Entre Copas I

Mariú Carrera (actriz de teatro, docente)

 

“El silencio es parte de la voz”


- Son admirables los actores, hacen lo suyo con tanta pasión que parecen olvidarse del tiempo…

- Sí, la pasión se impone al tiempo, el tiempo de la agenda. Debe ser que siempre nos estamos abriendo a otra dimensión donde integrar “nuestros cuerpos”.  Pero también otra gente lo hace, no sólo los actores, creo que pasa con todos quienes manifiestan lo que son en su interior, y entonces tienen un contacto muy fuerte con el mundo, con la vida.

- ¿Y vos cuantos años en esta trinchera de la vida?

- A los once años ya empecé a hacer teatro en un programa radial, éramos todos chicos que cantábamos, bailábamos y hasta salíamos de gira por la provincia. Pero la semilla ya estaba desde antes, desde que nací.  En mi casa nos criamos jugando, contando cuentos y películas. La mesa familiar podía ser una cueva, en plena selva, o una carreta del Oeste. El arte me llevó después a una integración consciente. Pero ese estado de juego profundo, imprescindible, ya estaba.

- ¿Siempre como el primer día, o con qué diferencias?

- Las formas van cambiando. Además hay un país, y por supuesto,  todas las circunstancias que rodean a nuestro crecimiento como personas. Al comienzo yo creía que el teatro era lo que pasaba en el escenario, después me di cuenta que allí había respuestas para la vida. El teatro, como todo el arte, es un camino para conocer, para reflexionar, para expresarse. Con el arte se sana el alma.

- ¿Cómo seria la situación del teatro en general, lo que se hace ahora con lo que se hacia, por ejemplo,  treinta años atrás?
 
- Mendoza siempre ha tenido una gran producción artística. Antes del golpe genocida, la producción que se exteriorizaba era muy importante. Y se notaba más allá de las salas del centro. Existía en los barrios, en las casas. Era un florecimiento transformador. El arte retomaba sus caminos colectivos, y ponía al descubierto todo lo que el sistema necesita ocultar. Y todos aquellos a quienes el poder quiere inmóviles, resignados, comenzaban a participar..

- ¿Era tan así, no estás idealizando un poco?

- No, era verdaderamente así, y no sólo en Mendoza, era una ola mundial.  Y ojo, no era porque los artistas fuéramos los “despiertos”, sino que es el arte quien tiene esa cualidad de captar la eternidad, o sea el ancho presente. Los actores aportamos, es claro, nuestro oficio, “la acción dramática”, pero lo hacemos dentro de un proceso mayor. Pero.. vino el golpe y los sonidos se apagaron.

- O se esparcieron, se mimetizaron..

-Algo de eso. El silencio es también parte de la voz. Es donde comienza la palabra. Así como es en la quietud donde comienza el movimiento.  La vida no se detiene por la voluntad de unos criminales. Ellos pueden matar, torturar, pueden hacer mucho daño, pero no pueden detener la vida. Entonces los artistas, como el resto de la población, volvemos al camino. Sabemos que es un camino muy largo, pero vale la pena, porque también es maravilloso. Todos los desaparecidos están presentes. ¿Pero que queda en la historia de los entreguistas, de los dictadores?

- Los historiadores del teatro dicen que alguna vez fue un espectáculo popular, pero en un punto se encerró entre cuatro paredes, y todo cambió…

- El teatro se cierra entre cuatro paredes cuando se olvida de sus raíces. En este continente el teatro es parte de la vida, es espacio compartido. Se ha desviado porque todas las cosas se han desviado. La salud, la educación, la economía, la recreación, el buen calzado y la buena carne no son para todos. Hoy estamos frente a algunos signos positivos, pero no podemos engañarnos, falta mucho para una democracia real. Ahora, en cuanto al teatro, sigue siendo un hecho vivo, y es tan profundo que no se lo puede “etiquetar”. La obra supuestamente más “social” puede que no sirva para mover un pelo si está sacada de su contexto, sino responde a la necesidad del alma del público y de los actores.

- ¿Pero quien determina, en todo caso, la exactitud del contexto? ¿Qué clase de obras expresarían hoy un arte popular, algo valioso para mucha gente?

- El arte popular es el que refleja el alma consciente de una comunidad. Aquel que deja que se manifieste la expresión de esa sociedad. Somos una comunidad fragmentada. Creo que hay muchos teatros, muchos espectáculos, para todos, para los diferentes gustos y necesidades. Pero nada ocurre si el alma no aparece. No digo un alma bonita y emperifollada sino el alma humana con toda su tensión, de amores y odios,  alegrías y penas, dudas y espantos, miedos y fuerza…

- La literatura tiene sus centros de presión desde las editoras con sus concursos, otras instituciones con sus becas.. las artes plásticas ni que hablar.. ¿pero el teatro? ¿qué tiene el teatro que no se puede negociar, que siempre está dado por muerto y sigue siempre vivo?
 
- Dar por muerto al teatro es imposible porque las personas que hacemos teatro seguimos respirando y por lo tanto siempre lo haremos. ¿Cuándo se terminarían los jardines de nuestras casas? ¿Cuándo se dejarían de escuchar los cantos en las canchas? Hay etapas de muerte, es cierto. Solamente en Mendoza hay 232 desaparecidos denunciados. Pero la vida regresa, y regresa aún con la muerte, que es parte de la vida, como un todo perfecto.

- Quizá no se parta desde los mismos niveles que se habían alcanzado..

- Naturalmente, lo primero que volvieron con la democracia fueron las murgas, los tambores. Yo creo que las heridas eran tan profundas que no se podían plasmar fácilmente en escenas teatrales. Pero con los tambores volvieron los latidos del corazón humano.

- Y los deseos de integración…

- Claro, alrededor de estas expresiones se unió mucha gente, jóvenes que para muchos son terribles y marginales, condenados, muchas veces, por “portación de rostro”. Y sin embargo están haciendo un aprendizaje formidable. En estos días, por ejemplo, se ha realizado el IV Encuentro de los Barrios del Sur, con talleres, foros, teatro, murga, charlas, reflexión colectiva. Muchos trabajan haciendo malabares en las esquinas, son excluidos del sistema de educación formal. Son acreedores de esta democracia renga…

- Sí, muy triste…

- Pero todo llega. Y algún día, trabajando, claro, y luchando, vamos a sentarnos como seres humanos en otro círculo, donde todos tengamos el mismo valor.

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