Calle Angosta 2007

Variaciones del Como

    Cuando se escribe y se lee, cuando se va desarrollando el vicio o la virtud -nunca se lo sabe-, de reconocer a las palabras como piezas de un gran rompecabezas tan abierto al  hallazgo como a la frustraciones –aunque siempre con el grado de “aproximación: al arte, al juego, a la herejía o al delirio-,  el mayor sentido vinculante proviene del oído. Así hay palabras que arrullan, que muerden, que golpean, que atraen, que rechazan o que complican el entendimiento por sus enormes variaciones. A veces, extremas. Es el caso de una que suele aparecer en los contextos más disímiles. La palabra “COMO”.

    La primera asociación que uno le asigna es con la poesía. Es un amalgama de la metáfora. “Los árboles  abren sus ramas ‘como’ si te buscaran”. “Otro día me siento ‘como’ un labio que acaba de llorar”. “Y las horas me llevan ‘como’ el hijo de un hijo, ‘como’ un profeta de dos mundos, al reino de tus ojos”. “’Como’ un fuego robado de cada soledad, ‘como’ una luminaria entre las colgaduras de la fiebre”.

    Pero han aparecido, recientemente, otros modismos o usos menos armoniosos. Por ejemplo su aplicación para enfatizar diversas situaciones, para las cuales resultaría, en rigor, absolutamente innecesario. Y que produce un efecto inverso al que se busca, por cuanto el oído, al sentir la agresión, se paraliza, y deja de seguir la frase. Son situaciones en las que se debería decir, simplemente: “La comida está quemada”, y se dice: “La comida está ‘como’ quemada”. O en vez de “fuimos al baile disfrazados”, se dice “fuimos al baile ‘como’ disfrazados”. “A mi me parece ‘como’ que están equivocados”, en vez de lo más directo y simple: “..Me parece que están equivocados”. Es decir, el uso innecesario, la palabra superflua, que en lugar de afirmar un concepto, lo perturba.

    Otra utilización es la impuesta por varios políticos, en una suerte de distorsión de la metáfora. No para enunciar una comparación afirmativa, sino para un intento de negar,  para servir a una distorsión o un ocultamiento.  El caso, por ejemplo, de Raúl Alfonsín, cuando le filmaron una instrucción para un proyecto, que decía “Cajonear”. Y entonces, al ser interrogado, el ex-presidente respondía: -No, no es lo que ustedes piensan. En realidad, en la jerga parlamentaria, “cajonear” viene a ser como…como…como marcar la importancia de ciertos temas…”-  O lo explicado por algún ministro de Menen sobre ciertos adicionales remunerativos: -En realidad esos pagos no eran sobre-sueldos, eran como..como…como una especie de reconocimiento…- O más recientemente, lo dicho por el propio riojano ante los deslices de su esposa: - Para nada se puede hablar de cuernos, estamos casados pero es como…como…como si cada uno mantuviera su independencia..

    Otra variante es la usada por los vendedores expertos. Los que venden un reloj de contrabando, traído desde Paraguay o de Corea, y le ponen su ribete creativo, Dicen, “nada que ver el precio, y es ‘como’ si fuera original”. O presentan un auto que tiene quince años de antigüedad y lo bautizan sin inhibiciones: “mire amigo, está ‘como’ si fuera nuevo”.  Esa gente le acuerda a la palabra una sonoridad espesa, inconfundible, que tiene la cualidad de transfigurarse mientras se pronuncia. Debe sentirse convincente, aunque todos sepan que se trata de una mentira. Quien la escucha, sonríe en su intimidad, pero necesita que le sea dicha.

    Hay otro uso del “como”, absolutamente erróneo, que sin embargo se revierte por otro tipo de encanto. Una tonalidad que recobra su vuelo cantarín. Es cuando una vecina de barrio, se dirige al dueño de un mercadito de verduras, y le pregunta, con una gracia incomparable: -¿a ver joven, a ‘cómo’ el zapallito?

    Por estas variaciones el rompecabezas no tiene solución. Cada palabra, un simple adverbio, se levanta de su mundo de letras y se reparte para el juego abierto, renovado, envolvente del diálogo humano, con sus artificios, sus sonidos, su variada luz.

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