Entre Copas II

Luis Villalba (escritor, crítico y docente de cine)


 

“Los jóvenes están viendo otra

 

cosa”

 

 

Nací en Mendoza, en 1939. Tengo algunas creencias absurdas como la
naturaleza mágica de las mujeres amadas o que voy a ver la desaparición del capitalismo.  Me dan miedo los fanáticos de cualquier signo: xenófobos, fundamentalistas, burgueses asustados, etc. Cuando me  deprimo me salvan los afectos y el arte: hijos, leer y escribir, amigos, el cine. Creo que Dios es una hipótesis innecesaria, pero lo mismo soy más irracional de lo que aparento.

 

 

 

- Escribes, te llevas bien con la poesía, has trabajo en vendimias,  conoces las técnicas del cine,  haces docencia en ellas. En tu caso no hay oposición entre la imagen y la palabra.

 

- No, en absoluto, son formas que tanto puede confluir como darse por separado. Hay cosas que no se pueden decir si no es con la palabra, pero otras veces las palabras no alcanzan.  En otros casos una sola imagen dice lo mismo que un libro, pero tampoco pueden decirlo todo.

 

- Cualquier persona que sabe leer está en condiciones de escribir, con el cine pasa distinto. En tu caso, ¿de dónde vino la motivación?

 

- Tal vez deba remontarme a las sagradas matinés de los domingos en el “Alambra” o el “Fantasio”, y también a cierto contagio familiar. Un tío mío, Emilio Villalba Welsh, fue guionista del cine nacional en los años ’40 y ’50; él me hizo descubrir muchos secretos de un rodaje, y así despertó mi curiosidad..

 

- ¿Pero cuándo te hiciste un vicioso militante del cine?

 

- Mi generación tuvo otras influencias. El fenómeno de “Film Andes” fue muy fuerte en Mendoza. También el “cineclubismo”, con David Eisenchlas a la cabeza. Hice algunos guiones de ficción para cortos de super 8 y 16 milímetros, aunque me incliné más por el documental.

 

- ¿Y actualmente qué?

 

- He realizado talleres en barrios periféricos de Mendoza. Bajo la idea de que los barrios “se cuenten a sí mismos” introduje a muchos adolescentes en los rudimentos del lenguaje audiovisual; ellos hicieron documentales y video clips muy valiosos.

 

- Piezas para la memoria..

 

- Sí, pero con prevenciones. Una cosa es la memoria necesaria, que enriquece, y otra la nostalgia melodramática, que no aporta nada.

 

- ¿Y como está el medio, en general?

 

- En los últimos años ha crecido mucho. Pareciera que vamos saliendo del desastre neoliberal y su reflejo, sobre todo en la televisión. Ahora los jóvenes están viendo otra cosa. Y con la ayuda de la tecnología digital se están multiplicando las producciones, en distintos ámbitos: cineastas independientes, Escuela de Cine, Escuela de Comunicación social..

 

- ¿Qué es lo que se filma?

 

- Se está produciendo documentales científicos, testimoniales, cortometrajes de ficción,

incluso algunos largometrajes. La calidad es despareja, pero hay trabajos de buen nivel.

“La primera nieve”, por ejemplo, de Pablo Agüero, ha sido premiada recientemente en el Festival de Cannes. Mario Herrera y Gaspar Gómez, han terminado sus largometrajes.

Y Andrés Llugany se encuentra rodando el suyo. Todos ellos son egresados de la Escuela de Cine.

 

- ¿Cómo se accede a esos materiales?

 

- Todavía es muy difícil distribuirlos. Hay que tener en cuenta lo pasa con la cultura en general. Existe una impregnación ideológica y comercial muy fuerte. El cine de Hollywood se ha apoderado del ochenta por ciento de las pantallas del mundo, y se presenta como el gran modelo a seguir.

 

- No es un buen modelo..

 

- Por supuesto que no, pero ha naturalizado su ideología. El “self made man”, la violencia como modo de solucionar los problemas, la canalización de la condición humana, el consumismo, etc. Y un lenguaje cinematográfico que se presenta como indiscutible.

 

- Todo bajo el concepto del “fin de las ideologías”…

 

- Claro, ahora se ofrece “una” ideología, en singular. La única posible es la ideología capitalista, es decir, la enajenación de la fuerza del trabajo y de la subjetividad. El discurso único está acompañado por la imagen única.

 

- ¿Qué se puede hacer frente a eso?

 

- Creo que una respuesta en serio todavía no está bien articulada, aunque existe infinidad de gente que la busca. Habrá que seguir practicando, por ahora, una suerte de resistencia cultural, en el medio donde cada uno actúa. Para el caso del arte audiovisual, por ejemplo, tenemos que insistir en que el mero entretenimiento no sea el único objetivo posible. Volviendo un poco al “discurso de Hollywood”, está siendo resistido en todo el mundo.

 

- ¿Pero qué se le opone?

 

- Hay resistencia en su propio país.  Estados Unidos tiene su cine independiente, sobre todo el de Nueva York, que ha producido nombres como John Casavettes, Jiri Jarmusch o David Lynch, por nombrar sólo a los más conocidos. Ellos aportan miradas diferentes, plenas de riqueza. Pero sus películas son mal distribuidas, duran poco en las salas y rara vez son recomendadas por los supuestos “especialistas”.

 

- ¿Y el resto del mundo?

 

- Chile tiene un cine excelente, al igual que Colombia, Brasil, Bolivia, México, Palestina, Macedonia, Polonia, India, Nueva Zelanda, etc. Pero las cadenas de distribución lo ignoran. ¿Cuándo fue la última vez que se estrenó una película de Godard en Mendoza?

¿y del húngaro Mirlos Jancsó? ¿O del palestino Suleimán, autor de “Intervención divina”, una comedia digna de Buster Keaton o Jacques Tati? Y hasta el muy buen cine argentino de la última década (Martel, Trapero, Sorín, etc.) nos llega con grandes dificultades.

 

 

- ¡Qué lastima! Para colmo, órgano que no se usa se atrofia, eso nos va a suceder con los ojos de ver cine…

 

- Habría que recordar siempre la primera escena de “El perro andaluz”, de Buñuel y Dalí, ¡cortarse el ojo con una navaja y desautomatizar la mirada!

 

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