Calle Angosta 2010-2011

Los Héroes prohibidos

El libro de la Feria
    

“LOS HEROES PROHIBIDOS”

    En la Feria del Libro que acaba de realizarse en Mendoza, se dieron a conocer numerosas novedades editoriales, incluyendo varias de autores mendocinos que arrastran consistencia, trayectoria, y con toda seguridad, la certidumbre de una buena lectura.  Pero hubo un libro especial, que excedió la zona literaria. En verdad todos, de alguna manera, la exceden; pero algunos “más”. Es el caso de “Los héroes prohibidos”, de Ricardo Alarcón ( “Acercándonos Editorial”, Avellaneda, 2010).
    Justificar esta elección requiere un encuadramiento mínimo de algunos hechos históricos recientes. Y observar la discordancia entre algunos postulados del derecho internacional según sea el tipo de intereses en juego y  las naciones involucradas. En particular, el caso concreto de lo que se dice y lo que se hace en torno a las prácticas terroristas.
    De un lado se encuentra, por supuesto, un Estado recurrente en infinidad de tragedias mundiales, desde la detonación de dos bombas atómicas sobre ciudades abiertas, hasta la invasión y destrucción de un país en base a un pretexto que nunca se pudo sostener, y que finalmente dejó al desnudo su falsedad. En medio de tales políticas se cuenta la invasión armada de varios países en los que había sentido la afectación de sus reglas o planeado beneficios propios. Desde México, en 1846, que le deparó los territorios de Texas y California, siguiendo por Nicaragua en 1854-5, donde sostuvo la instalación de un presidente de origen norteamericano -que dispuso, entre otras medidas de gobierno, el restablecimiento de la esclavitud y acciones armados en Honduras y El Salvador-, o por Cuba, en 1898, actuando contra España a cambio de algunas joyas: Puerto Rico, Guam, Hawai y Filipinas; para saltar después, al siglo XX, que colmaría de intervenciones directas o indirectas. Instalación en Guantánamo, 1901. Segregación de Panamá, 1903. República Dominicana, 1907, logrando por más de treinta años el cobro de los derechos de aduana. Panamá, 1908, primera de cinco intervenciones en el siglo. Nicaragua, 1911, ocupación en defensa del dictador Adolfo Díaz.  México, 1912, bombardeo del puerto de Veracruz. Haití, 1915 y de nuevo República Dominicana, 1916-1924. Honduras, 1924, en defensa de la United Fruit Company. Nicaragua, bombardeos en 1927 e instigación al asesinato de Sandino en 1934. Panamá, 1946,  creación de la Escuela de las Américas, para la formación de militares facciosos. Guatemala, 1954, derrocamiento del gobierno democrático de Jacobo Arbenz. Cuba, 1961, financiación y dirección de tropas mercenarias para el derrocamiento de Castro, derrotadas en Bahía de Cochinos. Brasil, 1964, promoción y apoyo a un golpe de estado contra Joao Goulart, presidente constitucional que se proponía nacionalizar el petróleo, y muchas otras acciones que habrían de prolongarse en hechos de memoria reciente, como los derrocamiento de gobiernos elegidos por el pueblo en Chile (1973),  Uruguay (1973), y Argentina (1976).
    En esa línea intervencionista, los Estados Unidos impulsaron o consintieron, con especial empeño, atentados criminales, actos de sabotaje, bloqueo y otras sanciones económicas contra un pequeño país vecino, ese largo “lagarto verde” que se llama Cuba, por el delito de llevar a cabo una experiencia económica y social distinta, con éxitos y fracasos -cuyo estudio no es objeto de este relato-, pero en todo caso sostenida por un amplio consenso interno, que debiera inducir al respeto  de su auto-determinación y su diversidad. Quizá la más terrible acción terrorista contra ese pueblo
fue conducida por Luis Posada Carriles, haciendo estallar en vuelo una nave de la aviación cubana, con un saldo de 73 viajeros muertos, no obstante lo cual ese hombre se pasea libremente por Estados Unidos y el Caribe, sin haber merecido ningún castigo.     
    Ante la profusión de actos y amenazas insertos en un plan de sabotaje global, y como parte de una estrategia defensiva legítima, el gobierno cubano destacó a un grupo de cinco militantes en Miami, centro de la inspiración terrorista, para la detección y posterior frustración de operaciones de tal tipo. Pero esos cinco hombres (Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino, Fernando González Llort y René González Schwerert)  fueron descubiertos por la contra-inteligencia norteamericana, y de inmediato apresados, juzgados en condiciones anormales -sin ningún atenuante por las razones de su misión, afín a una lucha de la que Estados Unidos se proclama abanderado mundial-, torturados, privados de toda consideración humanitaria, mantenidos 17 meses en condiciones de aislamiento absoluto,  condenados a penas desmedidas, y sometidos a durísimas condiciones de encierro, en las que todavía, luego de doce años, permanecen.
    El libro de Alarcón ofrece una pintura dramática, emotiva, profusamente documentada, de esta historia que simboliza, como pocas, la capacidad des-informativa y la vaciedad ética de un imperio en crisis, pero también, inversamente, la dimensión del heroísmo.

 

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