Calle Angosta 2008

Dardo S. Dorronzoro: Palabras que limpian

Ayer fue, justamente, “Viernes 25”. Ese es el nombre de un libro que las manos de la amistad han dejado para esta breve memoria. El libro, editado hace diecinueve años, en México, permite aproximarse a un poeta increíble, Dardo Sebastián Dorronzoro, secuestrado por un “grupo de tareas”, el (viernes) 25 de junio de 1976, en su casa del barrio La Loma, Luján, y desaparecido desde entonces. Pero desaparecido absoluto, guardado en el más hondo y silencioso misterio. Poeta de trazo original, vigoroso, melódico, profundo pero claro, íntimo pero social, duro pero esperanzado,  y sin embargo –tal vez por todo aquello- ausente de la historia, de las antologías, de la crítica académica, de la cita de los especialistas, del renacer que admite la palabra bella.  ¿Qué respuesta explica semejante olvido? ¿O sus poemas son joyas que aguardan otro tiempo, otras manos, tan fuertes que remuevan toneladas de tierra, otros ojos que sacudan telarañas inconsolables?


    El herrero –porque este poeta era herrero, conocía el alma del metal y del fuego-, los estaba esperando. Por eso escribió: -hace tiempo que siento la amenaza del viento, sobre la luz de mi lámpara, esa luz que apenas alcanza para no perderme entre las garras del mundo, entre los dientes de esa muchedumbre de lobos en la sombra”. Pero mientras tanto no dejaba de fundir azules, de poner estrellas en cada soldadura, y un poema, día tras día, en los incendios de la fragua, en un doble trabajo  sobrepuesto a una búsqueda eterna.

    “Quizá te busqué entre todas las mujeres
    o quizá no te busqué
    o te busqué en mis noches más oscuras
    en mis calles más solas
    sin llamarte por tu nombre
    porque tu nombre no existía en el mundo
    (…)
    quién sabe cuantas veces habrás pasado junto a mí
    ocultándote en el corazón,
    o cuando yo estaba tirado boca abajo en la tierra,
    mordiendo la tierra,
    o comiendo un mendrugo juntos a los ojos de mi perro,
    o acaso yo estaba mirando algún lugar
para morir sin encontrarte.”

El poeta Jorge Boccanera, en el postfacio del libro, dice: -En su casa del barrio La Loma, instaló el poeta una puerta de dos alas hechas por él mismo. Se trata de un mapa de arabescos de hierro forjado, que divide el comedor del dormitorio, y cubre una entrada en forma de arco. No se atraviese impunemente; las manos de Dardo Dorronzoro circulan amorosamente por el camino sinuoso del metal. La puerta de hierro forjado aguarda y comunica: el herrero de enormes bigotes hace una puerta para todos, y todos, cada uno, llevamos una puerta para que no haya olvido, para que circule la esperanza. Sus palabras (en tanto) limpian el aire. Las palabras de Dardo Dorronzoro limpian el aire-.


“Viernes 25”, es un libro prácticamente inhallable. Pero hay otros, así como varios poemas, que pueden encontrarse en Internet. Poco, sin duda, para todo lo que ofrece este poeta, verdadero maestro en la ligazón del lenguaje corriente y las transportaciones del amor con la problemática general del hombre.  El sentimiento de alguien hacia una mujer, y desde allí, hacia todas las cosas, que alcanzan, en su recorrido, una estatura épica. Es cierto, las palabras de Dorronzoro limpian, pero no sólo el camino por donde transitan las palabras. Limpian, al mismo tiempo, conceptos y actitudes propios de quienes pretenden una literatura sin demasiada humanidad, libre de inquietudes sociales. Y suman  a Raúl González Tuñón, a Luis Franco, a José Pedroni, a Hamlet Lima Quintana, a Tejada Gómez, a Julio Huasi, y a muchos otros poetas mayúsculos, como el mismo Dorronzoro, entre los desaparecidos del arte.
 

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