia de la sociedad.
 

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