Entre Copas II

Miguel Albero (Diplomático, escritor)


“Cada país hace su propia transición”
 


-Hombre precavido…tu primera ficción ha sido ser otro..


-¿Lo dices por Gabriel Lumeo, eh? Mi primer libro lo publiqué con ese seudónimo que tiene las letras de mi nombre, pensé que ya puestos a inventar, podía también inventarme al autor, con su biografía incluida. ¡Siempre sería más interesante que la mía! Luego acabé publicando el libro como Miguel Albero, quizás porque me acordé de lo que decía Borges de alguien, “para qué usa seudónimo si su nombre ya lo es”.

-Pero cuenta los detalles, son muy interesantes..

-La historia es que me autopubliqué el libro como Gabriel Lumeo en la falsa editorial Efímera y en la no menos falsa Biblioteca de Clásicos Fugaces. Lo envié  a varios escritores y uno publicó un artículo en El Mundo, un periódico español, siguiendo la broma. Al final Tusquets se interesó por el libro y como no encontraron la editorial que había hecho honor a su nombre, yo se lo mandé haciéndome pasar por el agente del tal Lumeo.  Fue un ardid que salió bien. Las editoriales no se ocupan sin más los manuscritos que les llegan.  Es muy difícil que alguien se tome el tiempo de leer a un inédito. Pero tuve suerte, también podía haber salido mal.
 
-Madrid, Dakar, Roma, pero al fin tu primer libro viviendo en Mendoza…

-La verdad es que me alegro que el libro se publicara estando aquí, los mendocinos lo habéis acogido con mucha generosidad, la misma empleada conmigo y mi familia.

-¿Que viste de original acá, algo que pudo sorprenderte?

- Más que de original, lo que he visto en Mendoza es una forma de vida, una calidad de vida que se está perdiendo en Europa, en especial en las ciudades grandes. Y me he vuelto un enamorado de Mendoza, me tenéis ganado para la causa mendocina para el resto de mi vida.

-¿Ya antes de venir te había ganado Quino?


-No. Es cierto que admiraba a Mafalda, pero no sabía que Quino era mendocino. Por eso cuando lo supe y supe también que era hijo de andaluces, y que no tenía ninguna condecoración de España, con la enorme popularidad que allí tiene, propuse a mi Ministerio que lo condecoraran. Fue para mí un orgullo el poderle entregar esa condecoración el año pasado, no sólo porque lo admiro mucho, también porque es un poco el símbolo de esa cultura de ida y vuelta que hay entre España y Argentina.

-A ese “ida y vuelta” le vamos a sumar tu “Principiantes”, ¡qué libro que desborda  humor! Es muy difícil conciliar el fracaso con el humor..

-En realidad el humor es una forma, la única que yo conozco, de afrontar lo absurdo de la vida. Y claro el fracaso es mucho más literario que el éxito, que además suele ser falso, y  muy poco atractivo.

-Hubo en tu idea alguna prevención personal, algo de auto-indulgencia, por si acaso..


-Sí, sin duda, el autor que no se toma en serio a sí mismo se pone un escudo frente a la crítica. Pero es también la forma que yo tengo de ver la literatura, toda la literatura que   me gusta está exenta de solemnidad.

-De todos modos el libro anduvo bien.. ¿O no? ¿Que respondería Tusquets?
 

-No creo que tengan queja, el libro tuvo muy buenas críticas en España y Argentina, y además la editorial ha vendido los derechos en Francia ( sale en abril en Actes Sud, la editorial que allí publica a Paul Auster) y en Italia. No espero que sea un bestia seller, pero si tiene lectores tiene vida. Yo hasta ahora no estoy arrepentido..

-De todos modos perseveraste. Los “Cruces” son todo un invento, dejaste a un lado siglos de relato lineal…

-Sí, el caso es que ya estoy enganchado a la ficción. Y los Cruces, dos historias mínimas que se entremezclan, empezaron como un juego, y ahora es una obsesión, se me ocurren un par de ellas por día.

-Tus historias parecen singulares, y a veces hasta extravagantes, sin embargo siempre hay un fondo donde se siente la vida real, el andar de pueblos…

-Yo creo que para bien o para mal, la literatura que hago es literatura fantástica, pero lo que me interesa es lo fantástico cuando irrumpe en lo cotidiano, no una historia de fantasmas, sino un fantasma que tiene que operarse de próstata, por ponerte un ejemplo a bote y pronto.

-Son otros “cruces”. Por ejemplo ahora hablamos de literatura, y a la vez los argentinos estamos recordando.. ¿Cómo has visto, primero desde lejos, y ahora desde acá, este proceso nuestro?

-Es curioso, porque nuestros dos países tienen una historia paralela pero no siempre simultanea, más bien alterna, cuando aquí empezaba el periodo más oscuro, en España estábamos empezando la transición, el dictador se había muerto en el 75. Yo me acuerdo, porque aunque era muy pequeño, a mi colegio iban varios argentinos. Ahí ya supe de los exiliados..
 
-Hay heridas que no podemos cicatrizar. ¿Cómo hicieron ustedes? Tres años de una guerra civil feroz, en la que ni un solo español estuvo ausente. Después 35 años de franquismo. Y sin embargo hoy son un país progresista, sin odios, que se mueve con un rumbo claro…

-Sí, es cierto que España ha dado un salto de modernidad y se ha convertido en una país plural y progresista.. Pero no creo que estemos en disposición de dar lecciones a nadie, cada país hace su propia transición, cura sus heridas como puede, a veces los modelos no son exportables porque la realidad que los sustenta no es la misma.
 

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