Entre Copas I

Daniel Talquenca (músico, docente)


“... Entre Ravel y don Lucero”

 

 

- Has llegado con tu alma, la guitarra..

 

- Lo de ahora es una coincidencia, pero es cierto, forma parte de mí.

 

- Tus primeras palabras habrán sido un acorde..

 

- No tanto, mi padre era guitarrista, pero trató de cuidarme, él pensaba que la guitarra no era una buena compañera.

 

- Y entonces..?

 

- ..Se me fue dando un entorno propicio, posiblemente sin buscarlo. Los conciertos de la tarde de Radio Nacional, por ejemplo. Yo era un pibe, pero los escuchaba con devoción. Brahms,  Debussy,  Ravel…O sino me “sincoleaba” para ver los ensayos de la Filarmónica en el Teatro Independencia..

 

- Un comienzo un poco extraño..

 

- Sí, pero cada tanto se armaban en mi casa unas guitarreadas memorables.  Solía venir un viejito sanjuanino, don Lucero, que tomaba la viola y la hacía hablar. Yo lo miraba extasiado.

 

- Ahora cierra mejor.

 

- Sí, ¡entre Ravel y don Lucero! De todos modos mi relación con la guitarra no fue inmediata,  tuvo sus vueltas. A mi gustaba ese clima, ese florecer de la música que recibía, pero al principio no pensé que yo también podía llegar a producirlo.

 

- ¿Y cómo se dio entonces?

 

- En mi casa siempre había una guitarra a mano. Así que solito, mirando lo que hacía Armando, mi hermano mayor, empecé a probar sonidos, y me fue gustando.

 

- Pero tu padre no aflojaba..

 

- No, cuando él se dio cuenta ya era tarde. Me descubrió en la tele, participando en un concurso folklórico. Y no pudo decir nada, porque además tuve la suerte de ganarlo..

 

- Después “Ecos del Ande”, “Nacencia”..

 

- Sí, vino mi etapa de integración, la suerte de relacionarme con grandes músicos, y con un  poeta como Tejada Gómez. Eso fue algo mágico. No tenía veinte años  y ya componía canciones con él.

 

- Hagamos un salto ¿Como ves a la música cuyana ahora?

 

- ¡Sigue siendo hermosa! Pero tiene un problema grande de difusión. Aunque eso tiene su lado bueno, porque la preserva, la mantiene pura. Pareciera que otros géneros admiten más el “bastardeo”. Porque si uno se fija bien, lo que se difunde más no es lo mejor de cada género, lo más auténtico, sino sus derivaciones más ruidosas, mas chabacanas. Se difunde mucho” changate-changate”. Horrible.

 

- Es cierto, pero también hay buenos cultores, que trabajan una esencia con aires nuevos y con calidad. Acá mismo, hay más buenos conjuntos de tango que..

 

- El tango requiere una orquestación muy exigente. Hay que hacer arreglos para cada instrumento. Por eso los grupos no pueden ser malos. Pero además el tango tuvo a Piazzolla, un genio mundial, él los hizo crecer a todos.

 

- ¿Un solo artista puede determinar un rumbo?

 

- No uno solo, que surja de la nada. Hay que ver los procesos. Piazzolla, por ejemplo, es el punto culminante de una corriente, donde estaban Troilo, Pugliese, Salgán. También lo fueron en su momento Yupanqui, Falú, Ariel Petrocelli o Mercedes Sosa. O nuestro Dardo Palorma. Son esos monstruos que se plantan y dicen, escuchen esto. Y cambian la dirección del gusto. Lamentablemente ahora triunfan los que hacen al revés. Dicen, a ver, que quiere escuchar la gente, y tocan eso. No son artistas, desconocen cual es su deber, no dejan nada. ¡Mirá si Piazzolla hubiera elegido tocar como le gustaba a la gente!

 

- Pienso que  hoy sos una carta fundamental para la renovación del folklore cuyano. Ejecutás un tema de doscientos años y suena actual. Pero te veo un poco solo..

 

- No, en Mendoza hay una camada de músicos excepcional. Es posible que de allí salgan quienes interpreten la situación y lleven adelante los cambios. Talento les sobra.

 

- ¿Y lo tuyo a la vista?

 

- Muchas cosas, como una edición nueva de la “Tonada larga para el país del sol”, que hicimos con Tejada. Y seguir con la gente de “Guitarras de América”. Ese es un trabajo maravilloso. Me ha permitido conocer una gran cantidad de países, aprender una grandeza que suele estar escondida. En Colombia, en Brasil, en Venezuela. ¡En Perú! Escuchás a las cantoras populares en las calles de Lima, las “limeñitas”, y la vida te desborda. Y por supuesto, también me permite mostrar lo nuestro. Yo digo en todos lados, miren, esto es lo que hacemos en Mendoza.. Alguna vez empezamos con una décima del romancero español, pero hubo otros ritmos que ya estaban en nuestros Andes, bajaron del norte, pasaron por Chile y ahora suenan así…

 

 

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