Desde los Otros

Sobre ORFEO EN LA CIUDAD

 

NO ESTAMOS SOLOS

 

(Luis Benítez)

 

Hace mucho que no tenía el placer de leer páginas tan bien escritas, tan bien meditadas, tan acertadas como para describir con llaneza meridiana fenómenos tan complejos como los que se tratan en este libro. En el basural de lo mucho impreso que circula por aquí, en esta odiosa ciudad de Buenos Aires, ORFEO EN LA CIUDAD se destaca como uno de los mejores ensayos que he leído sobre esa indefensa materia (indefensa, bien sabemos, en apariencia...) que es la poesía. 

Esta obra me ha impresionado y me ha conmovido como hace mucho no me impresionaba ni conmovía ensayo alguno y que, además, me ha devuelto alguna esperanza respecto de que no estamos tan solos en este erial en que los mercaderes y los monederos falsos han convertido al panorama literario nacional. 

(...) Particularmente, siempre supe que los buenos lectores y autores están mayoritariamente fuera del perímetro de esta Cabeza de Goliath que quiere pesar más que el cuerpo. Y reconforta saber que, a pesar del desfile de máscaras que se muestran tan a menudo en el mezquino panorama que nos rodea, en mi país hay gente leal al género y que lo pone por escrito.

He leído ya dos veces este magnífico ensayo y lo tengo en mi biblioteca con orgullo.

 

(Adaptado de carta personal)

 

 

 

VOCES QUE DERRITEN EL CEMENTO
 

(Por Alejandro Frías)


La búsqueda de la poesía es, para quienes la emprenden, infinita e inagotable, porque ella, esa suerte de diosa fugitiva, puede esconderse en cualquier rincón, bajo cualquier piedra. Y la ciudad, por más oscura y sórdida que pueda ser, también la acoge.
 
El poeta mendocino José Luis Menéndez lanzó “Orfeo en la ciudad (Blake, Baudelaire, Ginsberg, Gelman: las venas abiertas de la razón mítica)” –Ediciones Alphalibros–, una caminata por las sendas que la poesía ha recorrido desde el siglo XVIII hasta la actualidad.
 
Partiendo del mito de Orfeo, ese ser capaz de encantar con su arte, Menéndez indaga a los autores en la búsqueda de esa “razón mítica” que se esconde en las ciudades y que está en manos de los poetas develar.
 
En el derrotero de los siglos abarcados, Menéndez va estableciendo las relaciones que cada uno de los poetas elegidos ha podido establecer con su entorno (físico, cultural, ideológico, político y hasta económico) para poder así libar de las paredes, de las calles y de los parques, la poesía.
 
¿Qué elementos pueden hacer de una persona un poeta?, parece ser la pregunta germinal del trabajo de Menéndez, a la que se suma de inmediato una mucho profunda: ¿Quiénes fueron esos poetas?
 
Las guerras y los odios, los amores y las pasiones, el destierro, la soledad y la locura son los materiales con los que, a juicio de Menéndez, estos Orfeo citadinos encadenan los acordes que suenan en sus liras.
 
Hay una suerte de tristeza que la ciudad pareciera querer impregnar en la voz y en la piel de los poetas, pero contra ella aparecen la fortaleza y la capacidad de hallar las luces en las sombras de parte de estos seres que, si bien poetas, se revelan humanos también perdidos, como la humanidad toda, son capaces de encontrar los intersticios por los que asomar las manos y pedir ayuda, pedir un instante más, un espacio de paz, aunque sus palabras sean una guerra en sí.
 
José Luis Menéndez nos hace una invitación, y acompañarlo promete buenos momentos.

 

(www.muchamerd.com.ar)


 

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