Entre Copas II

Egar Murillo, artista plástico

“La cultura es parte de una totalidad social”


Soy un pintor tardío, en desarrollo. No creo ser un artista, para eso
me falta mucho trabajo. Escapo del facilismo de los rótulos. El arte
es algo más profundo, ayuda a comprender el mundo real, y también la vida espiritual. Nos hace más humanos...



- ¿Cuando dijiste, este es mi camino, voy a ser pintor?

- Nunca me lo dije así. Solamente recuerdo que de chico me gustaba dibujar, tal vez influjo de mi padre, que lo hacía muy bien. Componíamos un hogar humilde, pero abierto a nuestros mundos propios. Yo hasta borroneaba poesías..

- Y leías…

- Sí, creo que las lecturas me terminaron de ubicar. Recuerdo haber leído en la biblioteca del colegio Agustín Álvarez, “La invención de Morel”, y también, en la casa de un compañero de mis padres, de un libro ya desvencijado, sin tapas, un poema que me sacudió mucho, “La lluvia oblicua”. Quedé maravillado, estupefacto. Después supe que ese poema era de Fernando Pessoa… Ah, y también por entonces, yo tendría 14/15 años, mi padre me regaló un libro de pintura de Salvador Dalí.  Así fui comprendiendo que existía otra realidad por descubrir. Los libros me abrieron las puertas hacia el misterio del arte.

- ¿Cuándo empezaste estudios formales?

- A los 23 años seguía escribiendo, quería estudiar letras. Pero después advertí que la pintura me era más necesaria. Así ingresé a la Facultad de Artes. Aprendí mucho, por cierto, hice grandes amigos, pero también me confundí. Llegué a creer que de allí podía salir siendo un “artista”.

- Pero al menos definiste tu búsqueda…

- Sí, por supuesto. Aunque el clima artístico no era ideal. Primero, plena dictadura, después sus efectos. El arte contemporáneo era mala palabra para varios profesores. Sin embargo hubo de los otros, los que siempre voy a recordar con gratitud. Cristian Delhez, Eliana Molinelli, Nicolás Musso, Eduardo González. Ellos me ayudaron a resolver mis dudas, orientaron mi percepción del arte. Como más tarde Guillermo Kuitca, con quien estudié en Buenos Aires, entre el ’94 y el ’95.

- ¿Qué te aportaron esos contactos?


- Me hicieron comprender el sentido de la libertad en el arte, nuevos modos de reflexión, otras formas experimentales y expresivas que puede desarrollar un artista, el video arte, la fotografía, lo digital, el arte en proceso, todas las variaciones conceptuales admisibles en una creación.

- ¿Qué satisfacciones externas, es decir, ajenas a la pura y simple de hacer lo que te gusta, te ha brindado esta disciplina, tan dura, que elegiste?

- En verdad nada es ajeno a lo que hago. Los artistas valiosos que he conocido, los viajes que pude hacer, palpar otras costumbres, otras idiosincrasias. Ver por ejemplo en museos de Nueva York obras de los siglos XIX, XX y de arte contemporáneo, hacen que uno pueda seguir investigando, aprendiendo, a través de nuevos conocimientos y otras realidades. Todo es un proceso desde el trabajo y para el trabajo…

- ¿Y ARTEBA? Qué opinión tienes de ARTEBA?

- Es uno de los más grandes acontecimientos artísticos de Latinoamérica. Ha sido una suerte haber estado allí. Fuimos invitados, junto a Daniel Bernal, Federico Arcidiácono y Bernardo Rodríguez, por la galería de la UTN.  ARTEBA contiene el arte más actual, pero también es una feria comercial que necesita vender. Eso confunde un poco y da lugar a obras poco relevantes, que siguen modas banales, sin profundidad reflexiva, sin verdadero espesor artístico.

- ¿Y cómo funcionan en general las ventas, quienes y cómo determinan el precio de un cuadro?

- El mecanismo del mercado artístico es muy complejo. Está manejado por los países económicamente hegemónicos. Ellos bajan líneas a la periferia, donde se acatan precios y tendencias.  También influyen los grandes directores de galerías y museos, que determinan y legitiman artistas. Y por supuesto los críticos de arte y curadores, que dicen lo que se tiene que hacer y lo que no, y lo que debe comprarse. En Mendoza no existe un mercado dinámico de arte, donde el artista pueda vender y vivir de lo que hace.

- ¿Y el valor artístico? ¿Cómo y quienes determinan ese valor?


- Todos los que influyen en el valor comercial de una obra presionan, indirectamente, sobre su valor artístico, al menos en el corto plazo. Pero más allá de un momento, de una moda, creo que son los mismos artistas, los más clarividentes, los que definen la calidad y la perdurabilidad de una obra.

- En esa idea, ¿te animarías a juzgar la tuya? ¿Hay algo que te dice, en un momento, “voy bien”, o te dice “me estoy equivocando”?

- Nada me indica si voy bien o mal. Creo en lo que hago, aunque a veces pueda equivocarme, por ser un utópico anacrónico, o un bruto que pinta por pura intuición. Pero aún lleno de dudas, persevero. Escudriño en la realidad social, el poder político que opera en ese campo sensible que es el cuerpo, con su fragilidad, su brevedad. Reflexiono sobre sus sueños, sus conflictos, sus miedos, sus esperanzas. Siempre hay impulsos que salen de lo más profundo de mí, y se depositan en los espacios vacíos para convertirse en imágenes nuevas. Y si no están a mano mis guías ejemplares: Lucio Fontana, Antonio Berni, Pablo Picasso, Marcel Duchamps, Joseph Beuys, Samuel Beckett, Franz Kafka y Fernando Pessoa, entre tantos!!

- ¿Descartas obra?

Seguro!! Cuando siento que no he llegado al objetivo, tapo, destruyo, reciclo y empiezo otra vez. El trabajo es el único tesoro de un artista.

- ¿En qué medida pueden ayudar o perjudicar a un artista determinadas políticas culturales de Estado? ¿Podrías sugerir algo en ese terreno?

- La cultura es parte de una totalidad social. Es la esencia que hace a una sociedad más libre, solidaria y justa. Sin cultura, sin educación, más violencia social y más represión. Los artistas deberían ser apoyados con firmeza, sin perder por ello su libertad.  Financiar sus proyectos, como lo ha venido haciendo el fondo de becas y subsidios, es muy importante, porque desde la precariedad y la pobreza no se puede crear nada. Pero los estímulos deben ser permanentes, dinámicos y con iguales posibilidades para todos. Concursos como el Vendimia de artes plástica eran muy valiosos. Me pregunto si el de 2007 se alcanzará a hacer o pasará para el año que viene. ¿La Bienal provincial alguna vez volverá a realizarse? ¿Habrá de volver la Bienal Municipal? Son preguntas que deben hacerse ministros y creadores. La voluntad es un ejercicio de la práctica.

 

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