Calle Angosta 2007

El gen argentino


      El impulso por hablar del “gen argentino”, causado por una extraña propuesta televisa, ha coincidido con el juego periódico de una democracia que parece nacer y completarse en un picadito de fútbol pre-electoral, donde se produce, en verdad, un solo resultado. La delegación de los derechos colectivos a favor de unos pocos “representantes”, repetidos, análogos, destinados a convertirse en beneficiarios incontrolables de un mecanismo falaz. En realidad se los elige (¿esa es la palabra correcta? ¿en base a qué proceso selectivo?) para que mediante un contrato unilateral (es decir sin que los “elegidos” asuman contra-obligaciones concretas) se constituya un grupo de poder cuyo único fin es beneficiarse y perpetuarse, indiferentes a la necesidad social, hasta un  próximo juego, en el que pueden modificarse los roles y el tramado interno, pero raramente los nombres y los fines. 
      El tema, como se ha dicho, era el “gen argentino”. Pero aparece, en el trayecto,  la propaganda electoral más anodina, más vacía de contenidos de que se tenga memoria. Y al relacionar ese conjunto con los resultados previsibles, se genera una especie de creciente, inocultable y opresivo espanto. “Gana Mendoza”, ¿contra quién, porqué? “A Mendoza le conviene”, ¿qué cosa?  ¿100 % preparado”, ¿para qué, para más represiones, para un nuevo Fuentealba? O el colmo de la indefinición, el slogan supremo para el ritual común de no comprometerse a nada: “Hacer lo que hay que hacer”. Hasta llegar, al menos con cierta consoladora comicidad, a la exaltación del hecho de volver. “Volvemos”, se lee, como si los afiches rescataran un prócer, un estadista consumado, en vez de personajes olvidables.
    Pero como se trataba del “gen argentino”, uno busca ciertas relaciones. Y algo, al parecer, encuentra. Esta clase política que mayoritariamente demuestra su estrechez, es la propia, natural y lógica de la sociedad argentina del presente. Acaso tenga pues, con todo lo frustrante que tal cosa implica, su derecho de representación. “Son lo que somos”, una sociedad decaída y sin rumbo, competitiva por nada, egoísta, sin ideales, a la búsqueda de la simple salvación personal, es decir, a merced de los mejores figurantes.
     ¿De que habla la mayor parte del tiempo la mayor parte de “la gente”? De los otros. Pero de lo más intrascendente de los otros. Temas pequeños, volátiles, superficiales. Del hombre mayor que se fugó con una chica de trece años. Del joven que se casa con una señora de ochenta y dos. De si una señora puede o no ser jurado de un certamen donde participa su novio, de la pareja que yo no baila por un sueño, de los amoríos, la ropa o las operaciones de los famosos de turno. O se invierte la trama. Pero una trama mínima. Un equipo de fútbol no analizado como el ganador escaso de un partido del que debió ser triunfante holgado, sino convertido, por el desarrollo del juego, en protagonista de una “hazaña dramática”. ¡Visión absurda de la heroicidad! ¿Pero no se hablaba del “gen argentino”?
    Sí, justamente de eso. Que por supuesto tiene lo suyo. Una estructura descabellada, que lleva a plantear elecciones entre San Martín y Belgrano, entre Borges y Favaloro, entre Guevara y Eva Duarte. En decir, no sólo una mezcla discepoliana de Biblia y calefón, sino el absurdo de resolver un análisis histórico complejo con la técnica de un voto de tribuna. De algún modo, situar a Rosas o a Sarmiento en la casa de Gran Hermano.
    No obstante, comparado con la propuesta cotidiana de los medios visuales, el programa de Pergolini deviene interesante, tiene el mérito de introducir debates sobre la historia del país, del que se puede derivar la inducción a nuevas y valiosas lecturas.
    Como se ve, uno intenta un tema y en el camino se va modificando. Ha querido opinar sobre un programa de televisión y al final advierte haber escrito sobre cualquier cosa. Como si un gran contagio recubriera el espacio. O un espejo gigante proyectara el quiebre del mundo racional. A la hora en que se debería hablar de los grandes quehaceres, qué hacer con los bosques, qué hacer con los hidrocarburos, la energía, los cultivos, el acceso a la vivienda, la formación de los precios, la ciencia, de lo que se habla es del rival, los males del otro, los ataques del otro, a los que cada cual opone su arrogancia, su propia inmunidad. Aunque… después de todo, ¿no será eso una parte del gen argentino?





   

Copyright  Power by PageCreative