Calle Angosta 2010-2011

24 de Marzo - Ejercios de la Memoria

 

             Los 24 de marzo -fecha instituida como “día nacional de la memoria”- no constituyen un feriado más, una marca roja en el almanaque para no trabajar y adormecer el pensamiento.   Constituyen, por el contrario, una de las recordaciones más importantes de la historia presente, pues aluden, realmente, a una fecha que demarca dos modelos posibles de país. Uno que se instaló hace treinta y cuatro años, y otro que no termina de reemplazarlo. Se impone pues un diálogo maduro y creativo, con el rango de obligación cívica forzosa. Quien no entienda el significado del golpe militar del 76, no conoce nada de la historia argentina. No de aquella de hace doscientos años, sino de la reciente, la que se está construyendo ahora mismo, mientras se vive, y que no debiera tener protagonistas sin conciencia. Cada persona puede pensar como quiera, pero nunca caer en estado de amnesia, y olvidarse de lo que pasó. O en el caso de los más jóvenes, no tratar de estudiarlo y entenderlo.

            El plan económico, presentado por el ministro Alfredo Martínez de Hoz, tuvo consecuencias desastrosas para las gran mayoría de la población, y solamente trajo ventajas para pequeños sectores concentrados, ligados a las finanzas, la importación libre, con aranceles reducidos, y la exportación tradicional de bienes primarios, con escaso valor agregado. En cambio, miles de empresas industriales, en especial las pequeñas y medias, de mayor demanda laboral, cerraron sus puertas. Hacia 1980, la producción industrial había reducido su contribución al producto bruto interno en un diez por ciento, y en algunas ramas, como textil, a más del quince por ciento. Se dispuso al comienzo un ajuste general de precios, menos los correspondiente a la mano de obra.  El salario real, sobre una base 100 en 1970, que había subido en 1975 a 124, cayó en un solo año a 79, el nivel más bajo desde los años '30.  Como consecuencia,  la pobreza, que -según datos del INDEC para el Gran Buenos Aires- era del 5,8% en 1974, subió al 12,8% en 1980 y al 37,4% en 1982. Por su parte, la deuda externa, que se situaba hacia fines de 1975 en ocho mil millones de dólares, habría de llegar, al concluir 1983, a cuarenta y cinco mil millones. Ese incremento colosal fue el resultado de operaciones descontroladas y delictivas, según  se comprobó en el caso «Alejandro Olmos c/ Martínez de Hoz y otros s/ Defraudación», en un fallo lapidario, de 196 fojas, dictado por el juez Ballesteros, el 13 de julio de 2000, que no ha tenido, sin embargo, ninguna consecuencia práctica.

            La ejecución de esta clase de políticas, exigía naturalmente un pensamiento vacío y una población paralizada por el terror. Trabajadores, estudiantes, protagonistas de la cultura y de la ciencia, escritores, artistas, fueron silenciados por encarcelamiento, muerte, exilio, o por esa forma macabra, extraña a todo código moral, como fue la desaparición física o los tormentos familiares -en un arco que incluía la sustracción de niños.

            Otra de las víctimas del “proceso” fue la producción literaria. Cumpliendo la premisa del poeta Heinrich Heine, la quema de personas se completa con la quema de libros. El mayor incendio de palabras en Argentina, el más “didáctico”, se llevó a cabo con un millón y medio de ejemplares del Centro Editor de América Latina, en un baldío de Sarandí, el 30 de agosto de 1980. Infinidad de acciones paralelas podrían acopiarse como un verdadero muestrario del disparate -y hasta del humor- si no prevaleciera su trasfondo irracional y trágico. Por ejemplo el Ministerio de Cultura y Educación de Córdoba prohibió "La torre de cubos", un libro para niños de Laura Devetach, alegando "graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológico-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes (..) y criticar la organización del trabajo, la propiedad privada y el principio de autoridad". "Un elefante ocupa mucho espacio", de la escritora Elsa Bornemann, fue prohibido por describir una huelga que hacía un grupo de animales. Otro libro infantil, "Cinco Dedos", escrito en la Alemania Occidental -en el cual una mano verde persigue a los dedos de una mano roja, que para defenderse se unen y forman un puño colorado- fue quitado de circulación, mientras su editor, Daniel Divinsky, estuvo cuatro meses detenido a disposición del Poder Ejecutivo de la Nación. Un libro de física, “La cuba electrolítica”, fue secuestrado por contener la palabra “Cuba”.

            Pero la literatura nunca se rinde. Aún en huida, pasando de mano en mano entre papeles microscópicos, reflejando realidades con alusiones fantásticas, o reconstruida tras añares de duelos y silencios, las palabras se siguen agrupando para nombras las cosas. “El vuelo del tigre”, novela alegórica de Daniel Moyano, es un caso paradigmático. Obligado a esconder su primera versión -que nunca pudo recobrar-, detenido, torturado y finalmente exiliado en España, fue reconstruida por el autor, apelando a su memoria indemne, y se convirtió en una pintura colosal de la historia argentina.

            Los hechos suceden en Hualacato, un pueblito “perdido entre la cordillera, el mar y las desgracias”, donde una familia, los Aballay, viven tranquilamente hasta la irrupción de los “percusionistas” que alteran su armonía. Llegan de noche, silenciosamente, “mezclando su percusión, sus ruidos, a los ruidos de la vida”, y organizan “patrullas parlantes” que recorren las calles de Hualacato “corriendo a disimular los ruidos en los barrios”. Estos “tigres” que andan de rondas por el poblado, entran en los hogares e imponen su presencia: “Si no quieren tocar los obligaremos, dicen los percusionistas, y de noche los camiones van por las calles de Hualacato, paran en las esquinas, bajan hombres y golpean las puertas en busca de gente silenciosa...” La familia Aballay vivirá su propia situación de encierro bajo la vigilancia de Nabu, quien, como los demás percusionistas, impondrá nuevos hábitos y maneras de actuar a quienes él considera “peligrosos”, “músicos que se negaron a tocar”. El jefe de los tigres percusionistas, Nabu, al igual que los comandantes militares del país, se auto-designa “salvador”. Dice: “Soy salvador porque elegí serlo (..) Vengo a organizar las cosas, a enseñarles a vivir en la realidad y sacarles los pajaritos de la cabeza...”

            Esta novela de Moyano fue re-escrita y editada en Madrid, en 1981. Otros escritores que 

hicieron narraciones sobre la misma época, buscaron ambientaciones más directas, aunque variando los ejes temáticos. El cine brindó, por su parte, infinidad de películas alusivas, como “La historia oficial”, “El exilio de Gardel” o “La noche de los lápices”. El arte y la poesía produjeron sus propias visiones. Entre ellas, gran cantidad de obras del mendocino Carlos Alonso, mientras Juan Gelman, construía, por su parte, una lírica excepcional sobre la desesperanza y el exilio, diciendo, por ejemplo: “Con las caras de una palabra quisiera hacer piedras y mirarlas todas hasta el fin de mis días. Esas caras siempre tienen otras fugitivas de la boca. Morder la piedra, entonces, es la tarea del poeta, hasta que sangren las encías de la noche. En esa noche navegará sin rumbo fijo, desconfiado de todo, en especial de sí, mirando espejos que cantan como sirenas que no existen. El poeta se atará al palo mayor de su ignorancia para no caer en sí mismo, sino en otro país de aventura mayor, muerto de miedo y vivo de esperanza. Sólo el dolor lo unirá muertovivo al vacío lleno de rostros y verá que ninguno es el suyo. Y todos serán libres.”

 

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