Calle Angosta 2008

Bocetos

     El maestro Bermúdez se liberó de varias decenas de papeles; después de un vuelo de varios meses bajaron, ordenados, con la forma de libro, para deleite de un arte más cercano a la gente. De la privacidad de cajones sombríos, a la indagación de las mirada numerosas. De lo “único”, solitario y perdido, al calor de unas voces que se vuelven coro, de unos ojos que se multiplican, de los nacimientos que se celebran en familias extensas. De lo que duerme a lo que estalla.


    La evidencia de una armonía que trasciende a cada persona, impone visiones contrapuestas, con obsesiones hacia lo que ya no se ve, pero ha sucedido,
y lo que tampoco se ve, porque no ha llegado. Los bocetos de Bermúdez pueden leerse, entonces, como metáforas de un origen y un destino que se desconocen, pero que encierran, sin embargo, la vida en movimiento.


    Cada trabajo viene a sostener, desde la óptica de un artista del color y el dibujo, una antigua sospecha de los poetas. La mayor belleza no es la que se encuentra en su esplendor, y por eso, tan próxima a diluirse. La mayor belleza es la que se halla por venir. O la ya expuesta que, aún en ruinas, carcomida, quebrada, permite imaginar su pasada grandeza.


    Las páginas de “BOCETOS. Estudios para pinturas de José Bermúdez”, producido por Zeta Editores,  son horas de niñez, algo a lo que, aunque a veces inadvertidamente, se regresa. Y su materia ofrece la misma perspectiva con que miran los niños o los pueblos más elementales, renuentes a diferenciar la vigilia del sueño. Pueden provenir de un lápiz o de una carbonilla. Pueden representar gatos, siestas, modelos frente a un espejo, cabezas mujer con flores, cestas, pájaros, manzanas o atados de leña. Pero en verdad, debajo de cada figuración, son revelaciones de  aquella consistencia feraz y burbujeante de los sueños. Representan, pues, un milagro creativo, que guarda, en unos pocos trazos simultáneos,  infinidad de caras y propósitos.


    Sugieren, asimismo, otra revelación: Hay un futuro previsible, pero nunca cerrado. Cualquier prospección, aunque se valga de indicios rigurosos, nunca pasa de constituir una aproximación, una hipótesis mejor o peor fundada. Una obra artística, musical, literaria, tiene el mismo carácter. No se terminan sino que se abandonan. La “conclusión” es un código para situarlas dentro de un orden físico, y para intentar en otro emprendimiento la perfección que se ha reconocido inalcanzable. Un boceto tiene varios significados. Pero uno es la admisión concreta de aquella imposibilidad.
Algo que denota, en sí mismo,  la huella de la mejor intención, y la marca de un final imposible.  Sin embargo, aunque se observen “a medio hacer”, el conjunto, es decir, su fluencia de insinuaciones, refleja, en este caso, una pasión conmovedora. Así el libro condensa la intensidad de un tiempo que, cercado en cuadros sucesivos, se detiene y avanza, propone lo que está siendo y lo que puede ser, la figuración de un resultado que será distinto, pero que habrá de contener lo mismo que niega, una obra nueva, firme, vigorosa, que no hubiera podido existir sin el sustento de la obra oculta, la que nunca suele reconocerse.


    Estos bocetos, embriones de futura luz -sino luz ellos mismos-,  con sus habitantes del agua, de los viñedos, con sus niños que calzan los zapatos de una mamá, saltan una cuerda o hacen caballito con una escoba,  participan con alegría elemental del festín de la vida. Se integran a la secuencia lúcida y simple del mundo natural, donde cada residuo, cada deshecho es reconstruido y da lugar,  en otros movimientos, al ciclo vital de todas las especies. Adquieren, de tal modo, un carácter emblemático. Justo en un mundo donde la hegemonía de la descontrolada maquinaria industrial ha impuesto la cultura de la destrucción, dejando detrás de cada bien útil diez veces su tamaño en deshechos inservibles, estos trabajos de Bermúdez se pueden entender, también, como bocetos del desprecio hacia esa nueva forma de barbarie. Son todo lo contrario, son “construcciones para  construir”, esto es, formas de la inteligencia en tensión, el arte en la mayor plenitud de su sentido.

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