Entre Copas I

Hugo Acevedo (traductor, ensayista, poeta)


“Un montañés no tiene ancla”


- ¿Cuánto hace que faltas de Mendoza?

- Físicamente un siglo, moralmente nada.

- ¿Cómo fueron tus últimos años de estar aquí?

- Los últimos años en Mendoza todavía no los he pasado, mientras tanto hay nombres que me acercan, Fernando, María Inés. Reinaldo, Adelina..

- ¿Por qué un día se produjo la necesidad de partir?

- Partir no ha sido para mí una necesidad, sino un deber muy cuesta arriba. Buenos Aires se ha trajeado sin duda de destino, sólo que perentorio, precario y pasajero. Pero no me ido nunca…

- ¿Buenos Aires cómo te ha tratado?

- Buenos Aires no tenía porqué enterarse de la fugaz llegada de un poeta. ¿Acaso soy figulino de televisión, futbolista, político o marido de vedette? Estos son los ojos de Buenos Aires.

- ¿Y los ojos tuyos?

- No ceder en lo mío. He traducido, y se han editado, más de doscientos libros, y he sido productor de otros mil. Aparte están los propios.

- ¿Por momentos te has sentido anclado allí, siendo y a la vez no siendo de un lado y del otro?

- Soy montañés, así que no tengo ancla. Claro que para seguir andando se necesitan dos buenas piernas y ahora no puedo jactarme de tenerlas. En cuanto a ser o pertenecer, soy de unos y de otros: de los que me quieren, porque grande es mi corazón como para quererlos a todos.. También soy un devoto de la paz.

- Paz, pero no quietud.

- Así es. A mi madre, cuya sangre cuyana y teutona gira y canta en mis venas, le sobraba vitalidad. Siento que he recibido mucho de ella. Además hice deporte, que también es fuente de vida. Hasta me entrené años para romperle el morro a alguien que nunca conocí y que tampoco llegó.

- Al menos no tuviste que quebrar tu paz. ¿Te habrá servido la literatura?

- La literatura no tanto, porque a veces también es un instrumento de pelea. Mi cable a tierra ¡y al cielo! ha sido la música. Eso le heredé de mi padre.

- ¿Leer, traducir, narrar o escribir poesías?

- Leer, traducir, narrar y escribir poesías: una “cuatrinidad” unitaria.

- Escribías poesías siendo muy joven y lo sigues haciendo a los 80. ¿Qué prevalecen, las diferencias o las semejanzas?

- Es cierto, a escondidas, sin que nadie lo supiera, de muy joven ya escribía versos. La broma es que a pesar de los años sigo siendo joven. Quiero creer que la semejanza y la diferencia son las dos caras de una misma medalla. ¿Te acuerdas del Rey Jano?

- Algo..¿él podía mirar al mismo tiempo para adelante y para atrás, no?

- Sí, y Mendoza vendría a ser mi Janículo, mi bosque sagrado. Tal vez la gente amiga que llegue a leer con benevolencia mis canciones o mis himnos descubra también mi vuelo mendocino inmóvil.

- ¿Si un adolescente que nunca ha leído poesía te preguntase con quienes empezar..?

- Lo mejor sería que lo hiciera desde aquello que tuviese más cerca, es decir, su corazón. Lo demás es literatura.

- ¿Emoción pura?

- Sin resignar profundidad. Sostener y sentir por uno mismo y por todos, hasta por el criminal. Fuera de la emoción, nada; como que Mitre y Borges ya están en Lucrecio.

- El mercado  no te avalaría...

- A esta altura ya no sé qué son los mercados. Si los hay, no pertenezco a ninguno. Y tampoco sé exactamente qué es escribir bien. ¿No desafinar, tal vez?

 


 

 

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