Calle Angosta 2010-2011

Inflexiones de la palabra

INFLEXIONES DE LA PALABRA

A un costado de las palabras nacieron los números. Cuando ya no fue posible llevar con los dedos la cuenta de las relaciones de producción y de cambio, tuvo que nacer el número aplicado, la contabilidad como técnica, la micro-economía como embrión de la ciencia económica. A un costado de los números nacieron las palabras. Cuando fue imposible llevar cuenta de los pensamientos, de los sueños, de las aspiraciones, de las derrotas y los triunfos, los hombres inventaron la palabra aplicada, la narración, los poemas.

En ambos casos el surgimiento se produjo por una necesidad concreta, a partir de las insuficiencias que se iban denotando en cada fase histórica. Luego el rigor se hizo cada vez más ancho, más alto, y cada forma se fue desarrollando, en medio de hallazgos y extravíos, sobre el pulso de oficiantes geniales.

Pero también surgieron nuevos límites. El número económico todavía parece comprimido dentro de la órbita del poder. Hay un punto en que los libros dicen, esto ya es suficiente, no sigan cuestionando, la historia se acabó, su motor es el capitalismo de mercado.

En la literatura los límites son más erráticos. Primero se siente, en un plano teórico, que ya no puede decirse nada original, que todo parece una mera repetición de viejas historias. Y cuanto más se lee, más se descubre que lo que se podría decir ya está dicho. Pero también se advierte, en la práctica, una sustitución de sentidos. Afloran variaciones personales, regresiones, infinidad de formas expositivas que oscurecen o invierten el sentido de los relatos. No en el sentido de los historiadores que interpretan una misma situación de modos diferentes, sino en el sentido de los medios y los políticos, que utilizan de tal manera las palabras que ciertos hechos son vistos como si en verdad fueran lo contrario.

La palabras acompañan entonces un proceso regresivo, agobiante, y adquieren un valor irreal, extraño a su concepto, un valor fetichista. Es entonces cuando la palabra se debe repensar, hasta volverla nuevamente al gesto. Sobreponerse a la palabra que oculta o enmascara un suceso, la que repite frases hechas, la que no se preocupa por su exactitud, la que procura no salirse de las reglas de juego de la falsa conciencia.

Esas palabras emiten cien sonidos para no decir nada. Lo mismo que con el dinero -ese otro fetiche derivado del número, que nace simbolizando el valor de cambio de las cosas reales para servir a su comercio, y termina siendo una avalancha de signos, de sustitutos virtuales, de representaciones extrañas a la realidad que le dio origen-, sucede también con la palabras.

Se las adopta para confundir, para inventar sucedáneos del amor cuando el amor se ha perdido, del honor cuando no se lo tiene, para explicar lo que no encuentra explicación. O inventar teorías de la incomunicación cuando lo único necesario es darle al desnudo una camisa, al hambriento un pan...

Las palabras son un símbolo demasiado importante para que se las apropien operantes sin ética ni compromiso. O buena parte de las “dirigencias”, para quienes los argumentos como opositores han sido su fracaso como gobernantes, y la traición es coherencia, y las convicciones de hoy un bien transable para el día siguiente. Ellos las utilizan como si fueran fugaces visitantes de un mundo que no conocen, pero del cual quieren servirse para sus fines personales.

Este planeta tiene miles de millones de seres que no tienen voz. Pero muchos actores de la palabra no lo reconocen, o si lo hacen no les interesa. Se encriptan para liberarse de la ignorancia y la maldad de “los otros”, y se prodigan, junto a colegas elocuentes, en la búsqueda de los grandes principios, de la esencia del ser, libran batallas ideológicas contra el tiempo y el número, exaltan contenidos vacíos y sostienen, desde esa pura vaciedad, derechos ilusorios.

Estas inflexiones de la palabra reviven la tensión de su primera piedra, la del gesto, en su doble valencia: primero semántica, es decir la relación de lo dicho con su significado, y luego analítica, comparando las acciones de ayer con la retórica de ahora. Así es como los gestos reafirman, de nuevo, la palabra.
 

Copyright  Power by PageCreative