Entre Copas II

Arturo Andrés Roig (filósofo)


“Inventar el trabajo”

 

 

Soy profesor de filosofía de la Universidad de Cuyo. Allí empecé a dar clases, hasta que la “filosofía de la liberación” se hizo muy mala palabra, y me despidieron. Ocupé cátedras en México, Venezuela y Ecuador. Ahora, con 86 años, sigo en el oficio, como queriendo imitar a los romanos que decían:- Quasi cursores, lampada tradunt.

 

- Que viene a ser…

 

- Como los corredores, trasmite la tea.

 

- A veces, el curso de su larga docencia, esa tea se pudo ver como el presagio de un incendio, otras veces una llamita casi extinta…

 

- Así es, de todos modos lo que le cabe hacer a un filósofo nunca es demasiado ambicioso ni directo. Uno observa, piensa, propone, pero nada de eso produce efectos inmediatos.

 

- Pero usted siempre ha sido más que un observador atento, ha impulsado una filosofía abierta, interesada en los fenómenos sociales concretos. ¿Ha llegado a vivir, a sentir,  la incidencia de su palabra?

 

- Creo que los hombres siempre cuestionan, siempre aguardan respuestas, como parte de su propia relación con la historia. A veces el pensador acierta con la oportunidad y la justeza de lo que dice o la inmoralidad que llega a denunciar. Y su palabra parece crecer. Otras veces el poder mediático ocupa todo.

 

- El discurso único..

 

- Hay matices, pero los grandes medios, casi sin excepciones, sostienen una cultura de mercado, totalmente contraria al interés social.

 

- ¿Frente a eso que se puede hacer?

 

- Simplemente persistir, mejorar en todo lo posible el rigor, la fuerza, de los argumentos,

y mantenerse en un posición política firme, sin claudicaciones. A la gran maquinaria mediática sólo se le puede oponer ejemplo y conducta. El pensamiento es una siembra a largo plazo.

 

- Usted sigue activo, sigue investigando, produciendo…

 

Sí, eso me mantiene muy bien. En los últimos años he trabajo mucho como profesor de tesis. Al menos una docena de graduados han hecho su tesis doctoral conmigo. No sólo de aquí, también de otros lugares de Latinoamérica. El exilio, como contrapartida a todo lo malo que implica, me abrió muchas puertas. Tengo infinidad de colegas y amigos que me siguen recomendando.

 

- ¿De qué tratan las tesis?

 

- Hay mucha avidez por los temas de nuestra América. Tratan sobre José Martí, Mariátegui, Francisco Miranda…Eso me reconforta mucho. A principios de los ’70

 

 

nosotros ya habíamos sostenido la importancia de la categoría “lugar” dentro de los

estudios filosóficos. Todos los valores de la filosofía propia de los países centrales, se deben replantear desde nuestra propia mirada. En aquel entonces, mientras nosotros propugnábamos una “filosofía de la liberación”, los librepensadores europeos, en especial franceses, no podían eludir sus dilemas sobre la libertad. No era lo mismo para quien la pensaba desde un país colonialista que para quienes lo hacían desde la colonia. 

 

- Ese dilema continúa…

 

- Por supuesto. Basta fijarse lo que pasa con la guerra en Irak. Las contradicciones que produce en Europa son gigantescas. Ellos son los mentores de la seguridad jurídica.

Pero de pronto toda esa juridicidad se desmorona. Después de tanta proclama, de tanto alarde sobre la seguridad, Europa se convierte en cómplice de una tragedia terrible.

 

- Pareciera que la democracia vive una especie de despojamiento. Ya no se observan representaciones válidas…

 

- Sí, pero además la categoría de representatividad en las democracias visibles, difícilmente sea recuperable. En estricto sentido, tal vez sea que la representación siempre estuvo viciada, que los representantes la usaron, desde un principio, en su propio provecho. ¿Pero qué se le podría oponer? ¿Una democracia directa en el concepto de Rousseau? Eso, en Estados que agrupan millones de habitantes, sería una utopía. Sin embargo…

 

- Hay instituciones posibles, la revocatoria de poder, la rendición de cuentas, el plebiscito…

 

- Sí, las hay ya estudiadas, experimentadas, aunque sea mínimamente, y otras que se podrían ir dando, pero siempre como una aproximación a lo ideal, nunca lo ideal. Entre nosotros, Moreno, Castelli, lo pensaron…Alberdi, cuando trabaja en la Constitución, también adopta el concepto de representación, pero excluyendo de hecho a grupos sociales numerosos. ¿Qué representantes tenían las poblaciones aborígenes? ¿Integraban o no integraban el país? Sin embargo se los exterminó.

 

- Pero volvieron…Ahora tenemos otra vez “indios” para exterminar…

 

- Seguro, estamos asistiendo a un fenómeno terrible, a escala mundial. En todas partes el capitalismo ha producido gente que sobra. Veamos África…¡casi un continente entero que sobra! ¿Qué pensará Bush del Africa? “Estos negros, no nos compran nada, se lo pasan pidiendo comida, remedios para el sida…no se puede con ellos”.

 

- Y a nosotros en chiquito también nos pasa…

 

- Sí, parece increíble, pero en un país con todo por hacer también tenemos población excedentaria. Gente a la que habría que incluir, que educar, para la que se debería inventar, recalquemos esto, INVENTAR, el trabajo que la dignifique y la mantenga viva…¡Mientras tanto el neoliberalismo sigue condenando al “Estado benefactor”! Pero si no es por medio de políticas de Estado, ¿de qué otro modo se podrían modificar los grandes, explosivos, desequilibrios sociales que existen?

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