Etre Copas I

Juan Sebastián Delgado, cellista


 

“Una vocación fuerte define tu

 

futuro…”

 


Nací en Mendoza, en 1988. Comencé el estudio del violoncello

y del teatro en mi niñez. Tuve la fortuna de recibir una formación

 

donde el arte y la cultura son pilares para la vida. Actualmente

curso mis estudios universitarios en el Conservatorio de Boston.              Creo en la solidaridad y la tolerancia cultural, como valores primarios para la paz, y no en sistemas paradigmáticos que al fin impiden el

desarrollo del hombre.

 

 

- Cuesta creerte…

 

- ¿Qué cosa?

 

- Que a los veinte años tengas tanto pasado…

 

- Yo no me doy cuenta…

 

- Pero ya te has mostrado con tu arte en Austria, Italia, Eslovenia, Croacia, en Estados Unidos… A tu edad la mayoría de los jóvenes recién empiezan a preguntarse cosas…

 

- Yo también lo hago, por suerte el cello suele responderme. Creo que todo nace con una vocación. Una vocación fuerte decide tu futuro.

 

- ¿Cómo empezó esa vocación?

 

- Francamente no lo sé. Un día, en casa de mi abuelo Víctor, encontré un pequeño cello, parecía de juguete…

 

-Y…?

 

- Yo tenía nueve años, jugué…

 

- Cinco años después dabas tu primer concierto solista…

 

- Sí, pero había estudiado con mucha dedicación, en la Escuela de Música de la UNC

y con el maestro Néstor Longo. Ese concierto fue en el Museo de Arte Moderno, y enseguida integré el “Andino Violoncello Ensamble”.

 

- Te pusiste en carrera…

 

- Sí!  En el 2003 recibí una beca de la Fundación Antorchas para participar en el “Festival Seminario Internacional de Música Barroca”, en Bariloche. Allí me perfeccioné con Manfredo Kraemer y Gabriel Garrido.

 

- ¿Nunca un partidito de fútbol?

 

- Claro que sí, yo cursaba la secundaria en Universitario Central, en la modalidad de Comunicación, Artes y Diseño.  Hacía lo que todos mis compañeros. Aunque es cierto que en el fútbol no me destacaba mucho.

 

- Mejor, te quedan los tobillos a la miseria.

 

- Preferí seguir con el cello. En 2003 y 2004 fui el único cellista seleccionado para realizar las clases magistrales que dieron Ingrid Zur y Jorg Heyer, maestros de la Universidad de Frankfurt.

 

- Son asiduos visitantes…

 

- Sí. Y ella aunque no viva en el país, es argentina. Los dos tienen una visión muy amplia de la música. En sus clases puede participar alguien que canta un madrigal del renacimiento o que ejecuta un tango con bandoneón. Pero por sobre todo enseñan a que ames lo que haces.

 

- ¿Cuando diste el salto hacia Europa?

 

- En el 2005, yo tenía diecisiete, obtuve una de las cinco becas concursadas para terminar mi bachillerato en el Colegio del Mundo Unido del Adriático, en Duino, Italia.

Allí fui el único argentino entre más de doscientos chicos de ochenta y tres países.

Fue una experiencia excepcional. 

 

- ¿Con la música?

 

- No, en todo sentido. Con la música, por supuesto. Realice estudios con el Trio de Trieste, muy prestigioso, y con la pianista Maureen Jones y tuve clases de cello con Enrico Bronzi. Pero también en un sentido general. Esa convivencia con jóvenes de todo el mundo me abrió la mente sobre la fraternidad que se puede dar entre los pueblos.

 

- No sectarismo, no fanatismo…

 

- Absolutamente.  Podía estar un chico de Kosovo y otro de Servia, un israelí y un palestino, y sin embargo, convivían bien. Se creaban lazos mucho más fuertes que

los intereses que impulsan las guerras.

 

- ¿Hablaban de Berlusconi?

 

- Estando en Italia era imposible no hacerlo…

 

- Así que Haydn, Bethoveen, Saint-Saens… y Berlusconi.

 

- Por ser músico uno no vive en una burbuja. Para colmo Berlusconi quiso cerrar ese Colegio. Para él se trataba de un gasto innecesario!

 

- Mientras tanto vos estudiabas y seguías “jugando”

 

- Sí, interpreté sonatas de Bethoveen en Croacia,  participé en conciertos en Austria, y formé un duo con un chico albanés, con quien tocamos en varias ciudades de Eslovenia, y grabamos Le Grand Tango, de Astor Piazzolla, para piano y cello.

 

- Te afloró el tanguero argentino…

 

- Me gusta el tango,  sobre todo Piazzolla. Lo incluyo a menudo en mi repertorio, sin  dudarlo. Es absolutamente universal. Un número puesto, ante cualquier público.

 

- También te oí hablar sobre José Bragato, en el programa de Roberto Valenti…

 

- Sí, fue el primer cellista de escuela que introdujo el instrumento en el tango. Mi tesis en el Bachillerato Internacional se basó en su obra, y justamente Roberto me ayudó mucho.

 

- Además lo conociste…

 

- Tuve la suerte de estar hace poco con él, en Buenos Aires.  Tiene 93 años, con una lucidez total. Estuve en su casa, me contó infinidad de anécdota de su vida musical. Algo muy rico, muy emocionante, ya que directa o indirectamente convivió con todos los grandes ejecutantes del tango.

 

- Y ahora?

 

- Ahora Boston. He sido becado por el Boston Conservatory, el Premio Presidencial y la beca Davis UWC, para realizar el “Bachelor in Music Cello Performance”. Allí seré alumno de Rhonda Rider, que es una celebridad mundial.

 

 

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