Calle Angosta 2010-2011

Malvinas Interiores

MALVINAS INTERIORES
   
    Hace pocos días se recordó una fecha muy ligada con el concepto de soberanía nacional, pero que suscita, todavía, reacciones enfrentadas: los hechos bélicos en las Islas Malvinas iniciados el 2 de abril de 1982. Un arco discursivo que va desde quienes piensan que se trata de un territorio perdido, hasta quienes proclaman soluciones basadas en la fuerza. Tal vez, en el medio, el racionalismo de no resignar ningún derecho, pero también, la perspectiva de que cualquier posibilidad vindicatoria requiere, como condición necesaria, la de construir primero un gran país.
    La relación de fuerzas “2010” concede a Inglaterra la condición de país “fuerte” y a la Argentina la de país “débil”. En ese marco, las reclamaciones que se realizan, por más fundadas y oportunas que sean, no pueden transcender, en lo inmediato, las expresiones de deseo. Pero sí podría plantearse un ejercicio constructivo de aquella grandeza, estudiando todas las islas Malvinas perdidas en el propio territorio continental, es decir, esa gradual pérdida de soberanía interior, que alcanzara su expansión más desenfrenada en la década del  '90.
    Hasta 1996, las autorizaciones para compra de tierras argentinas por parte de personas (físicas o jurídicas) extranjeras, eran concedidas por los superintendentes de Frontera. Pero en dicho año, pasaron a depender de la Secretaría de Seguridad Interior. De tal modo, solamente en el bienio 1997-1998, bajo la dirección del brigadier Andrés Antonietti y de Miguel Angel Toma, se aprobó la venta de unas ocho millones de hectáreas, iniciando una tendencia que todavía carece de un punto de reversión.
    Si bien la venta de tierras a extranjeros no es un hecho ilegal, se ha ido produciendo con tanta liberalidad, que ha vulnerado por completo el espíritu de la ley vigente, comprometiendo zonas de seguridad nacional y de recursos estratégicos no renovables o vitales, como el agua, en condiciones que ningún extranjero podría lograr en su país de procedencia.
    Hasta mayo de 2004, según datos de la Federación Agraria Argentina, unas 31,4  millones de hectáreas de las mejores tierras cultivables estaban vendidas o en proceso de venta a inversionistas extranjeros. ¡Una superficie mayor que la provincia de Santa Cruz!
    Dentro de esa totalidad existen algunas perlas especiales:
•    Luciano y CarloBenetton, con setecientas hectáreas en La Pampa y Chubut.
•    Douglas Tompkins, trescientas cincuenta mil hectáreas en  Neuquén,  Tierra del Fuego, Santa Cruz -incluyendo la naciente (en la Cordillera) y la desembocadura (en el Atlántico) del río homónimo (el más caudaloso de la Patagonia)- y Corrientes, con centro en los Esteros del Iberá, donde se encuentra el Acuífero Guaraní, uno de las reservas de agua dulce más importantes del mundo (capaz de abastecer, por varias décadas,  a una población de seis mil millones de habitantes).
•    Joe y Charles Lewis, dieciocho mil hectáreas en Río Negro, con dominación sobre el Lago Escondido y gran parte de El Bolsón, en zona limítrofe con Chile.
•    Ted Turner, setenta mil hectáreas cerca de Bariloche.
•    GNC Combustibles (Ee. Uu.), control sobre más de seiscientas mil hectáreas en Fiambalá, Catamarca.
•    Celulosa Arauco - Alto Paraná (Chile), ciento setenta y dos mil hectáreas de bosques, en Misiones.
•    Capitales malayos, control sobre casi medio millón de hectáreas en sudoeste de Mendoza.

    Este panorama, aunque no es de total transparencia ni exento de cambios por fusiones, reventas y acción de presta-nombres locales, denota una tendencia concreta, ensanchada, además, por la oferta indiscriminada de tierras que se sigue haciendo, por cualquier medio, al punto que compradores anónimos, actuando a través de Internet, han adquirido, en una sola provincia, doscientas mil hectáreas protegidas.
 

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