Calle Angosta 2010-2011

Teoría de la Decadencia


TEORIA DE LA DECADENCIA


    Esta nota se hizo casi sola, en una de esas temibles cenas de casamiento, donde cada comensal conoce al novio o a la novia, pero no se conoce con su vecinos, y ninguno sabe de que hablar y entonces uno llega a bendecir la música estridente y la sucesión de fotos de los nuevos esposos, juntos con sus padres, hermanos, cuñados, tíos, abuelos, antiguos compañeros de aula y mascotas lejanas.
    La primera conversación que se intenta en tales casos, al menos entre hombres, suele ser sobre fútbol,  casi siempre inocua y distendida. Esta vez el tema se inició comparando el fútbol de antes con el actual. Quien escribe, no pudo menos que brindar su aporte: -Independiente, en los '40, tuvo a Erico, en los '50 una delantera histórica, Micheli, Cecconatto, Lacasia (luego Bonelli),Grillo y Cruz. En los '60-70, pasaron nombres inolvidables, Rubén Navarro, Rolan, Pavoni, Santoro, Bernao, Yazalde, Artime, Bertoni, Pastoriza, y el más grande de todos, Bochini, que todavía siguió en los '80 con Trossero, Villaverde, Clausen, Burruchaga, Giusti, Marangoni...¿Y ahora qué? En los últimos quince años produjo un solo jugador, Agüero. Los vecinos de mesa hicieron sus aportes. Racing de Sacchi, el marqués Sosa, el uruguayo Paz... River de “la máquina”, San Lorenzo de los “cara sucias”, Boca de Rojitas, Madurga, Maradona...
    Entrando en la segunda copa el tema se abrió hacia otros deportes. En el automovilismo “teníamos” a Fangio, los Gálvez, Froilán González. En boxeo a Pascualito Pérez, Locche, Bonavena, Monzón. Y cada cual tiraba su nombre sin equivalencia presente, Delfo Cabrera, Osvaldo Suárez, De Vicenzo, Demiddi, Vilas, Sabattini...
    Con las siguientes copas la visión se hizo más abarcadora, incluyendo diversas ramas del arte: literatura, música, cine, pintura. ¿Quién es el Borges de ahora, quienes los Marechal, los Cortázar, los Roberto Arlt?  Excluyendo a Víctor Heredia, que ya ha pasado los sesenta años, quién sería el nuevo cantautor folklórico que proyecte, siquiera, la mitad de Yupanqui? Que rockero existe, no ya veinteañero sino hasta de treinta años o de cuarenta, en el nivel de Lito Nebbia, Charly García, Luca Prodan, Gieco, Cerati? Enseguida, por esa poblada, dispersa, senda musical, las comparaciones se fueron del país. ¿Por qué perduran o regresan los Rolling Stones, Pink Floyd, Bob Dylan, The Cure, Mc Carty, Serrat? ¿Quienes son o se perfilan para ser el Chaplin, el Bergman, el Fellini, el Picasso, de los nuevos tiempos?
    Ni que hablar de cuando las comparaciones llegaron a la política. De Roosvelt a Bush, de Churchill a Cameron, De Charles De Gaulle a Sarkozy, de Mao Tse Tung a Wen Jiabao, hasta la más escandalosa y risueña, referida a los hermanos sanjuaninos: de Sarmiento a Gioja...
    Todo acabó, naturalmente, junto con la última, in-numerada copa. Sin embargo, volviendo a casa, la reflexión tomó una forma diferente. ¿Ese fugaz estudio sobre tanta decadencia era   correcto? Ante una exigencia más rigurosa, ¿se podría ampliar y defender? La respuesta fue de tipo cobista, “no lo sé”; con lo cual se generó otra hipótesis. En caso de que fuera cierto, ¿a qué causas podría responder?
    Ahí vino el juego lindo. Primero se fue produciendo una contestación racional. Hay menos lugar para los procesos individuales. De aquellos tiempos antiguos, en los que unos pocos hombres concentraban el conocimiento total -Aristóteles, Miguel Angel, Copérnico, Galileo-, se ha llegado a un tiempo donde lo nuclear de la ciencia, la técnica, el arte, se encuentra completamente repartido, segmentado. Y entonces los trabajos en equipo prevalecen sobre la obra de las personas. Un ejemplo, la creación de dibujos animados, que medio siglo atrás (o más) era  inseparable de Disney. Ahora son mejores, pero, ¿quién los hace? Otro ejemplo. Cierta investigación sobre alteraciones solares, no hubiera podido realizarse sin un proceso de extrema complejidad, para el cual debió recurrirse a doscientos cincuenta mil donantes de horas de computación. En casos como ese, que suponen un gran esfuerzo colectivo, ¿quienes pueden atribuirse el mérito?
    En lo político la explicación sería distinta. Antiguamente, los movimientos y sus proyectos contenían a sus hombres sobresalientes, encargados de dirigir las acciones orientadas hacia un fin común. Ahora no. Detrás de las figuras visibles operan los verdaderos centros de poder, los grupos económicos más concentrados, las cuales  imponen, instruyen y reemplazan a sus mandatarios,  mucho más eficientes en la medida que ofrezcan mayor docilidad y menor iniciativa propia. Esos hombres, por supuesto, no trabajan para la historia. Apenas son empleados de una fuerza anónima.
    En el plano artístico afloró, en cambio, otra  respuesta, no menos terrible. ¿No será que la sociedad, sumida en un estado de indiferencia, de neo-barbarie cultural, ya no mejora ni re-crea lo que no necesita?
    Al día siguiente, vencida ya la turbación alcohólica, todo fue diferente. Todo fue el deseo de estar equivocado.

 

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