Calle Angosta 2006

El Diario de Bioy - Vendimias

EL DIARIO DE BIOY

 

    “Voy con Borges a casa de Angélica Ocampo, donde Victoria da un cocktail en honor de Chiquita Bullrich (..) Encontramos a J.J.C., con su cara de empleado de pompas fúnebres, desprovisto de cualquier luz; a M., una persona que sigue perpetrando su obra, un crimen del que por buena educación no se habla; a O., barbudo, cargado de manías y nerviosidades, a quien le mataron un criado japonés; .. a G.L, provisto de un par de orejas de elefante africano, elocuente, sin discernimiento ni gusto, que escribe con soltura sonetos sobre gallipavos y repollos, a quien Borges tuvo siempre por sencillo ciudadano íntegro y al que ahora, después de una trastada en las elecciones de la Sade, odia como a un canalla, lo que parece un tanto exagerado, ya que es apenas un hombre mediocre, de talentos mediocres, de culpas mediocres; a G., autor de poemas que ni la inteligencia ni la imaginación ni el oído justifican, muchacho de Buenos Aires, en quien nadie sospecharía un poeta; a A. J., ocupada en capitalizar sándwiches y  masitas, mientras los demás conversan; a alguien más, que no recuerdo. Yo hablo casi todo el tiempo con Chiquita; quiero decir que estuve con ella, porque por más que pensaba no sabía de qué hablar.”
    Esto escribió Bioy Casares, el día 20 de abril de 1960, en un diario personal, donde llevaba nota de sus relaciones con Borges. Escrito entre 1947 y 1987, recoge en sus 1.600 páginas muchas opiniones, estudios y discusiones académicas, pero también historias vulgares, donde mancillan su grandeza literaria y se asumen como oscuros feriantes, cohabitando un tiempo de graciosas miserias.
    No se trata solamente de una chismografía burlesca, un divertimento menor de dos dioses olímpicos. Se trata de revelaciones muy profundas sobre su común ideario oligárquico, anti-democrático, anti-popular, donde la mirada intolerante y despreciativa que fijan sobre los hombres y las cosas, ya no deviene de la simple ignorancia, el encierro desdeñoso en un coto casi teocrático del buen gusto, sino que se asienta en convicciones absolutamente totalitarias –por momentos, hasta racistas-, consagradas entre el orgullo y la pedantería.
     La versatilidad del estudioso, el conocimiento profundo de las literaturas, su tecnicismo perfecto, lejos de acercarlos al hombre- real, les servia de distanciamiento y fuga. Y sus adhesiones humanistas aparecen, muchas veces,  como un acto de simulación.  Por ejemplo, ante la “revolución libertadora” del 55, que había quebrado por la fuerza un orden legal, utilizado dolosamente las armas que la Nación les había conferido para otros fines, depuesto a un presidente electo por la mayoría del pueblo, aplicado la pena de fusilamiento sin juicio, e iniciado un proceso donde cualquier acto de barbarie quedaba justificado, los dos escritores respondieron con regocijo. En cambio, los desplazados, los censurados y proscriptos por esa clase de “democracia” que ellos celebraban,  eran solamente “malevos”, ocupados en  “poner bombas”. Palabras de Borges, quien años después, opinando sobre el poeta Oliverio Girondo, no solo denostaba su obra, sino su conducta, remarcando: -Que conducta pudo tener, si era un peronista inmundo. 
    Borges adoptó para la inserción de su obra la táctica de divinización de grandes autores del pasado y así ubicarse en la línea de su descendencia. Mientras se mostraba reservado o “descuidadamente” mordaz con muchos contemporáneos notables, sobre todo si eran rivales para el Premio Nobel:  “Neruda cambia de estilo y de tono en un poema sin darse cuenta. Es un bruto (…) es un discípulo de Lorca, aunque mucho peor,
El mejor Lorca es el que escribe poemas andaluces y gitanos. Después creyó que podía escribir de todo..”  Los afectos de Borges, en general, no eran abundantes. Se burlaba de Hegel y de Arlt, de Gardel y de Fangio. Prefería estar lejos de los perros, los niños y sobre todo de las mujeres provocativas, que eran casi todas. El Che Guevara era un asesino y un ladrón al servicio del imperio soviético, Y Piazzolla  un músico “que carecía de oído; en un verso no sabe reconocer una sinalefa.”
    Por su parte Bioy,  haciendo referencia a un viaje y una situación particular de Borges, traza una semblanza mínima y acaso inocente pero feroz sobre su propio amigo. Dice:  “.. ahora es muy feliz. Esta en la cúspide de su vida. Le va bien. Pobre, da lastima.”
    El diario será publicado en breve y es posible que se convierta en un hecho de alto impacto, tanto comercial como histórico-literario. Lo que tal vez nunca trascienda son las razones que llevaron a los herederos de Bioy hacia un despojamiento semejante. Muchas veces Borges sirvió como ejemplo de que alguien, aún desconociendo la realidad, aún promoviendo la negación  de la justicia,  podía ser un buen escritor. Después del diario de Bioy, servirá también para un ejemplo menos grato. El de que se puede ser un escritor finísimo,  pero también un refinado papagallo.

 

VENDIMIAS

 

   En el curso de la historia, los hombres fueron construyendo distintas formas de alianza con la naturaleza, especialmente cuando carecían del conocimiento y de las técnicas para controlar sus fuerzas y sufrían efectos que no resultaban previsibles. Desde la realización de sacrificios humanos, hasta las invocaciones religiosas o las fiestas de acción de gracias, se fueron instaurando las más diversas ceremonias de contacto, para rogar, para agradecer, para festejar o para lamentarse por hechos y perspectivas extraños al control humano. No existiendo canales, vacunas, abonos, conocimientos genéticos, meteorológicos, etc., era natural que los pedidos y las esperanzas se fundaran alrededor de ciertas fechas rituales de intermediación, en las cuales, los hombres, salidos de sí, de sus rutinas diarias, tomaban contacto directo con fuerzas o divinidades que los trascendían. Esos fenómenos se anidaron en la memoria de los pueblos, y muchos de ellos, aún después del avance científico y el desarrollo de técnicas cada vez más eficaces,  se adaptaron a formas de persistencia, que llegaban a traslucir, en ocasiones,  la identidad de un lugar o de comunidades enteras.
    Acaso los orígenes de la fiesta de la vendimia mendocina pueda inscribirse dentro de ese marco, es decir, remitir a una causa, a un sentido, como juego litúrgico donde confluía el agradecimiento por los dones alcanzados, la satisfacción por el trabajo cumplido, las esperanzas de continuidad, y la alegría por la misma naturaleza de los frutos y de su industria. Participaba, pues, de aquellas expresiones ceremoniales con que los hombres establecían sus relaciones frente el medio que les daba sustento y ensayaban, a la vez, un imaginario sobre su destino.
    Pero gradualmente esa expresión se fue modificando. En especial el acto central
que se desarrolla en el teatro griego Frank Romero Day, en el cual queda muy poco de aquella probable esencia originaria, mientras el grueso ha devenido un espectacular show de luz, danza, música y fuegos de artificio, donde la vendimia es apenas un pretexto y hasta la simple presencia del vino se encuentra prohibida. Entonces, la discusión que ahora se ha planteado, sobre si la fiesta se reserva solamente para turistas o no, carece de sustancia,  porque ya todos los que asisten son turistas, aunque residan en Mendoza. El tema no es el lugar de nacimiento de cada uno, sino el espíritu con que se participa. Y hoy sucede que  “lo local específico”, salvo en rasgos accesorios, está ausente. Los mismos mendocinos que asisten –el 10, 20 o 40 por ciento, eso es irrelevante- lo hacen como público y no como protagonistas. Eso es lo real. La Fiesta es eso. No es el carnaval de Oruro, ni el de Barranquilla ni el de Binche (cerca de Bruselas). No es la festividad del Día de Muertos en México,  ni la celebración de Inti Raymi en las explanadas de Sacsahuamán (cerca de Cuzco, en Perú), donde la riqueza comunicativa y el encanto ritual deriva de la participación directa de sus pueblos. El gran acto vendimial de Mendoza es una fiesta globalizada, ganada por la técnica y dispuesta para el gusto de
los visitantes.  Si se le quita la referencia a San Martin y se cambia el nombre de la Virgen, podría hacerse en un gran escenario natural de España, de Italia o de Grecia y sería lo mismo. Dentro de esta concepción, que es la vigente, y que no ofrece ninguna perspectiva de cambio a la vista, la consecuencia lógica es que sea para quienes mejor puedan pagarla, de acuerdo con la reglas del mismo mercado global. Es decir, los turistas extranjeros, que vienen trayendo dólares, y que pagan los boletos con un valor agregado varias veces mayor.  
    Hay quienes han comparado la posible veda del acto central para el público mendocino con una pérdida de soberanía, algo semejante a la entrega de los hidrocarburos o de otros activos estratégicos. Nada que ver. Podría discutirse, por supuesto, sobre las características de la fiesta, pero no sobre la condición local o extranjera de quienes asisten, ya que la participación que tienen es la misma. Discutir, en todo caso, lo causal;  pero no su consecuencia.

Copyright  Power by PageCreative