Desde los Otros

Sobre su obra en general

DOBLE MAESTRIA

“… J.L.M. es un poeta, no un aficionado a la poesía ( .. ) no sólo lo es por su trascendente inquietud, (dado) que su pensamiento apunta a lo esencial en la condición humana, sino también por su talento en el manejo del lenguaje, maestría en el arte poético, doble maestría por la elección de sus temas, en la composición del tema sería más acertado decir, y en la traducción poética de sus preocupaciones” (MARIA ANGELICA BOSCO)

 

 

 

Lo SAGRADO y lo PROFANO en la POESIA de José Luis Menéndez


(Por Ana F. de Villalba)

 

José Luis Menéndez es uno de los poetas que aparecen en la literatura nuestra con un bagaje personal de buenas lecturas y conocimientos de la literatura contemporánea. Menéndez escapa a toda clasificación. Antonio Requeni, al comentar su último libro Conversación con Poe dice: Sos un poeta, un excelente poeta… y atribuye a su poesía belleza, lucidez, emotividad. Tres cualidades que pueden hallarse en cualquiera de sus creaciones, tanto en verso como en prosa.

 

Aquí está el paraíso.

En las ecuaciones del pan.

En la trama paciente del amor y del odio.

 

En la sabiduría de los pecadores/que intuyen (lo mismo que Heine)

de qué altura nos llama

el más lívido y viejo ritual de servidumbre.

 

                                    (Juego sin límites, Ediciones del Dock, Bs. As., 1990)

 

Aunque ningún tema de su entorno le es indiferente, hemos destacado esta faceta temática de lo MITOLÓGICO, que destaca en el epígrafe de E.M. Cifran:

 

En la vida de todos los días alternan la cosmogonía y

el apocalipsis. Creadores y demoledores cotidianos

practicamos a una escala infinitesimal los mitos eternos.

 

A José Luis Menéndez no sólo le interesan los mitos primordiales, arcaicos, de cuya simbólica se nutre en ocasiones su rico lenguaje poético, sino también la supervivencia en los que la memoria del inconsciente colectivo actúa o acuña en otros mitos de la modernidad. Así los de Dulces moradas, Macondo, Cepas de Orfeo, América, Café con Beaudelaires o Superman.

 

No hay actitud declamatoria en su proclamado fervor por el verbo poético encarnado en el decir de sus poetas preferidos, como César Vallejo, Walt Whitman, Miguel Hernández o E. A. Poe, por ejemplo. Como dijimos en otra ocasión, le sirve este sentimiento para componer su ardorosa fe en los valores humanos que signifiquen la libertad, la justicia, la afirmación de la identidad, no sólo a través de sus propias raíces. Por otra parte hay que destacar que incorpora, en no pocas ocasiones, al tono lírico un dejo burlón de intención aleccionante, logrado sin caer en el humorismo estéril o en la prédica. Está en cada tema la presencia de un poeta que vive verticalmente el presente, pero que a la vez no pierde de vista al referente histórico, como un modo de confrontar latentes realidades atemporales. Acude para ello al lenguaje metafórico menos usual, apoyándose en ricas imágenes sugerentes, como cuando se refiere a la América india

 

Como un triste guanaco

poblado de cuchillos

o una vasija de alas abiertas o aquellos de Abancay: Mas

                                                         /de aquella chichería

una voz creció para quedarse

por ser otra cosa de la peste

para ser su mula otro fantasma.

Y esa foz de Felipa con cien manos

Repartiendo la sal entre los indios…

(Tierra firme, en Uno más uno, Edic. Culturales Mendoza,

                                                         noviembre de 1991).

 

Una tristeza sutil envuelve estos poemas que trascienden lo circunstancial, lo pasajero. En cada uno de los veinte poemas está su deseo de racionalizar la transcurrencia del hombre por la historia. Capta el instante en su brevedad, pero durando, el placer en su goce interior y la muerte como admonición para los que quedan. Así construye su poética, una especie de poética vital. Si bien ésta generalmente pertenece al modus operandi del autor. Aquí se ejercen también los poderes que le dictan un modo de sentir la experiencia de lo real y los delirios y sueños del poeta. O. Gianuzzi lo dijo más cabalmente:

 

La poesía de José Luis Menéndez es una presencia viva y

palpitante, por la lucidez del pensamiento que la engendra

e impulsa sin tregua. Intensa de nociones y a la vez de car-

ga emocional, son los atributos que la definen y le confie-

ren un carácter dramático.

 

                                    (Contratapa de Juego sin límites).

 

Frente a su último libro, Conversaciones con Poe (Ilustraciones de José Bermúdez, Edic. Culturales de Mendoza, septiembre de 1995) nos planteamos otras consideraciones. Si bien todos sabemos lo mucho que nunca agotaremos lo que es capaz de sentir, intuir o razonar un artista frente a la obra de otro, cualquiera sea su ubicación cronológica o geográfica. Ya se expone claramente en los conceptos del Encuadre (contratapa del libro citado). He aquí que a nuestro poeta, buen lector, un día lo conmueve la cuentística de E. A. Poe. Sus motivos lo llevan a escribir lo que ligeramente pudieron ser divagaciones líricas. Aclaramos que nos son los temas de esos cuentos que después elige o selecciona, sino los motivos (de motus: movimiento que compulsa o genera un desarrollo temático en literatura): los eternos mensajes de las cosas, la belleza inalcanzable, la muerte de un ser amado, los miedos, la nostalgia, la locura agazapada…

 

Quizá Edgar Alan Poe fue uno de los genios indiscutidos que generó toda clase de interpretaciones. No escapó por supuesto al psicoanálisis y a la psicocrítica. Basta recordar el ensayo famoso de María Bonaparte (E. A. Poe, sa vie, son ouvre. Etude analytique, citado por Humberto Eco en Lector in fábula (Op.Cit)). María Bonaparte usa los personajes poeianos para hacer en realidad una interpretación psicoanalítica de su autor. Otros son los criterios de Jacques Derrida para La carta robada (Le facteur de la verité, Millán, Adelphi, 1978), o los de Lacan, aunque estos criterios críticos se usen para otros fines que el de LA COOPERACIÓN INTERPRETATIVA del lector modelo que propone U. Eco.

 

José Luis Menéndez no nos traduce líricamente el cuento de Poe, nos abre una nueva posibilidad de lectura, nos acerca a ese instante del goce textual, creando otra versión de la fábula o de sentido germinal del relato. Del mismo modo, suponemos, opera Bemúdez cuando compone con trazos recios o agudos su interpretación plástica de los mismos.

 

Estos dos sencillos vecinos –de aficiones simples y vena

sedentaria- como reza el hermoso párrafo de la contrata-

pa, solían fugarse sin embargo hacia honduras de tierra

navegable, perdidos en los planos encantados del mundo,

donde al conjuro de ritos e invocaciones fantásticas juga-

ban a cambiar el orden habitual de las cosas.

 

Este juego al que se hace referencia es, en síntesis, la ley primera del arte, un arte combinatorio donde juegan las palabras, la luz, las sombras, la línea y el temblor del alma. Feliz conjugación de valores estéticos en un libro que incita a la doble mirada.

 

en DIALOGISMOS, Ediciones de Fac Filosofía y Letras, UNCuyo)

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