Calle Angosta 2010-2011

Rateada

“RATEADA”

    Un “faltazo” colectivo a clases cumplido por miles de estudiantes secundarios mendocinos, propiciado en Internet, a través de la red social Facebook, alcanzó el rango de gran tema nacional, imitado por estudiantes en numeras ciudades del país, y dando motivo para toda clase de comentarios e interpretaciones, desde aquellos que lo consideraban un disparate y reclamaban sanciones ejemplares, hasta otros que tendían a minimizarlo y le negaban cualquier connotación dramática.
    Es obvio que si se tratara de un hecho individual, no sería preocupante. ¿Quién que ha sido estudiante no lo ha hecho, alguna vez, sin que tal cosa afectara sus capacidades o su honra? El problema se presenta, y adquiere los alcances de un fenómeno cultural, por su amplitud, su irradiación contagiosa, y su metodología constructiva. Es a partir de allí que se imponen varias reflexiones.
    Una se vincula con el poder de las redes sociales, como nueva herramienta de comunicación,  que rompe con los medios conocidos y estudiados de la propaganda, la formación de opinión, y del agrupamiento en torno a distintas proposiciones. Se comprueba, en efecto, el surgimiento de otra  forma vinculante, muy poderosa, cuyo sentido final es imprevisible; que puede ser usada para bien, para mal, para cosas importantes o para estupideces.
    Pero el mundo virtual no es diferente, en esencia, del mundo concreto. Simplemente refleja -sólo que con mayor rapidez y menos inhibiciones- las mismas dudas, expectativas, esperanzas y frustraciones que se hallan en la vida real. Ni las virtudes o defectos que una persona tiene ni calidad de lo que pueda decir están en dependencia de los medios técnicos que utilice para actuar o para expresarse. Entonces, si hay quienes tienen cabeza de chorlito, y así efectúan actos o propuestas absurdos, el problema no pasa por Internet sino por la calidad de la educación que se está impartiendo en donde eso se produce, y obviamente, por el tipo de aspiraciones sociales y de los modelos humanos que una sociedad impone como útiles y valiosos. Internet no crea la idiotez, aunque es cierto que puede potenciarla.
    En el fondo, una adhesión tan amplia para un objetivo tan mínimo, no debiera sorprender demasiado. Basta ver la liviandad y la frivolidad instalada en la televisión, la persistencia de maestros como Giménez, Gelblung o Tinelli -que ocupan el descanso diario de varios millones de personas-, para estar en la obligación de admitir que no puede esperarse demasiado de las expresiones culturales masivas.
    El otro tema que surge es la comunicación entre los padres y los hijos. La primera responsabilidad pasa, por supuesto, por los padres. Pero aquí también se verifican cambios para mal. Los mayores han sufrido por años un lavado de cerebros mediático que diluye su capacidad de pensar; con un agravante: la brecha tecnológica. Antes un padre podía hablar con sus hijos sobre la base de su propia experiencia. Ahora ni siquiera puede hacer eso, porque los jóvenes se informan, actúan y se comunican en base a medios que los padres, mayoritariamente, desconocen.
    Los adolescentes acceden, pues, en general, de modo solitario o acompañados entre sí, a nuevos modelos y experiencias, donde lo exótico, lo negativo sin razón, lo novedoso porque sí, el exhibicionismo de los superficial, lo más fácil y rimbombante, prevalecen sobre lo que demanda esfuerzo, exige estudio y formación, y promete resultados lejanos. En ese marco, convocar a una “rateada” propone más impacto y mucho menos compromiso que, por ejemplo, convocar a la defensa de una maravilla mundial como son las acequias mendocinas, tratando que un buen día, entre varios miles de estudiantes, las dejasen limpias, libres de latas, papeles y envases de plástico, o cualquier otro desafío de valor social y de gratificación fundada.           
    Sin embargo, no todo es esta tontería que los propios medios que la reprueban se encargan de propagar.  Existe, por fortuna, otra juventud, minoritaria y silenciada, que piensa y trabaja por cosas de mayor importancia. Así que el verdadero problema pasa, como siempre, por la educación,  por los ideales de cada uno, y por el rol que aprendan y se decidan a cumplir los padres.
    P.D.: Estando esta nota cerrada, se divulgó la noticia de que un juez mendocino, dando curso al pedido de una ONG del medio, había dispuesto que Facebook dejase de publicar convocatorias para no ir a clases. No parece el camino. Primero, por una cuestión técnica. Es muy difícil, sino imposible, agarrar un pez con la mano dentro de un río caudaloso. Pero además, si frente a un tema tan menor, ya se introduce el concepto de que debe prohibirse, ¿no se estaría justificando la prohibición de todo, siempre? 
 

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