Desde los Otros

Sobre REUNION CON POE

LECTURA DE PRESENTACION

 

(Por Angel Bustelo)

 

Lo primero que he sentido al terminar de leer este nuevo libro de JOSE LIS MENENDEZ ha sido asombro, por su contenido y por su forma, cómo pueden escribirse páginas tan bellas, que corresponden a veinte trabajos en prosa y verso del gran escritor norteamericano EDGARD ALLAN POE (1809-1849).

Hace tiempo que no leía a POE y sin embargo a medida que avanzaba en la lectura iba recordando pasajes de su obra, en particular del poema “EL CUERVO” que me trajo reminiscencias de mi juventud de estudiante. Veinte centavos bastaban para tener en pequeño formato, publicados por editorial CLARIDAD, los trabajos más célebres de la literatura universal. Esos veinte centavos para un estudiante pobre, representaba un paquete menos de cigarrillos, o dos películas, acompañadas de un piano tristón, y un café intomable, en sala que apestaba a tabaco barato. Mientras los compañeros de pensión, que se llamaba “LA TRENTINA”, marchaban al cine, o a ver muchachas por la calle Siete y buscando distracción a la tarea del día, entre códices y pandectas, yo me recostaba en la cama friolenta y antes de dormir había devorado algunas de esas obras inmortales, como las “NOVELAS EJEMPLARES” de CERVANTES, el sufrir de los rusos a través de GOGOL, GORKI, DOSTOIEVSKY, o páginas más livianas, como LA AMADA INMOVIL, de AMADO NERVO, o NISA DE REQUIEM, de ALFREDO BUFANO.

Finalizado el año, al retornar a Mendoza, recuerdo que en el baulito, colmado de ropa y libros de Derecho, iban esos tomitos pequeños, que todavía conservo, en recuerdo de aquellos juveniles años, abiertos a las inquietudes y desazones de la adolescencia.

Entre tanto libro que había leído, en mis noches platenses, estaban varias obras de POE, relatos como el CRIMEN DE LA CALLE MORGUE, de inspiración detectivesca, el titulado “POESÍAS”, donde figuran algunos poemas, de los trabajados por Menéndez, quien, con mano de hábil cirujano penetra en ese mundo de padecimiento y horror que signa la obra del vate norteamericano.

Leyendo, con admiración, el libro de Menéndez, me regresó el placer de aquellas lecturas de mi POE juvenil, cuyo espíritu flagelado marchaba a compás de mis tristuras de jazmín floreciendo. He puesto en la mesa de luz aquellos tomitos, de la estudiantina, para posar mis ojos, a veces aterrados, sobre los renglones del desesperado. El mundo complejo de POE, destrozado por horrores y visiones apocalípticas, se refleja fielmente en la recreación de los trabajos de Menéndez. José Luis ha conseguido introducirse, en el ámbito de la penitente vida de POE, y ha hundido el escalpelo como si se tratase de sus propias carnes. Y ha logrado el misterioso enigma, dando la impresión que es POE mismo el que sigue escribiendo, como en catársis suprema, la infinita angustia de sus lamentos que el tiempo ha convertido en páginas que enriquecen el tesoro humano.

Como quiera que sea, lo cierto es que esta reunión de Menéndez y Poe, se ha realizado en la casa de éste, en un mundo de melancólica tiniebla.
Allí fue Menéndez, a la oscuridad. ¿A qué fue? A sembrar. “REUNIÓN CON POE” es un manojo de flores nocturnas, flores idénticas porque todos los poemas son uno solo.

Un único poema, que responde a un solo estado de ánimo. Y quizás aquí resida el mayor valor de este estupendo libro: en la obsesión, la búsqueda conceptual, la permanencia de un solo perfume desde el principio hasta el fin.

Después de leerlo, las sombras serían sólo un detalle.

José Bermúdez ha ilustrado el libro, como si algo faltara a este templo de belleza. Sus trabajos contemplan armoniosamente los textos de Menéndez. En ambas obras, reina la misma armonía: la del escritor, hundiendo la pluma en el mundo lacerado de Edgard Poe; la del ilustrador – poeta también –manejando maestría, poniendo el buril en labor de finísimo dibujo, al ingresar en el alma de aquel atormentado.

Bella combinación, entre dos artistas, autores de este libro perdurable, por rico de sustancias valederas.

Los veo inclinados sobre la página blanca, arrancando del cerebro, lo que mandaba del corazón, el suyo, el de aquel poeta, castigado por tormentos que le infligió la suerte.

La letra llama en el jardín de tinieblas, y la mano dibuja fantasmas y visiones paranoicas, que llevaron por la senda maldecida aquella imagen de la desesperanza.

Conozco a Bermúdez desde que era joven. Yo avanzaba por sendas escabrosas, entre maledicencia y desbordes. Defendiendo perseguidos, un día de repente tropecé con el héroe, que trasmitía inocencia por todos los costados…

Era José Bermúdez, el joven casi niño, con su cuerpo flagelado en sala de tormento, por los sátrapas de siempre. Cuando la ocasión hace que me encuentre con Bermúdez, vuelvo a cobrar la visión de entonces; un joven patriota de fortaleza moral, que los bárbaros no pudieron derribar. Combinación extraña y milagrosa, propia de los privilegiados, hechos paradigma.

Mientras me deleitaba, viendo esos dibujos tan bermudianos, finura y equilibrio, pensaba en su capacidad de angustia, capaz de trasmitir los dolores de ese otro golpeado por los rigores de la vida.

Se habían encontrado dos almas gemelas.

Versos los de Menéndez que permiten explicar lo que sucedía en aquel tormentoso espíritu lleno de tribulaciones fermentadas en el talento del escritor bostoniano.

No se trata de comentarios alrededor de una famosa obra, ni basta con que a ella se la admire, hasta todos los límites. Es mucho más. No el análisis frío y calculado, hecho por exégeta con la cabeza fría y profundizando el análisis. José Luis Menéndez se pone a escribir sobre POE, en purificada simbiosis, en medio de los estremecimientos de su sensibilidad, ante la lectura del atribulado.

Busca y encuentra esa reunión, apetecida, con POE y lo colman las visiones terroríficas, de aquel ser atravesado por todos los cuchillos de lo desorbitado, enfrentando las injurias que puede contener una vida. Menéndez ha leído y releído los cuentos, narraciones y poemas, colmados de sangre, resucitada en horas tenebrosas. Estos textos le han parecido que eran los de un Dios que abjuraba haber puesto sobre la tierra esas carnes sufrientes.

Basta a tanta angustia acumulada, que empuñó la pluma, ansiosamente, y nos dio este libro de inasibles ternuras ante un dios derribado.

Nos toca ahora decir: Gracias, José Luis, por la lágrima derramada, constatando que pueden haber horrores peores a los que estamos viviendo.

Cuando POE en su poema “EL CUERVO” pronuncia la sentencia irreductible “NEVER MORE”, comprendemos, por qué se eligió ese nombre “NUNCA MÁS” para reflejar penas de una sociedad sumida en la desesperanza y el martirio, en aquellos años de la patria en sombras.
 

(Leido en el acto de presentación por Jorge Sosa)

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BUENA POESIA
  

(Por Luis Abrego)

Sin dudas, Reunión con Poe es el libro más importante de José L. Menéndez, pero también uno de los más valiosos (junto con el lanzamiento de Cúneo, Straniero, Arverás, Pereyra, Lorenzo, Manzur) de la prolífica producción ’95 de Ediciones Culturales. Su madurez poética no es más que la confirmación de interesantes esbozos ya planteados en Juego sin límites o a través de las páginas de la revista Aleph, donde colabora.

La incursión acrecienta un estilo propio, lejos de regionalismos absurdos y muy cerca de una literatura de peso, comprometida con la palabra para generar más palabras. Sin embargo, José Luis no comete el pecado del sin sentido. Por el contrario, cada adjetivo tiene la precisión del orfebre que trabaja su pieza hasta lograr el encaje total. Si a esto se le suma la ilustración a cargo del maestro José Bermúdez, el resultado no puede ser menos que magnífico. Como un espejo de talentos confrontados, el libro es entonces una obra de arte en sí mismo. Un libro breve, que se puede leer de una sola vez, pero que seguramente se volverá a disfrutar. Como los misterios de Poe, que no por casualidad –mucho menos por ingenuidad- inspira desde el título.

“Nos pasamos la vida / perdiendo nuestras cartas / Pero nadie las tiene / nadie  las encuentra…”, dice el poeta, como advertencia inicial. Tal vez la literatura no sea más que un eterno ejercicio de ajustes y desajustes de palabras en busca de la imagen perfecta, y en eso a los verdaderos escritores se les va la vida.
 

(Diario UNO)

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REUNION CON POE

 

(Por Delia Travadelo)

 

Conocíamos a este valioso poeta mendocino por otro libro suyo “Juego sin límites”, editado con el espaldarazo de Joaquín Giannuzzi en 1990. Hoy nos llega esta “Reunión con Poe”, que ahonda en los laberintos escarpados y terribles de la creación poética, ciñéndose a la capacidad reveladora de un escritos lejano, potente y desesperado.

Poe está y no está en estos registros de un espíritu afín a aquel poeta obsedido por desentrañar las profundidades abismales del infinito, los mares negros más allá de la muerte, buscando las respuestas que la insuperable ignorancia del hombre es incapaz de develar. En los versos de Menéndez subsiste aquel misterio, aquella poesía de la melancolía, la atmósfera ominosa de esas historias estremecedoras, que desvelaron muchas de nuestras horas de lectura. Persiste en esa teoría de personajes trágicos, patéticos, lúgubres, que avanzan espantables desde aquellos relatos hasta estos poemas:

Virginia Clem: …”y ni siquiera un poeta, /tu poeta, /el develador de enigmas, /el nochero furtivo…/ pudo hallar la carta abierta, /aquella que guardaba /solamente /tu nombre.” (p. 14)
W.Wilson: …”Pero no puedo sacudir mi sombra, /-ese lobo que llevo /mordiendo los caminos… (p.22)
Eleonora: “…Bastaba con mirarla /para saberlo todo. /Campanilla del aire, /regocijo de la verde sombra. (p.33)
El Sr. Valdemar: “…Llaga sobre llaga. / Te olvidas que adelante varios panes de tierra / esperan por tu rostro. (p.45)
Morella: “…Esa noche, Morella, /fuiste una bruma herida, un Pensamiento. /Un aire de jazmines /goteando hacia los sueños. (p.49)

Pero esas estrofas que bosquejan sus perfiles y los instalan en nuestra sensibilidad, tienen la marca original de un verdadero creador que nos trasfiere, a su vez, un ámbito suyo, un espacio propio que tiene su letra. La sombría poesía de su lenguaje surge en las síntesis evocadoras, en esas imágenes como trasoñadas, en esa escritura dura, seca, casi sin adjetivos, que nos lleva más allá de las ficciones que la engendraran, para ofrecernos nuevas zonas avizoradas, relaciones inéditas entre esta nuestra humana realidad y las regiones inabarcables de la fantasía. Límites borrosos que fluctúan entre ese ayer cargado de presagios y este sentir del hombre contemporáneo, mutuas invasiones, vasos comunicantes extendidos en territorios mágicos y secretos como esos de la infancia a los que el escritor dedica su libro:

“Al niño que viajaba en barcos de papel
y sabía de fantasmas y escarabajos de oro
y extraviaba en la noche
sus tesoros secretos.
Adonde quiera que se encuentre.”

Es cierto lo que dice Menéndez en las líneas preliminares del poemario, que titula “Encuadre”, y que es una justificación de su intento de recrear a un clásico:
“Todo gran autor conserva una sustancia amurallada, algo que sigue siendo absoluta y definitivamente suyo, por sobre toda crítica y manipulación. Aquello en lo que resida, quizás, su verdadera grandeza, y por lo cual, aunque sean desmenuzados, durante décadas, durante siglos por generaciones y generaciones de aprendices, siempre tienen para ofrecer alguna huella virgen algún aspecto inexplorado; la incitación, en suma, a un nuevo atrevimiento.”

En el caso de Poe, habrá siempre para abordarlo nuevos caminos inesperados que seguirán trazando épocas, escuelas, sensibilidades. Menéndez, devoto lector, ha sabido encontrar el suyo y, sin dejar de ser él mismo, nos ha brindado nuevas visiones de un arte prodigioso y de un mundo enigmático, cargado de simbolismo, angustioso y fatal.

En la contratapa del libro, algo de esa ardua labor nos es revelada:
“Durante varias y siempre imprevisibles noches, dos sencillos vecinos de aficiones simples y vena sedentaria, solían fugarse, sin embargo, hacia honduras de tierra navegable, perdidas en los planos encantados del mundo, donde el conjuro de ritos e invocaciones fantásticas, jugaban a cambiar el orden habitual de las cosas. Escondían caballos en pajares de tinta, que después ellos mismos incendiaban. Descubrían efigies de amor en la soledad de los pantanos, Atizaban estrellas con mapas de ceniza. Molían la piedra de los campanarios anidados para que la memoria se abriese como un polvo de pájaros. Y hasta hablaban-, es lo que decían-, con un viejo famoso, libre ya de máscara y tormento. En cada amanecer, por supuesto, todos los delirios se apagaban. Apenas si quedó, como recuerdo prescindible, este gris espejismo de papel.”

Las ilustraciones del conocido artista plástico mendocino, José Bermúdez, agregan sugestión y belleza a los poemas, cada uno de los cuales acompaña. Son grabados de incisión fuerte y neta que han logrado captar, en espléndidas síntesis, las acosadoras fantasías de ese crispado universo oscuro, sobrecogedor, que las fuentes literarias dejan fluir en libre emanación fecunda.
 

(Gaceta Literaria, Santa Fe)

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ARTISTAS POR DOS

 

(Por Luis Abrego)

 

Veinte poemas, veinte dibujos. Sólo los necesarios para plasmar un libro de arte: por las palabras de Menéndez; por las formas de Bermúdez; capaces de envolvernos en un clima único, de donde se emerge con fuerza de la mano de estos dos artistas notables, que reunidos justifican cualquier conceptualización de sus obras.

 

Reunión con Poe es un exquisito muestrario de la poética cada vez mayor de José Luis Menéndez, que esta vez bajo la excusa de la reelaboración de un grande como Edgar Allan Poe, nos acerca un libro excepcional. Como si la poesía no tuviera peso en sí misma. José Bermúdez trabajó cada poema e hizo con tintas lo mismo que antes se había hecho con letras.

 

 Es un lujo que Mendoza tenga entre sus artistas a Menéndez y Bermúdez, pero mucho más que el Estado tome a su cargo la edición de estos materiales. Un libro notable, indispensable para quien ama la poesía, la plástica o ambas.

 

 (Revista Primera Fila, Mendoza)

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