Calle Angosta 2008

El Mayo Francés

     Hace 40 años, un movimiento colosal de protesta, que incluía las proposiciones más variadas, pero todas girando alrededor de una fuerte crítica al sistema,  agitaba  Francia, y recibía la mirada entusiasta de las juventudes del mundo. La chispa se encendió el dos de mayo, cuando las autoridades de la universidad de Nanterre, molestas por el pedido de cambios democráticos en la enseñanza, decidieron su propia clausura. Miles de estudiantes se organizaron en asambleas y manifestaciones, forzando la intervención policial, que actuó con extrema dureza, induciendo, por su parte, a nuevas réplicas, de alcances cada vez mayores. El 6 de mayo todas las facultades de París estaban cerradas, y medio centenar de miles de estudiantes, envueltos en una situación de paro y movilización, y lanzados a un alzamiento frenético en contra de todas las instituciones vigentes. No se veían enfrentados a un rector,  a una Universidad o a un ministro de gobierno, sino a toda la estructura política y social de su país.


    En pocos días los cauces de contención se vieron desbordados. Los sindicatos obreros adhirieron con una huelga general, el centro de París ardía en medio de varias decenas de barricadas, personalidades como Jean Paul Sastre adherían de una manera activa, encabezando manifestaciones donde se cantaba “La Internacional”, y la revuelta se expandía a otras ciudades, como Rennes, Nantes, Estrasburgo y Lyon. El lunes 13 de mayo, ochocientas mil personas se manifestaron en la capital de Francia, llevando los sucesos a su punto de expresión culminante. En cada pared, en cada espacio simbólico, quedaron escritos infinidad de pensamientos críticos, inorgánicos,  a veces contradictorios, pero que sirvieron para marcar momentos decisivos de una conciencia social abierta entre dos tiempos, el de los grandes cambios, y el de la historia terminada.


    Decían: “No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre supone el riesgo de no morir de aburrimiento”. “Desde 1936 he luchado por subidas de sueldo. Antes de mí, mi padre luchó por subidas de sueldo. Ahora tengo una tele, una heladera y un Volkswagen. Y sin embargo he vivido siempre la vida de un gilipollas. No negociéis con los patrones. Abolidlos”. “La barricada cierra la calle, pero abre la vía”. “El patriotismo es un egoísmo en masa”. “Dejemos los aplausos. El espectáculo está en todas partes”. “Gracias a los exámenes y a los profesores el arribismo comienza a los seis años”. “Olvídense de lo que han aprendido. Empiecen a soñar”. “Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición”. “La imaginación al poder”. “Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta”. “Un solo week-end revolucionario es infinitamente más sangriento que un mes de revolución permanente”. “Contempla tu trabajo: la nada y la tortura forman parte de él”.  “No destruyas edificios, el objetivo son las instituciones”. “Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa”. “Y sin embargo todo el mundo quiere respirar y nadie puede respirar; y muchos dicen ‘respiremos más tarde’, y la mayor parte no mueren porque ya están muertos”.


    Sin homogeneidad básica, sin tejido político, sin medios económicos, y sin objetivos previsibles concretos, el movimiento se fue resquebrajando con rapidez, y en poco tiempo sólo quedó como astillas de un imaginario inconcluso y abono ceniciento de los ensayos literarios. Uno de los líderes estudiantiles de aquella gesta, Daniel Cohn-Bendit, que entonces era “Dani el Rojo”, y ahora es miembro ecologista del Parlamento europeo, considera que “aquello fue un error”. "La mayoría de los manifestantes –ha dicho- querían tomar el control de sus vidas, fuera en la fábrica o su vida privada. El deseo de emancipación que llevaba el movimiento no tenía ningún concepto político para traducirlo. Los libertarios teníamos como referencias el Frente Popular, los consejos obreros... pero nuestras consignas eran surrealistas, poéticas: ‘Sed realistas, pedid lo imposible’. Pero cómo reintegrar una revuelta existencial en un discurso político?”


    Y sin embargo, ese momento de la historia no deja de latir. Lo que no tuvo de consistencia política -la desmesura de sus planteos verbales frente a los límites de un marco de poder-, lo tuvo de sub-real, lo tuvo de poético, como Cohn-Bendit dice bien pero interpreta mal. Lo poético de aquel Mayo no lo reduce, lo agiganta. Lo ubica en de ese realismo vago, incipiente, conjetural, que precede y empuja a todos los realismos habidos. Lo ubica en esa clase de tiempo que permanece para siempre, y en torno al cual los hombres rescatan su exacta condición, su aliento inextinguible.

Copyright  Power by PageCreative