Calle Angosta 2008

Pasado pensado

(Sábado, 11 de octubre de 2008 )


Para intentar una interpretación justa, objetiva, científica, de los hechos referidos a la "conquista de América", es preciso estudiarlos en su ligazón con la economía mundial, vale decir, por un lado, como componentes forzosos e inevitables del proceso de acumulación exigido por el capitalismo originario, y por otro, como prueba de la debilidad estructural de los estados locales.

Si bien los mayas poseían en algunas áreas, como la astronomía, grandes conocimientos, y los incas mostraba importantes obras de ingeniería en acueductos y caminos, en la cuestión básica de sus economías, es decir, en el desarrollo de sus fuerzas productivas, se hallaban, al igual que los restantes pueblos autóctonos, en la "edad de piedra".

No trabajaban el hierro ni el cobre, no conocían la rueda ni el arado, y en el caso de los incas, ni siquiera poseían un sistema de escritura.

Los aztecas, por su parte, llegaron a ver en los conquistadores españoles, cono consecuencia de su fatalismo religioso, la encarnación de antiguos y temibles dioses.

Dadas esas condiciones, las cosas sucedieron como tenían que suceder. Las tierras y sus hombres y bienes buscados por y para su aportación al mercado mundial, no podían ofrecer, ni desde su estructura económica, ni desde su organización político-religiosa, ni desde su armamento neolítico, ninguna resistencia.

Se podrá aludir a los sucesos más crueles, al exterminio más desenfrenado. Y en eso no habrá dudas ni discordancias con lo hecho por cualquiera de las metrópolis capitalistas. (Bastaría una lectura sumaria de la legislación inglesa desde el reinado de Enrique VII en adelante, para entender hasta qué punto no se hacían discriminaciones de raza, color, sexo o edades para inmolar a las grandes mayorías pauperizadas en el caldero de las nuevas e incontenibles formas de producción).
 
Pero no se trata de pretender burgueses samaritanos o filantrópicos a quinientos años de distancia, sino de ubicarse en los orígenes de la burguesía revolucionaria, aquella que encendió las más grandes energías productivas de la historia humana, gracias a las cuales es posible que los hombres de hoy accedan, por lo menos, a la figuración de otro tipo de sociedad.

Ahora, como consecuencia de un desarrollo técnico y científico alucinante, cada poblador de América, originario o "llegado del mar", se halla frente a un conjunto de posibilidades materiales y de obras del pensamiento que, como producto de la evolución autónoma de las economías precolombinas, serían absolutamente impensables.

Sólo que para honrar, sin extravíos puramente sentimentales, la sangre del indio, y acceder realmente al atajo que propone la historia, habría que abordar lo que existe, los bienes, ideas, y experiencias de nuestro tiempo, en consonancia con los grandes intereses sociales, y oponerse después, ahí sí, con el valor de Lautaro o de Calfucurá, o del mitológico Condorcanqui, a los "nuevos dioses" de la dominación y el engaño.

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